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    ¿SE QUEDARÁN LAS FUERZAS DE PAZ RUSAS EN EL CÁUCASO DEL SUR?

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    Moscú, 11 de noviembre, RIA Novosti. Evgueni Pyshniak, vicepresidente de la Organización Interregional de Veteranos de las Misiones de Paz de la ONU, RIA Novosti. Estos últimos tiempos la prensa de Rusia y de los países del Cáucaso del Sur comenta animadamente el problema de la presencia del contingente de paz ruso en las zonas de los conflictos georgiano-abjasio y georgiano-suroseta.

     

    Especial agudeza le dio a este tema la declaración hecha por el parlamento georgiano acerca del cese de las atribuciones de las fuerzas de paz rusas en la zona de los conflictos y la sustitución de éstas por fuerzas internacionales.

    El desmoronamiento de la Unión Soviética dio lugar a una serie de conflictos interétnicos en las repúblicas que formaban parte de la misma. A este respecto se destaca la zona del Cáucaso donde en los años 90 del siglo XX las hostilidades se sostuvieron en el territorio de Georgia (Abjasia y Osetia del Sur), Armenia y Azerbaiyán (Alto Karabaj). En virtud de causas objetivas es la Federación de Rusia la que tuvo que tomar parte activa en el arreglo de estos conflictos, incluyendo envío de sus fuerzas de paz a los puntos conflictivos.

    El Acuerdo de Dagomys, firmado en junio de 1992 por los ex presidentes de Rusia y de Georgia, Borís Yeltsin y Eduard Shevardnadze, respectivamente, sirvió de punto de partida para hacer entrar fuerzas mixtas encargadas de mantener la paz. Las fuerzas constan de tres batallones de 500 efectivos: ruso, georgiano y noroseta. Según Shevardnadze, únicamente después de la firma del Acuerdo de Dagomys y la entrada de fuerzas de paz en la zona de Tsjinvali se logró cesar el derramamiento de sangre y evitar la amenaza eral de exterminio de georgianos y osetas. La zona de seguridad que surgió en el verano de 1992 después de separadas las partes en conflicto y de entrar allá las fuerzas de paz durante mucho tiempo sirvió de línea de separación de los georgianos y osetas. Eso continuó hasta que en fevrero de 2006, en violación del Acuerdo de Dagomys, allá entraran 250 efectivos de Georgia que de inmediato  empezaron a emprender actos de provocación contra las fuerzas de paz rusas.

    Fue el Acuerdo de Moscú suscrito el 14 de mayo de 1994 el que sirvió de motivo para introducir las fuerzas de paz en al zona del conflicto georgiano-abjasio. A tenor de este Acuerdo se pusieron en acción las fuerzas de paz de la CEI representadas por un contingente militar de Rusia. Las funciones que recaen en las fuerzas de paz rusas consisten en mantener separadas entre sí las unidades armadas de las partes en conflicto, no permitir que resurjan hostilidades y crear condiciones propicias para el retorno de refugiados a la zona de Gali. De conformidad  con el complemento a su mandato, las fuerzas de paz rusos deben cooperar con las fuerzas policiales de Abjasia para luchar contra grupos de sabotaje que actúan en la zona de seguridad. Estos grupos no se dividen por arzones de nacionalidad: las fuerzas de paz luchan tanto contra los terroristas abjasios como georgianos.

    Cabe destacar que durante los primeros años después de la entrada del contingente de ruso se perfiló una tendencia a la normalización de las relaciones georgiano-abjasias: la mayoría de la población de la zona de Gali (hasta 80 mil personas) pudieron retornar a sus hogares, habitantes georgianos comenzaron a regresar a otros lugares de Abjasia. Pero después de que Tbilisi intentara tomar control de la zona de Gali por la fuerza en mayo de 1998 la situación se desestabilizó marcadamente, comenzando de nuevo a aumentar un ambiente de hostilidad en las relaciones interétnicas.

    Las autoridades de Tbilisi afirman, sin embargo, que el conflicto georgiano-abjasio  tenía carácter de "guerra fronteriza" entre Georgia y Rusia, siendo de notar que Rusia se acusa de agresión armada contra la Georgia soberana y de ocupación duradera de una parte de su territorio.

