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    CÓMO CONSEGUIR QUE LOS EXTREMISTAS CHECHENOS VUELVAN A LA VIDA PACÍFICA

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    Estos días, Ahmed Zakaev comentó de Londres el llamamiento a "dejar de formar parte de las bandas, deponer armas y pasar al lado del pueblo", que el director del FSB, Nikolay Patrushev, dirigió a los extremistas chechenos.

     

    El "ministro de Exteriores de Ichkeria" lo caracterizó como un ultimátum, afirmando que se puede sostener negociaciones, pero sin que se fijen precondiciones.

    Pero los defensores de los derechos humanos de Rusia aprobaron en general tal iniciativa. La presidenta del moscovita Grupo de Helsinki, Liudmila Alexeeva, calificó como un paso correcto el llamamiento en cuestión, señalando al propio tiempo que sería más eficaz declarar la amnistía a los extremistas chechenos. Oleg Orlov, director del centro "Memorial", añadió a ello: "Debe crearse un mecanismo real que garantice a ellos el paso a la vida pacífica".

    El director del FSB ha manifestado: "quienes, engañados por Basaev, fueron involucrados en la actividad criminal, obtienen una posibilidad de volver a la vida normal", así como ha dado garantías de que las circunstancias de la participación de ellos en las acciones de los grupos armados ilegales se investigarían de un modo objetivo y no preconcebido.

    ¿Pero en qué va a redundar ello si la situación en Chechenia vuelve a agravarse? El mecanismo de garantías para quienes deponen armas por su propia voluntad sigue faltando. Ellos significa: los ex extremistas se legalizan y vuelven a proseguir la guerra. La experiencia de varias amnistías anteriores realizadas en Chechenia no permite tener ilusiones al respecto.

    ¿Además, cómo pueden realizar ellos la oportunidad de empezar una vida de paz? Según Ramzan Kadirov, lo más práctico consiste en utilizar los hábitos y contactos criminales adquiridos por los extremistas, contratándolos al servicio en la Policía de Chechenia. "Ellos conocen  todos los senderos secretos y también las caras de los cabecillas de las bandas", dice él. Pero es fácil imaginar las consecuencias que tendría de la transformación de ex bandidos en guardianes de la ley, sabiendo en qué desembocaron los anteriores intentos de hacerlo. Si a los extremistas desarmados les vuelven a entregar armas, ellos las van a utilizar, así como su carnet y uniforme de policía, para realizar sangrientos actos de venganza, librar guerra entre clanes y conseguir bienes materiales por vía criminal. El único modo razonable ( todavía no comprobado) de hacerlos olvidar sus costumbres nocivas consiste en ocuparlos en obras de reconstrucción y faenas agrícolas, pero no en admitirlos en instituciones armadas. 

    También importa otra cosa: ¿deben los "combatientes de Alá" arrepentidos renunciar a sus nociones políticas? Si las ideas separatistas y sus pregoneros no reciben su tribuna en Chechenia y se ven obligados, igual que antes, esconderse entre montes y bosques, la oposición local, entre la que hay no sólo bandidos, apenas se desarma, volverá a empuñar armas.

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