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    EL FORMATO SEXTIPARTITO TIENE QUE SUSTITUIRSE POR EL QUINTUPARTITO

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    Las pruebas de misiles que acaba de realizar Corea del Norte no son una sorpresa. Se venían preparando para hacer efecto. Se trata, en primer lugar, de un arma política. Su realización no muy feliz no ha venido a demostrar la fuerza militar de Pyongyang, sino la ausencia de ésta. Se perseguía el objetivo de atraer la atención de otros países al juego diplomático que se desarrolla en torno a este problema.

     

    Lo más probable es que Pyongyang quiera estimular negociaciones directas con EE UU. Actualmente, éste se muestra absolutamente pasivo en el marco de las negociaciones sextipartitas, lo cual no les gusta a los coreanos, pues no les permite regatear en torno a las garantías y la ayuda económica.

    Es dudoso que Pyongyang consiga este objetivo. ¿Sabían en Corea del Norte que la reacción de la comunidad mundial sería bruscamente negativa? Sin lugar a dudas, pero habrán supuesto que valía la pena arriesgarse. En una situación especialmente difícil se han visto China y Rusia, las que intentaban defender los intereses legítimos de Pyongyang. Pero ahora ellas se verán obligadas a reaccionar negativamente a tal comportamiento de Corea del Norte.

    Por lo visto Pyongyang lo preveía y se preparaba de antemano a experimentar presión por parte de toda la Comunidad Mundial y a afrontar las eventuales sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Todo ello puede tener su justificación si se pretende recibir grandes dividendos, o sea empezar a regatear directamente con EE UU.

    Desde luego, a Rusia no le conviene el aumento de la tensión en la región. Pero al entablarse unas negociaciones directas Corea del Norte - EE UU, Rusia se vería excluida del número de los jugadores activos en el campo del arreglo coreano.

    En el aire desde hace mucho flota la idea de coordinar los esfuerzos de los cinco países, prescindiendo de Corea del Norte, puesto que ella boicotea el proceso sextipartito. Hasta ahora China y Rusia se oponían a ello. Pero los últimos sucesos pueden hacerles cambiar de opinión. En el nuevo formato se puede elaborar una línea bien sopesada. El resultado a que se llegue no debe ser presentado como un ultimátum a Pyongyang sino como una invitación a buscar componenda.

     

    Gueorgui BULYCHEV, director de programas del Centro de Estudio de los Problemas de la Corea Contemporánea, Academia de Ciencias de Rusia.

     

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