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    La Revolución nunca será transmitida

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    Néstor Piccone

    2007-12-04

    Fue la conferencia más breve. El tono más leve en sus inflexiones de voz. Con la mirada y la convicción tan firmes como siempre. Se tomó el tiempo, pero le encontró la vuelta para salir adelante de una derrota como si fuera un triunfo. Su espíritu residente le permitió jugar algunas bromas y la sonrisa no le fue ajena. A diferencia de los poderosos que postergan la resolución (de un resultado electoral reñido) jugando a buscar los votos donde ya no están o como sucedió ayer donde: "por ahora" no están; él ordenó la retirada y evitó un festejo violento de los ganadores o una rabia no menos violenta de los que perdieron. Fue sabio y Caracas lo agradeció.

    Hugo Chávez Frías, tal vez sorprendido por el resultado del referéndum, bajó el fusil de soldado insinuando un reposo del guerrero y reconoció la derrota. La oposición bramaba frente a las cámaras y algunos de los oficialistas dejaron correr algunas lágrimas. Por una vez la salsa caribeña se hizo tango. ¿Qué pasó con la Revolución bolivariana? La devolución es un proceso de cambio. Son pequeños y sucesivos actos revolucionarios en línea de mejorar en vida, la vida de la gente. En Venezuela, Chávez encabeza un proceso de transformación social que reconoce algunos antecedentes latinoamericanos. Todos los movimientos nacionales y populares que lo anteceden o comparten contemporáneamente están sometidos a las mismas presiones de aquellos grupos económicos que -como nunca- concentraron en muy pocas manos el poder económico.

    Todos los gobiernos de América del Sur que desandan, a su manera, el modelo neoliberal y privatista eligieron para lograr su objetivo la vía electoral y la democracia.

    Todos están obligados día a día a dar prueba de fe de esa elección. Todos, toditos están sometidos además a exhibir cotidianamente su respeto por la libertad de discurso de las empresas mediáticas. Todos sometidos a la agenda y el lenguaje que le marcan. En las entrañas de estas revulsiones, diariamente, el modelo privado y consumista del mercado cruje en miles de contradicciones dolorosas. La revolución es una construcción permanente, de vida. Y eso le pasó a la Revolución Bolivariana, ni más ni menos que eso, enfrentó el doloroso parto de lo nuevo sólo con el balbuceo de la idea que promovía sin medir que el nivel de gritos e improperios que le proferían desde la vereda mediática harían mella en los oídos de propios y ajenos.

    ¿Alguien vio, alguna vez, una revolución por televisión y en vivo? La televisión no nació para mostrar revoluciones. Nació para difundir un sistema de imágenes, de éxito, de alegrías y tristezas, para hacer conocer un modelo de vida universal que admitiendo la diversidad de colores no ponga nunca en cuestión a los verdaderos dueños del poder. La televisión nació para construir una realidad más o menos lejana a la verdad pero sin rendirle nunca cuenta a la ética.

    La realidad de la televisión, sus temas, sus ideas -breves muy breves- siempre van en el mismo sentido: divulgar, difundir, propagandizar una forma de entendernos con lo que nos rodea. La realidad de la televisión se construye con pretensión de verdad. Los gobiernos de Latinoamérica, los que emprendieron una revolución y así la titulan, como Nicaragua, Cuba, Venezuela Ecuador o Bolivia o los que promueven con mayor o menor asiduidad pequeños y/o grandes actos revolucionarios como Brasil, Argentina o Chile tienen serias limitaciones comunicacionales.

    La televisión que vende es privada. La televisión priva de una parte de la realidad para construir la que necesita para vender cada día más. Es la televisión que se ve. ¿Pero quien muestra la geometría del poder que planteó Chávez en la Reforma? ¿Cómo se expresa en imagen la intención de darle más poder al pueblo? Y el socialismo ¿tiene imágenes? Seguramente que sí. La revolución no vende. Cuántos puntos de raiting tienen los pequeños actos revolucionarios por los que se envía a prisión a viejos represores o en aquellos en los que se aumentan las retenciones a las grandes empresas transnacionales del petróleo. Los grandes actos revolucionarios como la nacionalización de los hidrocarburos o la eliminación del analfabetismo no están en la televisión. Son noticias aburridas o no tienen imágenes televisables. Hay un modelo de televisión que define la vida de las audiencias porque nació y construye diariamente ese objetivo. Pero otra televisión es posible y necesaria. Sin copia. Como diría Simón Rodríguez: Inventamos o erramos.

    Néstor Piccone. Periodista. Licenciado en Psicología.

    http://www.cubadebate.cu

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