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    TAREAS COMPLEMENTARIAS QUE RUSIA HA ASUMIDO CON VISTAS A LA CUMBRE DEL G8

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    Piotr Romanov. Rusia es una anfitriona poco corriente de la reunión del G8, que empezará sus labores a finales de esta semana en San Petersburgo.

    Para El Confidencial Digital

    Piotr Romanov. Rusia es una anfitriona poco corriente de la reunión del G8, que empezará sus labores a finales de esta semana en San Petersburgo.

     

    Primero, porque su presidencia y hasta la propia membresía en el Grupo se sigue percibiendo negativamente por muchos en Occidente. Segundo, porque Rusia es un país único, tanto debido a su situación geopolítica como porque está en la etapa de transición: desde el ayer comunista hasta la democracia pletórica del mañana. Y por último, porque a diferencia de los demás miembros del G8, Rusia está dispuesta a resolver en la reunión no sólo sus propios problemas. O sea que aportando un matiz nuevo a la tradición de tales foros, Rusia prevé desempeñar el papel de mediadora entre el club elitista de los países más industrializados y el resto del mundo, hasta hoy día menos afortunado.

    En cuanto a la membresía y la actual presidencia de Rusia en el G8, los escépticos y críticos simplemente no quieren enfocarlo de modo objetivo. Sí, es verdad que el nivel de vida en Rusia hasta ahora cede mucho al que tienen los demás miembros del Grupo. Los rusos no lo ocultan. El propio presidente Vladimir Putin, al responder hace unos días a la pregunta: ¿de qué se siente avergonzado usted, tratándose de Rusia?, reconoció sinceramente: de la pobreza en que hasta hoy día vive una parte considerable de la población del país. Pero este sincero reconocimiento constituye una premisa de que las autoridades quieren dar solución al problema y hacen para ello lo que está al alcance de sus fuerzas y capacidades. Existen premisas favorables para cumplir tal tarea: durante los últimos años el PIB ruso acusa un estable crecimiento, adelantándose en ritmo a los de otros miembros del G8. Por ejemplo, en 2005 creció en Rusia el 7%, mientras que en EE UU, sólo el 3,6%; en Francia, 1,7%; en Gran Bretaña, el 1,6%, etc.

    Además, la economía y el nivel de vida no son el único criterio por el que se invita a un país a ingresar en el G8. Existen también el potencial científico e intelectual, el peso político y militar del país en el ámbito internacional. Sin hablar ya de que el Club debe saber asomarse al futuro. En lo que atañe a estos parámetros, Rusia es miembro absolutamente pletórico del Grupo, además ocupa posiciones de líder en varios derroteros. En el tema de la energía, que va a ser uno de los centrales en la reunión, Rusia lleva y seguirá llevando la voz cantante. Hoy día, de agentes energéticos rusos depende la vida económica de muchos países europeos. Preparándose al mañana, precisamente los científicos rusos hacen un inapreciable aporte a la creación de la energía del futuro.

    Rusia sigue siendo una superpotencia en cuanto al estudio del espacio. Baste con hacer recordar que hasta hace unos días cargaba sobre sus hombros todo el proyecto de la Estación Orbital Internacional después de la catástrofe sufrida por el shuttle estadounidense. Ningún otro país del G8, excepto Rusia, podía arrimarles el hombro a los estadounidenses, permitiéndoles trabajar tranquilamente, eliminando las causas que provocaron el siniestro.

    Pese a todos los problemas que trajo consigo el período de transición, Rusia supo conservar su escudo nuclear misilístico. Pero a diferencia de EE UU, que con cada vez mayor frecuencia utiliza el poderío militar para imponer su voluntad a otros países, a Rusia su potencial militar simplemente le ayuda a estar analizando con tranquilidad y realismo la situación que se vive en el mundo. Al parecer, Rusia es el único país que acogió sin histerismo la reciente aventura de Pyongyang, aunque los misiles lanzados por éste no se dirigían hacia las fronteras de EE UU o el Japón sino hacia las rusas. Al censurar de la forma más clara el proceder de Pyongyang, Rusia al propio tiempo exhortó con tranquilidad a reanudar el diálogo con los coreanos, porque sabe perfectamente que las sanciones, que muchos en Occidente exigen imponer, no darían ningún resultado. Según manifestó el titular de Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, las amenazas dirigidas a Pyongyang sólo provocarían aún mayor tensión, como ello sucedía en más de una ocasión en el pasado, pero en fin de cuentas habría que sentarse a la mesa de negociaciones, pero en un ambiente mucho peor. Rusia "siente" mucho mejor el régimen norcoreano aunque sea porque ella misma se despidió hace poco solamente de su pasado comunista.

    También mejor que los demás miembros del Club Rusia comprende a otros muchos: a los países pobres, porque sabe qué es la pobreza, y a los musulmanes, porque es un país tanto cristiano como musulmán, etc.

    En vísperas de la reunión en la cumbre del G8, Rusia dio unos pasos que antes no daba ninguno de otros miembros del Grupo. Primero, en Moscú se desarrolló un foro de líderes religiosos del mundo cristiano, el islamismo, el budismo y el judaísmo, quienes le han pedido a Rusia que haga llegar las preocupaciones de ellos respecto a toda una serie de problemas al G8. Antes este Club elitista menospreciaba con sangre fría la opinión de los creyentes. Luego sucedió lo mismo en el encuentro internacional de organizaciones no gubernamentales, que se celebró en Moscú también a iniciativa de Rusia. Precisamente Rusia, a la que a menudo le imputaban estar menospreciando la opinión de la sociedad ciudadana, se sentó a la mesa de negociaciones con las organizaciones en cuestión propias y extranjeras, escuchó atentamente sus pareceres y aceptó ser la embajadora de ellos en la cumbre del G8.

    Si durante la reunión unos antiglobalistas van a organizar por tradición unas pendencias, será sólo su parte más radical, la que arma escándalos para escandalizar, pero no porque quiera solucionar problemas en serio. Quienes muestran una actitud seria, ya tuvieron la oportunidad para exponerla. Y Rusia hará llegar el punto de vista de ellos a los demás miembros del G8 en la reunión de Moscú.

    Rusia ha asumido voluntariamente el cumplimiento de esta complementaria tarea, lo que constituye una prueba más de que ella preside con derecho el G8 hoy día.

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