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    EL PROBLEMA MESORIENTAL ES UN ROMPECABEZAS PARA CONDOLEEZZA RICE

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    Vladímir Símonov, RIA Novosti. Nos hemos enterado de la próxima gira de la secretaria de Estado de EE UU a Oriente Próximo poco antes de que fue anunciada por su departamento.

    Vladímir Símonov, RIA Novosti. Nos hemos enterado de la próxima gira de la secretaria de Estado de EE UU a Oriente Próximo poco antes de que fue anunciada por su departamento.

     

     "Creo que Condy partirá muy pronto", dijo George Bush al premier británico durante el desayuno en San Petersburgo, sin sospechar que el micrófono estaba conectado y transmitía su conversación privada al mundo entero. 

     Punto seguido, dando de lado a todo el malabarismo diplomático, el presidente de EE UU expuso el método preferente, en opinión de Washington, de cesar los bombardeos israelíes y el acoso misilístico del territorio de Israel por las milicias chiítas del movimiento libanés "Hezbollah": "Hay que lograr que Siria obligue a "Hezbollah" a dejar de hacer esa mierda".

    En los seis primeros días de crisis han muerto 24 israelíes, 12 de ellos a causa del ataque misilístico. Si el presidente norteamericano tacha de  "mierda" las operaciones de las agrupaciones libanesas que tuvieron ese triste saldo, sería curioso saber su evaluación de la táctica de las autoridades israelíes que en el mismo período liquidaron a más de 200 habitantes civiles libaneses, sin hablar de la destrucción masiva de la infraestructura del Líbano: puentes, carreteras y pistas de aterrizaje.

    A juicio del coordinador de la ONU en el Líbano, Israel ha sumido el Sur del país en una verdadera catástrofe humanitaria. Pero el mandatario estadounidense pasa por alto este importantísimo componente de la crisis. Es poco probable que necesite confirmación más elocuente la evaluación desequilibrada que hizo la Administración norteamericana de la envergadura de la violencia, la responsabilidad por la cual recae sobre las partes implicadas en el conflicto.´

    En el Líbano se teme que la misión diplomática de Condoleezza Rice se limita a esta desequilibrada evaluación, si de veras sale "muy pronto" de gira a Oriente Próximo, según se lo prescribe George Bush.

    Nuhad Mahmud, emisario especial del Líbano ante la ONU, califica de absolutamente inoportuna la gira mesoriental de la secretaria de Estado norteamericana, teniendo en cuenta la situación creada. Beirut postula la necesidad de cesar el fuego. Cuando la máquina de guerra de Israel viene destruyendo de hecho el país, ¿de qué intentos de arreglo se puede hablar?

    Últimamente, la Administración EE UU confirmó por más de una vez el "derecho de Israel a su defensa". Pero, al mismo tiempo, poco la preocupaban los desproporcionados bombardeos que reducen a ruinas también los territorios libaneses libres de bases de "Hezbollah". Castigando a todo el pueblo del Líbano y prometiendo "sumir al país en la situación histórica existente hace 20 años", el gabinete de Ehud Olmert trata de meter la cuña entre "Hezbollah" y Beirut y, en resumidas cuentas, instigar contra el movimiento chiíta a toda la población de Líbano. El designio no sólo es vano, sino peligroso para el propio Israel.

    El plan no toma en consideración que desde hace mucho "Hezbollah" se convirtió en influyente fuerza política que impregna todas las estructuras estatales. El movimiento cuenta con sólida representación en el parlamento y tiene dos ministros en el Gobierno del Líbano. Los amplios programas sociales que realiza "Hezbollah" le granjearon respeto y apoyo de todo el pueblo. Las bombas israelíes segando vidas de libaneses sencillos, no hacen más que convertir a los sobrevivientes, incluidos los círculos políticos del Líbano, en partidarios más fieles aún de "Hezbollah" y en enemigos más acérrimos del Estado hebreo.

     Pero lo principal estriba en otro. Tarde o temprano cesarán los bombardeos del Líbano y la Franja de Gaza. Entonces Tel-Aviv descubrirá amargado que ni en Beirut ni en los territorios palestinos han quedado las fuerzas políticas moderadas con que Israel podría volver a negociar estables condiciones de paz. Lamentablemente, Estados Unidos no utiliza sus tradicionales relaciones íntimas con Israel para alertar enérgicamente a su aliado sobre ese peligro.

    En vísperas de su gira a Oriente Próximo Condoleezza Rice participó sus ideas sobre la misión proyectada a la cadena TV Fox News. Según su versión, el actual estallido de la guerra regional en Oriente Próximo es un intento desesperado de los elementos radicales: "Hezbollah", HAMAS, Siria e Irán de obstaculizar el desarrollo de los procesos democráticos en el área que estos últimos años atraen especial atención de EE UU y a ello atribuye la aspiración de estos cuatro sucios extremistas internacionales a torpedear las bases de la democracia naciente y sumir a Orienta Próximo en caos.

    En las reflexiones de Rice salta a la vista el evidente fallo. La secretaria de Estado de EE UU no hace mención de un factor tan importante como la guerra en Iraq que dura más de tres años. La Administración norteamericana no tiene suficiente sinceridad, mejor dicho perspicacia política para reconocer que en esencia sus métodos de lucha contra el extremismo engendran extremismo, pero no vinculado a un país u organización a título de Al Qaeda, sino regional. El mismo servicio de inteligencia de EE UU reconoce el hecho indiscutible de que en Iraq se ha creado la plaza de armas mundial de terroristas. Allí extremistas iraquíes e islamistas foráneos pasan adiestramiento completo en materia de sabotaje y subversiones. "Estos adeptos al jihad proceden de Iraq, dotados de experiencia y orientados a cometer atentados terroristas urbanos en el extranjero", estima el ex director de la CIA, Porter Goss. Iraq prolifera el peligro terrorista en una escala sin precedentes. Tal opinión comparte, en particular, Madeleine Albright, predecesora de Rice en el puesto de secretario de Estado de EE UU en la época de Clinton. "Creo que Iraq va cobrando todos los rasgos de inmensa catástrofe", replicó ella a su colega republicana refiriéndose a un nuevo estallido de operaciones militares en Oriente Próximo.

    En efecto, la guerra iraquí causó serios quebrantos a las relaciones de

    EE UU con los países de Oriente Próximo. Washington, implicado en la campaña militar, presa de su afán de introducir rápidamente la democracia en Iraq, se apartó en esencia de la "Hoja de Ruta": plan de arreglo negociado elaborado por los cuatro mediadores mesorientales: EE UU, Rusia, la ONU y la UE. La mencionada guerra en Iraq ha radicalizado a fondo la región hasta la victoria de HAMAS en las elecciones en Palestina. Como es natural, las consecuencias de la campaña iraquí condujeron a un nuevo aplomo de Irán y a sus crecientes posibilidades de prestar ayuda financiera y no financiera a "Hezbollah". A la luz de ello, tal vez no es necesario que Condoleezza Rice se dirija de   prisa a Oriente Próximo. El enorme trabajo que tiene por delante con miras a estabilizar la situación en el triángulo Israel - Gaza - Líbano, está vinculado a Iraq y, si hay deseo, se podrá iniciarlo ya en Washington.

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