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    MOSCÚ NUNCA FALTÓ A LOS INTERESES DE EUROPA COMO CONSUMIDORA DE HIDROCARBUROS

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    Nina Kulikova, RIA Novosti. Las divergencias de las partes en materia de la energía se vienen agravando, ya que Rusia y Occidente interpretan de manera distinta el concepto "seguridad en el ámbito de energía".

    Nina Kulikova, RIA Novosti. Las divergencias de las partes en materia de la energía se vienen agravando, ya que Rusia y Occidente interpretan de manera  distinta el concepto "seguridad en el ámbito de energía".

    Los consocios de Rusia del G-8, siendo mayormente importadores de recursos energéticos, enfocan el problema desde la óptica de consumidor. En respuesta, Rusia se ve obligada a defender sus derechos de productora, lo que da lugar a numerosas controversias. Los países de la UE ponen en duda la seguridad de esos suministros de energía y buscan diversificar la trayectoria de su transportación. Por su parte, ansiosa de garantizar sus intereses económicos, Rusia anuncia la posibilidad de aumentar suministros a la Región Asiática del Pacífico. El asesor del presidente de la FR, Igor Shuválov, dice que Rusia ha de estar segura de poder vender su producto. Por eso, al decir de él, la diversificación de suministros  debe trabajar en dos direcciones: no sólo para el consumidor, sino también para el productor.

    Rusia y sus partners del G-8 enfocan de manera distinta el problema relativo a liberalizar los mercados de agentes energéticos. Occidente se queja de que las "rígidas leyes" rusas obstaculizan la afluencia de inversiones externas y estima necesario asegurar a los extranjeros acceso al sector energético ruso. La asesora del Secretario de Energía de EEUU para cuestiones políticas e internacionales, Karen Harbert, subrayó que, en opinión de la parte norteamericana, el sector energético de Rusia experimenta hoy escacez de inversiones externas, en muchos aspectos debido a las limitaciones legislativas y normativas existentes. Por su parte, las autoridades rusas reprochan a sus consocios de mantener casi cerrados sus mercados para las compañías rusas. "No vemos aún la disposición de los países y compañías de G-8 de modificar sus normas legislativas en el sentido de que permitan a las compañías rusas invertir sus recursos en Occidente", dice Shuválov.

    La ratificación de la Carta Energética es otro problema existente entre Rusia y los miembros europeos del G-8. Al decir del jefe de la Comisión Europea en Rusia, Mark Franco, la mejor manera de garantizar la seguridad en materia de la energía es ratificar la Carta que incluye acceso a los recursos y la infraestructura, fomenta competitividad y aumenta eficacia. Sin embargo, Moscú insiste en poner a punto ese documento antes de su ratificación, declarando que el protocolo de tránsito para el acuerdo de la Carta Energética no recoge sus intereses ni refleja la situación en el mercado real.

       En principio,  el hecho de que Rusia y los países occidentales interpretan de manera distinta el término "seguridad en el campo de la energía" no causa asombro. Pero, según el subjefe de la Administración del Kremlin, Vladislav Surkov, cuando los partners de Rusia entienden la seguridad en materia de la energía como control absoluto de su sistema de oleo-y gasoductos y de las riquezas del subsuelo, la propia Rusia tiene visión distinta al respecto.

       Las autoridades de Rusia declaran que Moscú nunca faltó a los intereses de Europa,  consumidora de sus hidrocarburos. Los suministros de gas ya se realizan por más de 40 años. El presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, señaló que, pese a sus dificultades políticas y económicas internas de principios y mediados de la década del 90, Rusia suministraba agentes energéticos sin alteración alguna.

       Hasta ahora eran muchos quienes consideraban la seguridad en el campo de la energía  como independencia del país en ese ámbito. Semejante enfoque condujo a que la lucha competitiva por recursos se viene arreciando y provoca numerosos conflictos a escala mundial. Aunque muchas amenazas en materia de esa seguridad, hace mucho globales, deberían obligar a las partes a elaborar, por fin, una concepción de la seguridad global en el campo de la energía.

       Bien se sabe que la demanda global de recursos energéticos aumenta a un ritmo que aventaja el crecimiento de inversiones en el sector energético. En primer lugar, esto se debe al impetuoso desarrollo económico de tales países  como China, la India y otros que dependen cada vez  más de la importación de hidrocarburos. Según evaluaciones de la Agencia Energética Internacional, en los 25 años próximos el consumo de energía arrojará un aumento en proporción del 65% a un ritmo anual del 1,7%, aproximadamente.

       El hambre energética está cobrando considerables magnitudes. Según datos de la OPEP, actualmente casi dos mil millones de habitantes de la Tierra experimentan escasez de energía y este problema se convierte en uno de los más acuciantes. Además, la inestabilidad en Oriente Próximo, los problemas ecológicos, el terrorismo, los cambios del clima y, por último, los relativos al agotamiento de recursos no hacen más que agravar los retos a la seguridad en materia de la energía.

       En vista de ello, es necesario crear tal sistema energético global que minimice el riesgo de esas amenazas. En el marco de su presidencia en el G-8, Rusia considera que la seguridad en materia de la energía no equivale a la seguridad del consumidor frente al suministrador, sino que, además, incluye la interrelación de intereses capaz de garantizar cooperación estable de las partes.

       Según el mandatario de la FR, Rusia aboga por aunar esfuerzos de toda la comunidad internacional para dar solución a toda una serie de problemas  en materia de la energía: supresión del desquilibrio entre la demanda y oferta; aceptación de los compromisos comunes en el sector energético por todas las naciones con reparto voluntario de ingresos y riesgos, así como la necesidad de crear una estructura energética mundial capaz de  impedir situaciones conflictivas. La seguridad  global en materia de la energía ha de ser presidida por los principios de suministro de agentes energéticos calculado a largo plazo, seguro y ecológicamente admisible y en base a los precios fundamentados, estima Putin.

       Cuando a nivel politico sean creadas las condiciones favorables y arraigue la comprensión de que nuestra seguridad depende de los esfuerzos mancomunados de todos los interesados, será posible modificar la legislación no en el sentido de garantizar las prioridades nacionales, sino que conceder la posibilidad de realizar inversiones recíprocas, dice Shuválov. Ha de ser creado un sistema capaz de asegurar los intereses comerciales del suministrador y el consumidor, y los del partner, agrega.

       Pero sigue pendiente el problema de hasta qué punto son admisibles esos argumentos para los consocios de  Rusia del G-8. No obstante, existe la posibilidad de que las principales economías del mundo presten oído a dichos argumentos.

       Primero, está arraigando la tendencia hacia la integración en el sistema energético mundial, en que Rusia ocupa objetivamente las posiciones rectoras poseyendo uno de los mayores potenciales de recursos energéticos y de combustible a escala mundial. Esto le permite a Rusia asumir compromisos con miras a garantizar la seguridad  global en el campo de la energía.

       Segundo, debido a su peculiar desarrollo económico, Rusia se halla entre   la necesidad de mantener la política económica de gran potencia o de enfrentarse al peligro de convertirse en apéndice de materias primas del mundo industrializado. Por el momento, esa situación no se ha cristalizado, pero el peligro subsiste. Rusia no pertenece aún a la categoría de potencias económicamente desarrolladas,  pero  las premisas  existen. Por esta razón precisamente Rusia, que, por un lado, comprende la especificidad del desarrollo del apéndice de materias primas y no quiere serlo, por el otro, ve todos los desafíos y posibilidades del crecimiento económico cualitativo siendo capaz de elaborar objetivamente los principios de la seguridad global en el ámbito de la energía. 

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