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    BRUSELAS ABRE LOS BRAZOS AL ‘ÚLTIMO DICTADOR EUROPEO'. NOVYE IZVESTIA

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    En Bruselas se dio a conocer el anteproyecto de la nueva estrategia de la UE con respecto a Bielorrusia. El documento combina las generosas promesas económicas para Minsk con una serie de recomendaciones básicas en lo político, ninguna de las cuales atenta contra los fundamentos del actual régimen bielorruso, encabezado por Alexander Lukashenko.

     

    El dirigente de Bielorrusia, a quien hace poco se colocaba la etiqueta de ‘último dictador europeo', podrá entrar triunfante en el gran mercado europeo, preservar el poder y escapar para siempre a la tutela de Moscú.

    Uno de los detalles más relevantes consiste en que la Unión Europea ya no pone en tela de juicio los resultados de las recientes elecciones presidenciales en Bielorrusia, y por consiguiente, la legitimidad del propio Lukashenko.

    Los eurócratas economistas han olfateado el drástico enfriamiento de las relaciones entre Minsk y Moscú a raíz de las tarifas del gas y aprovechado esta oportunidad para recordarle a Lukashenko una cosa: la futura subida del precio acentúa la discriminación de las empresas bielorrusas con respecto a las rusas y, por tanto, mina el propio concepto del ‘espacio económico único', lo cual reduce el valor de su alianza con Rusia.

    Los eurócratas políticos van más al fondo y sacan la conclusión de que la ruptura entre Moscú y Minsk en el terreno económico provocará inevitablemente otra más, de relaciones militares estratégicas. Respondiendo a las presiones rusas en materia del gas, Minsk podría sorprenderla a Moscú con nuevas ‘facturas' relacionadas con la alianza militar, tras lo cual Rusia se vería obligada, en opinión de expertos bielorrusos, a establecer urgentemente un grupo de operaciones tácticas en el territorio propio, por ejemplo, en la provincia de Smolensk.

    Si las fisuras entre Moscú y Minsk van en aumento, incluida la posible desintegración de su actual Estado de Unión, Bruselas respaldará sin duda alguna a Lukashenko, va a perdonarle enseguida su carácter dictatorial y pondrá a Bielorrusia en la lista de espera para el ingreso en la UE. Rusia va a perder en este caso a su último aliado limítrofe con Europa.

    Lo más gracioso es que la propia UE ha estado exigiendo de Moscú durante largo tiempo que presione contra la ‘dictadura' de Lukashenko con métodos políticos o, por lo menos, económicos. Ahora que Rusia ha intentado algunas sanciones concretas, Bruselas empieza a desarrollar un juego propio.

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