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    TRES CUMBRES QUISIERAN ENTENDERSE

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    Vladímir Símonov, RIA Novosti. Es un hecho sin precedentes en la historia: días antes de la Cumbre clásica del "G-8", a celebrarse en San Petersburgo de 15 a 17 de julio, se realizan dos foros mundiales más, en muchos aspectos, inesperados: uno de líderes religiosos y otro de organizaciones no gubernamentales.

    Vladímir Símonov, RIA Novosti. Es un hecho sin precedentes en la historia: días antes de la Cumbre clásica del "G-8", a celebrarse en San Petersburgo de 15 a 17 de julio, se realizan dos foros mundiales más, en muchos aspectos, inesperados: uno de líderes religiosos y otro de organizaciones no gubernamentales.

    En realidad, su temario es análogo: hacer la vida de la gente más acomodada y más segura frente a las nuevas amenazas, ante todo el terrorismo, el hambre energética y enfermedades.

    La coincidencia cronológica de estos tres acontecimientos en Rusia modifica por completo la configuración habitual de las entrevistas anuales de los líderes de ocho democracias desarrolladas.

    Generalmente se considera que la Cumbre "G-8", como tal,  es un pasatiempos de acaudalados que han de expresar verbalmente su desvelo por el mundo de los menesterosos. Sus resoluciones no son más que buenos votos. Y al parecer no importa mucho si puedan surtir efecto inmediato a los pueblos menos afortunados que experimentan escasez de alimentos y agua y están afectados por enfermedades. En todo caso, no representan gran interés para la gente esos ocho imponentes y elegantes dandy que buscan la atención de las cámaras juntos y por separado.

    Vamos a comparar las promesas hechas por el "G-8" en Gleneagles con lo conseguido durante el año pasado.

    Los documentos de la Cumbre británica abundaban en promesas: condonar todas las deudas de los países más pobres, abrir mercados  para ellos, rebajar precios de los fármacos antiSIDA, donar al Africa 25 mil millones de dólares: que ayude a sí misma... Y así sucesivamente.

    Algo fue hecho solamente con respecto a las deudas de 18 países africanos al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional: parte de esas deudas ha sido condonada. Procede señalar que Rusia, no la más próspera del "Octeto", puede sentirse orgullosa de su generosidad. Por la suma, en cifras absolutas que caracterizan la condonación de las deudas africanas, figura en el tercer lugar después del Japón y Francia.

    Por lo demás, Gleneagles no hizo más que prolongar la lista de promesas altisonantes, pero hueras, dadas por el mundo del bienestar, en acceso de compasión, al mundo de la miseria. Hoy resulta embarazoso releer el llamamiento de 2005 a "conseguir que la pobreza sea relegada al pasado". Pero todavía cuesta trabajo creer que se logre disminuir algo la pobreza en el futuro.

    Y se impone la conclusión: ¿será que los líderes del "Octeto" se hallan tan distanciados de la realidad porque se han aislado conscientemente al menos de dos importantísimos componentes de la vida cotidiana: la religión y la sociedad civil?

    Durante decenios de existencia del club "G-8" sus participantes jamás quisieran ponerse a tono con el redoble de las campanas de los templos cristianos y con las llamadas que los almuédanos anuncian desde lo alto del alminar. La opinión de los emperadores de los cerebros que administran la vida espiritual de muchos millones de creyentes, permanecía al margen de tales encuentros. La vida política y la vida religiosa no se cruzaban. Los jefes de Estado y Gobierno dispuestos a confesar lo personal e íntimo a sus padres espirituales, jamás les pedían consejo de cómo se podría evitar el derramamiento de sangre en este país concreto, cómo salvar a la gente de aquel mal concreto.

    Hoy, en la Cumbre Mundial de líderes religiosos, en Moscú, los jerarcas ortodoxos, cardinales, muftíes, imanes y rabinos discutían precisamente los problemas netamente políticos. El presidente Vladímir Putin quien intervino en el evento, prometió hacer llegar esta sabiduría colectiva a sus colegas del Grupo-8. Los padres de la Iglesia buscan respuesta a la interrogante más importante: cómo romper la ligazón entre el terrorismo y su motivación religiosa, cómo detener el deslizamiento de la violencia terrorista hacia la guerra de civilizaciones.

    Ofrece sumo interés también otra idea aprobada por el Foro Religioso Mundial en Moscú: solamente el sistema de coordenadas morales será capaz de poner al descubierto los verdaderos derechos y libertades del hombre. La libertad fuera de la moral es peligrosa. Al decir del metropolita Cirilo, participante del foro, la difusión de esta forma de libertad podría considerarse como el deseo de obligar a vestir a todos un traje de la misma talla. Esto, como es lógico, será considerado por la mayoría como la camisa de fuerza.

    Los invitados al Foro de Moscú intentaron concienciar desde la óptica nueva las causas y la extensión del terrorismo internacional. ¿Será por eso porque Occidente intenta meter toda la diversidad del mundo en la fórmula de la democracia, artificialmente cultivada solamente en el contexto filosófico eurooccidental sin tomar en consideración la participación de los musulmanes, judíos, budistas, hinduistas, cristianos ortodoxos e incluso católicos?

    La aplastante mayoría de la población planetaria, portadora de las culturas autóctonas, se vio apartada de la elaboración de ese sistema de valores. Pues ahora comienzan a afianzar este sistema como estándar universal, pero, a veces, con el uso de fuerza.

    En vísperas de la Cumbre del "G-8", la opinión de la comunidad internacional fue expuesta con una visión nueva.

    Generalmente se presentaba ante los ocho líderes, dondequiera que se reunieran, en la vulgar y escandalosa forma del movimiento antiglobalista. El antiglobalismo siempre es destructivo. Sus filósofos asustan a la humanidad con su escisión en dos razas. Una de éstas, la victoriosa, constituirá "los mil millones de nuevos señores dorados", o bien, nuevas "bestias rubias" de recurrir a términos más recientes. A la prosperidad de los vencedores tendrán que contribuir, con su agotador trabajo, tres mil millones de bestias ignorantes acorraladas en el ghetto universal controlado según Orwell.

    ¡Horroroso! ¿No podrá resucitar todo esto a Lenin con una  nueva consigna:  "¡Antiglobalistas de todos los países, uníos!"

    Sin embargo, en Moscú los ánimos de la comunidad mundial se expresan de manera totalmente distinta, en la forma civilizada del "Octeto Civil". Más de 600 representantes de las organizaciones no gubernamentales rusas e internacionales, incluidas "Greenpeace" y "Aministia Internacional", no asaltan los restoranes "MacDonalds", ni incendian autobuses, sino que discuten los problemas que los inquietan en vísperas del G-8". De hecho, la agenda es análoga a la de la Cumbre política en San Petersburgo: seguridad energética, lucha contra las enfermedades infecciosas, migración y acceso a la enseñanza.

    Es de notar que entre los participantes del "Octeto Civil" predomina la seguridad de que gracias a ese foro las organizaciones no gubernamentales podrán influir realmente en la postura de los ocho líderes.

    Tres Cumbres, tres importantes componentes de la vida cotidiana: política, religión, medios sociales. Somos testigos de que en Moscú nace una nueva tradición capaz de acercar el Club de los ocho hombres investidos de poder a los problemas de miles de millones de seres humanos. Lo principal es saber entenderse.

      

      

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