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    SUPERTAREAS DEL G-8

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    A partir de hoy, San Petersburgo se convierte en la capital del mundo y lo será hasta el lunes, cuando haya terminado sus labores la cumbre del G-8. A la segunda ciudad en importancia de Rusia arriban delegaciones representativas encabezadas por los primeros mandatarios de Gran Bretaña, Alemania, Italia, Canadá, EE.UU., Francia y Japón. También asistirán a las labores del foro los máximos dignatarios de Brasil, India, China, Kazajstán, México, República Sudafricana, el presidente de la Comisión Europea y el director general de la UNESCO.

     

    Los opositores a la celebración de la cumbre del G-8 en Rusia hasta el último instante intentaron estorbar su apertura. A medida de la aproximación de la cumbre las oleadas de críticas contra Rusia que "no merece" un honor tan alto ni tampoco la membresía en el G-8 alcanzaron su clímax.

    El único resultado que consiguieron las fuerzas políticas reacias al robustecimiento de las posiciones de Rusia en la palestra internacional ha sido justamente el recrudecimiento de los argumentos que esgrimía el Kremlin para defender su política interna y exterior.

    En un comienzo, los homólogos de Vladimir Putin desechaban de entrada los debates sobre el tema de seguridad energética, prioritario para Moscú. Se logró hacerles cambiar de opinión, aunque después de la crisis de enero provocada por la reducción de suministros de gas a Europa a través del territorio de Ucrania y hasta hoy día, políticos occidentales no dejan de acusar a Rusia de practicar el chantaje energético de sus vecinos. No cabe duda de que las negociaciones sobre este tema avanzarán a duras penas, porque inevitablemente serían afectados los intereses de las compañías energéticas transnacionales.

    Otros dos temas centrales de la cumbre de San Petersburgo, la educación y la lucha contra las enfermedades infecciosas, siempre se veían relegados a un segundo plano en medio de las controversias sobre problemas energéticos. Ello no obstante, el Kremlin ha considerado que revisten no menos importancia que las normas de conducta en el mercado de petróleo y gas. ¿Cómo conseguir que un licenciado sea reconocido en cualquier punto del globo y los sistemas educativos de diversos países sean homólogos? En San Petersburgo también procurarán hallar respuesta a esta pregunta, de palpitante actualidad para la civilización contemporánea. La idea promovida por Rusia estriba en unir los esfuerzos del mundo para combatir las infecciones. La supertarea consiste en elaborar normas únicas de acciones en vez de luchar espontáneamente contra el SIDA o contra la poliomielitis.

    La supertarea de la cumbre de San Petersburgo es demostrar la apertura de Rusia hacia el mundo exterior. Por esta razón, durante estos meses últimos en Moscú se sucedían minicumbres de diverso género: de líderes religiosos y sindicales del G-8, de ministros de Asuntos Exteriores, de Fiscales Generales y de las organizaciones no gubernamentales. El presidente ruso acudía invariablemente a todos estos encuentros para escuchar recomendaciones y críticas y recoger puntos de vista más distintos durante la elaboración de los documentos finales de la cumbre. Estos esfuerzos ya han surtido su efecto. Según afirman altos cargos del Kremlin, "si Ud. ojea la prensa occidental, verá que muchas ediciones se han hecho más equilibradas, insertando una noticia negativa y una positiva referente a Rusia. Tan sólo hace 2 ó 3 meses, las noticias eran fundamentalmente de signo negativo".

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