    Dado el incremento de las tensiones en la zona de conflictos, se observa la intensificación de la cooperación entre Abjasia y Osetia del Sur. Los líderes de dos estados no reconocidos se muestran seguros de que los dirigentes georgianos se proponen arreglar el conflicto por vía militar. Frente a esta situación, los dirigentes de Abjasia y Osetia del Sur coordinan cada vez más sus actividades, y esta interacción a nivel político se ve respaldada por la cooperación en el ámbito militar.

    Estas actividades no carecen de motivos porque, preparándose para realizar otro monitoreo internacional del desfiladero de Kodori, Georgia dio a conocer a la ONU y a los representantes de los "países amigos de Georgia allegados al secretario general de la ONU" solamente su propia postura. Dicha postura reside en que el monitoreo debe realizarse única y exclusivamente bajo los auspicios de la ONU, sin emplear las fuerzas de paz de Rusia. Además, el procedimiento del monitoreo debe determinarse sólo por la parte georgiana. Georgia sigue insistiendo en una investigación internacional de la antigua base militar rusa en Gudaúta. Las autoridades de Georgia intensifican sus presiones sobre las fuerzas de paz rusas y plantean cada vez más decididamente la necesidad de revisar los acuerdos de Dagomys y de Moscú, a tenor de los cuales aquéllas habían entrado en Abjasia y Osetia del Sur. Pocos son en Georgia quienes piensan en que el abandono del Acuerdo de Dagomys supone un retorno a la guerra  que en 1992 se logró cesar en Osetia del Sur. La misma suerte espera también a Abjasia "rebelde".

    Merab Antadze, Ministro de Estado de Georgia para el arreglo de conflictos, durante su charla con el embajador Roy Reeve, cabeza de la misión de la OSCE en Georgia, dijo a su vez que "las fuerzas de paz rusas no están a las alturas de las misiones que les han sido asignadas porque no hacen nada para defender los derechos de los habitantes locales  y a menudo apoyan a los separatistas en su afán de agravar la situación". De ahí surge el interrogante de si desde comienzos de la década del 90 en esa zona la paz, si bien bastante frágil, se mantenía únicamente gracias a la presencia de las fuerzas de paz rusas, ¿por qué Georgia tanto quiere sustituirlas por un contingente policial internacional? La respuesta es bien obvia: para poder, de forma similar a la de la situación en Kosovo, reducir al mínimo el porcentaje de la población autóctona en Abjasia y Osetia del Sur, privándola del derecho a voto.

    En su entrevista de julio pasado, el líder de Abjasia, Sergei Bagapsh, dijo categóricamente que se opone a estas intenciones de Tbilisi. La retirada de las fuerzas de paz puede provocar la escalada del conflicto con consecuencias insospechables. "Abjasia jamás acatará la decisión de Georgia sobre la retirada de las fuerzas de paz rusas. Su estacionamiento en el territorio de la república concierne únicamente a las partes rusa y abjasia" -, manifestó.

    La declaración gratuita hecha por el parlamento de Georgia sobre el cese de las actividades del contingente de paz ruso en la zona del conflicto georgiano-abjasio no se debe al afán de arreglar el conflicto o defender los intereses de su propio Estado sino más que nada a la política que la actual Administración USA aplica en el Cáucaso.

    Las fricciones entre Rusia y EE.UU. que aún persisten en la zona del Cáucaso encierran un peligro potencial no sólo para  Rusia. Dado lo precario de la situación socioeconómica de esta área, la desestabilización política total o parcial en esta zona podría realizarse por fuerzas más diversas y con el mínimo de esfuerzos y gastos. La cercanía geográfica del Cáucaso del Sur a Irak y Oriente Próximo hace muy probable convertirlo en una zona de actividad de organizaciones islámicas radicales y terroristas.

