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    Sherpas, los señores de las cumbres

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    La Habana, PL, para RIA Novosti. Por  Rafael de la Morena Santana*.- Las tribus sherpas, de raza mogólica, emigraron en varias oleadas hace unos 600 años del Sichuan, en el centro de China, a las regiones central y sur del Himalaya y se establecieron en las altiplanicies del este de Nepal. Su idioma es similar al tibetano y la religión que profesan es el budismo.

    Desde entonces practican la agricultura -cultivan la tierra durante los seis meses al año que no nieva en las montañas- y se dedican al pastoreo de yaks desde el otoño hasta la primavera. Refuerzan su economía con el comercio entre el Tíbet y las tierras bajas del Nepal, gracias a la venta de sal y lana, que intercambian por arroz, trigo y maíz.

     

    Tienen una estupenda complexión física: son altos, bien proporcionados, fuertes, ágiles, robustos, saludables y de ánimo vivo, e incansables cuando recorren las agrestes montañas. Estas cualidades les han permitido mantener la libertad, ante los intentos de desplazarlos de los hermosos valles, efectuados por poderosos vecinos.

     

    Los ejércitos rajput, procedentes de la India, conquistaron Nepal en el siglo XIV, cuando su vanguardia se acercó a las cumbres del Himalaya; encontraron un pueblo pacífico pero celoso de su libertad, los sherpas, los cuales atrincherados en su inexpugnable fortaleza natural fueron invencibles.

     

    Lo mismo ocurrió con invasores tibetanos, chinos y aventureros europeos. Los sherpas defendieron los desfiladeros al arma blanca, implacables con sus enemigos; disputaron palmo a palmo su suelo y conservaron incólume cultura, idiosincrasia y autonomía. Tanto fue el lustre de guerreros alcanzado que, cuando Nepal apoyó la causa de los aliados durante la II Guerra Mundial, soldados sherpas combatieron contra el Eje dentro de las filas británicas.

     

    Los principales asentamientos sherpas de los siglos XIX y XX están en los valles de Solu, Khumbu y Parak. Algunos también en el oeste, en el valle de Rolwaling, en la región de Helambu, al norte de Katmandu. El poblado más antiguo es Pangvoche, con casi 400 años de fundado.

     

    Hasta allí llegaron los exploradores de Occidente, principalmente ingleses, que se asombraron de las maravillosas aptitudes de los nativos para la práctica del alpinismo. Pronto los jefes de las expediciones científicas, aprovechando las impresionantes habilidades de montaña de los sherpas, comenzaron a contratarlos como porteadores. La fama de insuperables escaladores llegó a oídos de todos los grupos, clubes y sociedades de alpinistas existentes en el mundo.

     

    Acostumbrados a la vida ruda de las grandes altitudes, los sherpas ofrecían sus servicios con disposición, con su proverbial resistencia y buen carácter en las condiciones más difíciles; sin su ayuda para transportar las tiendas, alimentos y equipos de las expediciones a los campamentos situados a gran altura, llamados de asalto, no hubiera sido posible coronar las cúspides más inaccesibles de la Tierra.

     

    Los sherpas se contrataban en Darjeeling, en la India, ya que la entrada de extranjeros en Nepal estaba prohibida; las primeras expediciones al monte Everest tenían que obtener permiso para atravesar la frontera del Tíbet y acercarse a la montaña desde el norte.

     

    Una expedición, en su afán por subir al Everest, estableció récord al contratar a más de 50 sherpas, quienes, además de servir de ayuda para llevar los materiales necesarios, brindaron su apoyo durante los peligrosos ascensos.

     

    En 1951 cambió el régimen de gobierno del Nepal y se autorizó a las expediciones a que se acercaran al Everest desde el sur, es decir, desde la tierra de los sherpas, Khumbu.

     

    Khumbu está situado al pie del monte Everest, que los sherpas llaman Chomolungma, literalmente "madre de nieve del mundo", de cuyos glaciares nacen torrentes de montaña que riegan valles cubiertos de bosques de pinos, abetos y abedules hasta el límite de altitud de la vegetación arbórea, a cerca de cuatro mil 100 metros sobre el nivel del mar.

     

    Por encima de estos valles se yerguen enormes montañas, de entre seis mil y ocho mil metros de altura. Al este están Tramserku y Kangtega. Al oeste, por encima de Namche Bazaar, se encuentran Numbur, Karyolung, Teng Kangpoche y Kongde Ri, en tanto que más al norte se ubican Taweche y la bellísima aguja de Ama Dablam, a cada lado del Imja Khola. Al norte, el macizo del Everest.

     

    La expedición británica de 1953 al monte Everest, que dirigía John Hunt, fue célebre.

     

    Tras una dura batalla contra los vientos y fríos extremos, donde los sherpas hicieron gala de sus asombrosas capacidades para trabajar como equipo en rigurosas condiciones climáticas, se hizo realidad el sueño de la conquista del Everest. El 29 de mayo de 1953 se escuchó la espectacular noticia: el neozelandés Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay llegaron a la cima, los ocho mil 848 metros del techo del mundo estaban vencidos.

     

    La hazaña estimuló las visitas de botánicos y geógrafos, el turismo creció y, desde 1965, gracias a la construcción de una pequeña pista de aterrizaje para avionetas en Lukla por el agradecido Edmund Hillary y miembros de las expediciones recientes, los viajeros pueden llegar en avión a la zona, atraídos por la estupenda belleza de uno de los lugares más hermosos del mundo, todavía intacto.

     

    Los más de 190 mil sherpas que habitan en atractivas cabañas del territorio ancestral, constituyen hoy un pueblo amistoso y hospitalario; el fuerte sentido de vida comunitaria que poseen contribuye a conservar los bosques, a proteger la fauna y a defender la propiedad de las tierras ante los inversionistas extranjeros. El respeto por la naturaleza es ejemplar.

     

    En la historia de las expediciones al Himalaya, el pueblo sherpa ha sido altamente valorado por quienes los han conocido, no solo por colaborar para vencer los desafíos de obstáculos que parecían insuperables, si no por su devoción en las difíciles y frecuentes operaciones de rescate, donde la experiencia y el valor permiten salvar muchas vidas. Son considerados los mejores guías de alta montaña del planeta.

     

    A pesar de la fuerte influencia que han recibido del mundo occidental, mantienen su identidad y costumbres; el espíritu de soberanía es firme en ellos, y vehemencia, solidaridad y espíritu de sacrificio innatos, derrochados en las cumbres dominadas, los convierten en abanderados de las victorias de la ciencia y el deporte alpino, orgullo de los pueblos originarios.

     

    *Colaborador de Prensa Latina.

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