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    LA COMUNIDAD POSTSOVIÉTICA CELEBRA SU 15º ANIVERSARIO EN MEDIO DE DISCREPANCIAS INTERNAS. NOVYE IZVESTIA / NEZAVISIMAYA GACETA

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    El ambiente que se respira en torno al decimoquinto aniversario de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), cuya cumbre se inaugura hoy en Minsk, difícilmente podría calificarse como festivo.

     

    La falta de avance en materia de la integración económica es agravada por conflictos del gas, el petróleo, el vino, la carne y otro. Hay una explicación clara: la economía se ha visto dominada por la política de alto vuelo, pues en el marco de la CEI se vislumbran hoy vectores encontrados de la evolución geoestratégica.

    Para Vladímir Putin, la cumbre de Minsk es probablemente la más difícil de cuantas le han tocado en su trayectoria presidencial: la mayoría de los países postsoviéticos acogen con escepticismo la nueva línea que Rusia va aplicando en el terreno económico, ante todo, en lo que respecta al suministro de energía.

    El flanco suroeste de la CEI ha dejado de ser leal hacia Rusia. Hace tiempo que Ucrania, Georgia y Moldavia le llevan la contraria a Moscú; Azerbaiyán promueve su propio juego prometedor con los recursos energéticos, a través del oleoducto BTC (Bakú-Tbilisi-Ceyhan); y hasta con Armenia, que siempre ha sido aliada incondicional de Rusia, hay problemas actualmente. Varios representantes de la comunidad armenia han sido asesinados recientemente en Rusia, y sus paisanos están tan indignados ahora que el presidente Robert Kocharian debe responder a una pregunta planteada a rajatabla: ¿qué es lo que vale en realidad esa alianza con Rusia? Finalmente, hay un diferendo serio con Bielorrusia, a raíz de la próxima subida de las tarifas del gas natural, de manera que Moscú corre el riesgo de perder a su último aliado fiel en el flanco occidental de la CEI.

    El mandatario bielorruso Alexander Lukashenko había alentado hasta última hora la esperanza de arreglar el asunto con Putin en persona pero Gazprom reiteró el lunes la decisión de cobrar US$200 por cada mil metros cúbicos, ni un centavo menos. Como resultado, Lukashenko pasará inevitablemente una serie de contrafacturas - por ejemplo, por el tránsito de las mercancías rusas - que serán para Moscú una sorpresa muy desagradable. El mandatario bielorruso se propone obviamente intentar un acercamiento hacia Ucrania y hasta ha tratado de acordar posturas con Víctor Yuschenko en vísperas de esa cumbre.

    Muchos observadores auguran que la CEI acabará por dividirse en dos o incluso tres comunidades menores, en función de los intereses. La primera estará integrada por Rusia y Kazajstán; la segunda, por Bielorrusia y Ucrania, a las cuales podrían sumarse al poco tiempo Moldavia y Azerbaiyán. A la larga, cabría esperar la formación de una nueva alianza internacional de hidrocarburos con el objetivo de hacer frente a la expansión de Rusia en materia del gas. Comoquiera que fuese, la CEI se ha sustentado demasiado tiempo en la concesión mutua de preferencias económicas y difícilmente podrá derivar hacia un nuevo estado con pérdidas mínimas.

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