    Para nadie es un secreto que en caso de que Georgia desencadene una agresión armada contra Abjasia y Osetia del Sur llegarán a la zona del conflicto numerosos voluntarios de entre habitantes de no sólo Osetia del Norte, vinculada con la del Sur por numerosos lazos de parentesco, sino también de otras zonas rusas del Cáucaso. Los líderes de las repúblicas sureñas de Rusia han hablado reiteradamente sobre la imposibilidad de retener este flujo de voluntarios. Abjasia y Osetia del Sur, a su vez, estarán listos para admitir a los voluntarios en caso de guerra, aunque en estos momentos en sus territorios no hay soldados extranjeros. Total que nadie podrá  hacer cesar un baño de sangre.

    Las operaciones de mantenimiento de la paz en Georgia tienen formatos distintos. En el caso del Acuerdo de Dagomys es cuatripartito. Y todas las cuatro partes - Osetia del Sur, Osetia del Norte, Rusia y Georgia - deben tomar parte en las discusiones. Hay motivos para considerar esta estructura poco perfecta pero, ¿dónde podemos encontrar un formato ideal? Lo mismo reza para Abjasia. Las fuerzas de paz actúan a tenor de la decisión tomada por el Consejo de Jefes de Estado de la CEI. Si alguien quiere cambiar algo en el formato de la operación que discute este problema en una reunión del Consejo de Jefes de Estado de la Comunidad y proceda a prolongar la operación como se hizo cuando el presidente de Georgia era Shevardnadze. Y que no se olvide que en al zona del conflicto georgiano-abjasio han muerto 112 militares nuestros, muchos de los cuales murieron a manos de algunos abjasios empeñados en limpiar Abjasia de georgianos. Si no fuera por estas fuerzas de paz, 60 mil refugiados jamás habrían regresado a la zona de Gali.

    Por eso no es justo echar lodo sobre los soldados de las fuerzas de paz. Si comparamos nuestras operaciones con las que se llevaron a cabo en Somalia o Kosovo, podemos ver que nuestras fuerzas de paz no son nada peor y hasta mejor que sus colegas occidentales. Ellos, por cierto, sí tienen qué aprender de Rusia.

    Lo mismo subrayó también Sergei Bagapsh, al comentar la política que la parte georgiana mantiene respecto a las fuerzas de paz rusas: "Ninguna misión de paz en ningún lugar del mundo tendrá éxito si las partes no observan los acuerdos por ellas firmadas". Bagapsh destacó la necesidad de que tanto la parte abjasia como georgiana cumplan los acuerdos base sobre el arreglo de la situación y la garantía de las actividades de las fuerzas de paz. Si la parte georgiana viola los acuerdos base, ningunas fuerzas de paz, por más numerosas que sean, podrán mantener estable la situación. El líder abjasio se opuso también a los intentos que la parte georgiana hace para imponer a las fuerzas de paz el cumplimiento de misiones que les son ajenas. Se exige de los soldados de la fuerza de paz poco menos que apaciguar riñas en la zona de Gali, lo que es inadmisible. Las fuerzas de paz deben actuar en exacta correspondencia con lo que les manda hacer.

    La forzosa disminución de la presencia militar y económica de Rusia en el Cáucaso en que van penetrando activamente EE.UU. y la OTAN podría alterar el equilibrio de fuerzas políticas ahora existente. La influencia política de Rusia en Trancaucasia se mantiene en buena medida gracias a su cooperación político-militar con Armenia y a la presencia de las fuerzas de paz rusas en Abjasia y Osetia del Sur. Mas, si el Cáucaso del Sur queda incluido en el sistema de seguridad de la OTAN, la presencia militar de Rusia en esta área puede terminar. No se descarta que a fin de lograr este objetivo, en Azerbaiyán y Armenia se intente crear una situación de crisis controlable para luego aupar al poder regímenes dóciles como el de Tbilisi. Las consecuencias de estas acciones aventureras podrán ser catastróficas, y no sólo para Rusia sino también para los propios países de Transcaucasia.

    Sin embargo, aun cuando se retire de Georgia, Rusia se quedará en el Cáucaso. Este hecho no va a cambiar la situación geográfica. ¿Adónde podrá irse Rusia, siendo también un Estado caucasiano, de una zona que histórica, económica y culturalmente está vinculada con ella por miles de lazos? Es que nuestros antepasados no sólo convivían unos con otros sino que construían un Estado común que ha sido tan malo.

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