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    TEMA AFGANO PUEDE DEVENIR MANZANA DE LA DISCORDIA EN LA CUMBRE DE LA OTAN EN RIGA

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    Moscú, 23 de noviembre, RIA Novosti. Pasados cinco años después de la anunciada a bombo y platillo conclusión "victoriosa" de la operación contra el régimen talibán, la situación en Afganistán amenaza con escapar a todo control. El director de la CIA, Michael Hayden, ha confirmado en las audiencias en el Senado USA que en Afganistán se observa un drástico aumento de la influencia de Al Qaeda y crece el número de militantes del movimiento Talibán.

     

    Durante los últimos cinco años, los talibán han venido acumulando fuerzas y modificando poco a poco la estrategia. El nuevo poder afgano encabezado por el presidente Khamid Karzai, no pudo afianzarse. De un lado, Karzai tuvo que luchar con grupos políticos adversos enzarzados en la lucha por el poder; de otro, explicar a las autoridades oficiales de Washington que promoviendo las reformas sugeridas por los norteamericanos pero ajenos a los usos y costumbre afganas, por ejemplo la inserción masiva de la mujer en los poderes públicos ejecutivos y legislativos, corría el riesgo de perder definitivamente el apoyo por parte de la población.

    En el informe sobre la situación en el país publicado la semana pasada y preparado por las autoridades de Kabul con la asistencia de la ONU, se destaca un drástico incremento de la tirantez militar. Mientras el año pasado las tropas otanianas eran atacadas 130 veces al mes por término medio, en marzo del corriente el número de ataques ascendió a 300 y ahora a 600. En lo que va de año, en estas acciones murieron más de 3.700 afganos. Human Rights Watch afirma que los soldados otanianos se preocupan poco por proteger a la población civil y, como consecuencia, corren el riesgo de provocar un enfurecimiento aun mayor entre los afganos de a pie y su paso masivo al lado de los talibán.

    Todo esto forma parte de los debates que anteceden la cumbre de la OTAN en Riga (28-29 de noviembre), en la que el tema afgano será uno de los centrales. Al verse enfangados en Irak, los norteamericanos vienen reduciendo su presencia militar en Afganistán, confiando, primero, en el potencial militar de las fuerzas europeas y canadienses estacionadas en este país y, segundo, esperando que el vecino Pakistán endurezca la lucha contra los talibán que emplazaron sus bases logísticas en las zonas fronterizas de ambos países. En particular, EE.UU. procura conseguir que las unidades militares de Alemania y Francia también participen en los combates con los de Al Qaeda y Talibán en las más intranquilas provincias sureñas y orientales, de mayoría poblacional pushtú.

    Presiones especialmente fuertes se ejercen sobre Alemania cuyo contingente militar emplazado en Afganistán es el tercero por el efectivo orgánico (2.900 hombres). En la sesión parlamentaria de la OTAN celebrada hace días en Québec (Canadá), los diputados norteamericanos, británicos, canadienses y holandeses incluso llegaron a acusarle al Bundeswehr de no haber acudido en ayuda de las unidades canadienses durante combates en la parte sur de Afganistán que se cobraron la vida de 12 soldados canadienses.

    Ello no obstante, la canciller alemana, Angela Merkel, sigue insistiendo en que el Bundeswehr, igual que antes, debe centrarse en el mantenimiento de seguridad y obras de reconstrucción en el área de su acantonamiento actual, en la parte norte de Afganistán. En este tema Merkel cuenta con el respaldo de la opinión  pública: según arrojó encuesta sociológica, el 82% de los alemanes se pronuncian en contra de la participación del Bundeswehr en las hostilidades.

    Hoy, ningún alto cargo de Washington, Bruselas, Kabul ni Islamabad podrá decir a ciencia cierta cuándo la paz se instaurará en la tierra afgana. Al propio tiempo, es evidente que la paz no podrá ser traída a Afganistán desde fuera. La paz se logrará sólo a través de la reconciliación y la concordia nacional. Pero en vez de ello a los afganos se les sugiere con insistencia edificar un Estado democrático según patrones occidentales, a lo que se oponen unánimemente la mayoría de los jefes de la guerrilla que jamás aceptarán presencia militar extranjera.

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