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    La pobreza del estilo. Vedomosti

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    La situación en torno al  Consejo Británico evoca a la mente la vieja leyenda sobre el jarro. Las razones de una mujer que había roto el jarro de su vecina - "primero, no lo tomé; segundo, ya tenía una fisura cuando lo tomé; y, tercero, lo devolví íntegro" - podrían interpretarse como sólidas por separado pero son mutuamente excluyentes. El Gobierno ruso también aduce varias causas para explicar su actuación.

     

    Primero, el status ilegal del Consejo. Ahora bien ¿cómo es posible que el Consejo Británico haya trabajado 15 años en Rusia sin tener condición legal? Supongamos que en el pasado no había tiempo para poner orden en esta materia. Hay dos posibilidades para hacerlo: o firmar un acuerdo deje arreglado el tema, o realmente cerrar las delegaciones regionales y proclamar personas no gratas a los empleados que siguen trabajando en ellas. Es probable que el Ministerio de Exteriores se haya decantado por la segunda variante.

    ¿Qué sentido, entonces, tiene acusarle al Consejo Británico de evasión fiscal? ¿Cómo es posible hacer el cálculo tributario para una entidad que el Gobierno ruso cree ilegítima?

    También hay un tercer argumento, el de actividades subversivas. El Servicio Federal de Seguridad, FSB, inició "labor aclaratoria" entre los rusos que trabajan para el Consejo Británico "con el fin de protegerles contra la eventual implicación, en calidad de herramientas, en los juegos provocadores" de Gran Bretaña. ¿Qué tipo de status legal exige la cancillería rusa a una entidad subversiva? ¿Qué clase de impuestos podría pagar una entidad así al fisco ruso?

    Ya en diciembre pasado, el canciller ruso Serguei Lavrov reveló la verdadera causa del conflicto: "Es la ley del género", o sea, una respuesta a la expulsión de cuatro diplomáticos rusos, en julio de 2007. Partiendo de las leyes del género, el conflicto en torno al Consejo Británico ha de ser perpetuo, para que siempre haya con qué responder. Otra cuestión es qué  sentido tiene para el Consejo Británico mantenerse constantemente en estado de conflicto. Más fácil es cerrar las oficinas por completo y, con ello, quitarles a los rusos la oportunidad de hacer propaganda cultural en Gran Bretaña. Que vayan a otros países a promover su imagen problemática.

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