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    Bielorrusia y Cuba, excluidas de la “lista negra” en materia de derechos humanos. Kommersant

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    El Consejo de Derechos Humanos de la ONU excluyó a Bielorrusia y Cuba de su "lista negra", al suprimir la figura de relatores especiales para estos países.

    Formado en 2006 para sustituir a la Comisión homónima, que había merecido fuertes críticas por parte de Occidente y defensores de derechos humanos, el Consejo puede integrar ahora únicamente a aquellas naciones que respeten los estándares universales en dicha materia, recuerda Alexei Makarkin, subdirector del Centro ruso de tecnologías políticas. Anteriormente, se habían ocupado del asunto infractores tan obvios como Sudán o Zimbabwe.

    Sin embargo, las democracias en el sentido clásico son mucho más escasas en el mundo que las democracias controladas, soberana o de otra índole. Si se aplica un rasero rígido a los países del Áfrico, las cuatro plazas de miembros no permanentes que se reservan a este continente en el Consejo, se van a quedar vacantes. Este año han sido elegidos, por ejemplo, Egipto y Angola cuya actuación en materia de derechos humanos podría calificarse como "regular", en el mejor de los casos. Por poco eligen a Bielorrusia que se presentó por la Europa del Este y casi se impuso en la segunda vuelta a Bosnia Herzegovina. Alexandr Lukashenko ha tenido poca suerte con la situación geográfica de su país: si Bielorrusia estuviera en el África, podría ocupar ya un escaño en el Consejo de Derechos Humanos. Las elecciones celebradas en Bielorrusia se diferencian muy poco de las que tienen lugar en Egipto, y es lógico que su candidatura haya obtenido 72 votos a favor.

    En lo que respecta a Cuba, la decisión de "amnistiarla" es un gesto de reverencia hacia dos miembros flamantes, Bolivia y Nicaragua, cuyos líderes profesan un respeto especial hacia Fidel Castro.

    ¿Significa todo lo anterior que el Consejo sea un organismo inútil? Todo es relativo. Difícilmente podemos imaginar ahora a un mandatario que coma a sus conciudadanos, al estilo de Bokassa o Idi Amin. Los dirigentes hutus de Ruanda, quienes armaron un genocidio en su país, o el siniestro Charles Taylor, quien ascendió de jefe militar de campaña a presidente de Liberia, se vieron finalmente en el banquillo de los acusados, lo cual ya es un síntoma del progreso en materia humanitaria, aunque no es tan rápido como lo quisieran los defensores de derechos humanos.

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