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    DIÁLOGO RUSO-GEORGIANO. POSICIÓN DE MOSCÚ

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    Alexey Makarkin, subdirector general del Centro de Ingeniería Política, - RIA Novosti. Tras la reunión entre Vladimir Putin y Mijail Saakashvili celebrada en San Petersburgo surgió el tema de reanudación del diálogo ruso-georgiano.

    Alexey Makarkin, subdirector general del Centro de Ingeniería Política, - RIA Novosti. Tras la reunión entre Vladimir Putin y Mijail Saakashvili celebrada en San Petersburgo surgió el tema de reanudación del diálogo ruso-georgiano.

    Mas ello no significa que desde ahora esté garantizado el mejoramiento de relaciones entre ambos países. Hasta el momento no se observa acercamiento de posiciones en ninguno de los problemas litigiosos. En relación con ello es importante intentar prever qué posiciones van a mantener las partes al reanudarse el diálogo, y determinar las prioridades, en primer lugar, para Rusia, las posiciones de la cual son mucho más fuertes, según reconocen todos los analistas. Por algo Saakashvili arribó por su propia iniciativa a San Petersburgo, para intentar atenuar las más agudas contradicciones en las relaciones entre ambos Estados.

    Pues, ¿cómo sería la hipotética posición de Rusia en las futuras negociaciones con Georgia? En primer lugar, la parte rusa querrá debatir el estatuto que tiene su contingente de paz en Osetia del Sur y Abjasia. Rusia está interesada en conservar el actual formato de las operaciones de mantenimiento de la paz en estas repúblicas secesionistas y también en proteger a los militares rusos contra las eventuales provocaciones de la parte georgiana. Existen fundamentos para suponer que las autoridades de Tbilisi sean capaces de ponerles fin. Por supuesto, las relaciones ruso-georgianas no pueden considerarse normales mientras que el parlamento de Georgia plantee la retirada del contingente de paz ruso de Osetia, lo que podría provocar caos en esa intranquila región y crear un vacío que llenarían grupos paramilitares.

    Es poco probable que Rusia esté esperando a que Georgia dé en los próximos tiempos unos pasos orientados a reconocer el derecho a la autodeterminación de los pueblos de Abjasia y Osetia del Sur. Ello significaría una ruptura con el rumbo que Tbilisi ha estado siguiendo hasta ahora, y es obvio que Georgia no se atreverá a hacerlo actualmente. Surge una lógica pregunta: ¿si Europa está obligando a dar un paso análogo al primer ministro serbio Vojislav Kostunica (en el caso de Kosovo), por qué tal guión debe excluirse para Saakashvili? Mas conviene repetir que en el momento actual importa mucho aunque sea normalizar la situación entorno al contingente ruso.

    Segundo, Rusia quisiera que Georgia defina su actitud ante lo de seguir formando parte o no de la CEI. Hoy día existe una situación paradójica:  Georgia periódicamente manifiesta que va a abandonar esta organización internacional, pero no hace nada en este sentido. Si Georgia realmente quiere que se produzca un "calentamiento" de relaciones con Rusia, tendría que dejar de dar vueltas a este tema. En otro caso nadie la va a pedir que quede, pero al propio tiempo ni hablar se podrá de mejorar la comprensión mutua entre Moscú y Tbilisi.

    En lo que atañe a los planes de Georgia de ingresar en otra organización internacional, la OTAN, este tema no puede preocupar mucho a Rusia en el momento actual. Es obvio que Occidente no va a dedicarse en serio a integrar en su sistema de defensa a un Estado tan inestable que no controla ni su propio territorio. Suscita mucho mayor preocupación la adquisición por Tbilisi de armamento en mercados europeos, en relación con lo cual aumenta el riesgo del desenlace militar de las crisis de Abjasia y Osetia del Sur.

    Tercero, da la impresión de que puede lograrse progreso en el problema de exportación de vinos georgianos a Rusia. No puede considerarse normal la situación en que el tradicional mercado ruso se ha visto cerrado para los vinicultores georgianos. Pero también es obvio que sin alcanzarse progreso en otros temas del diálogo, el rápido retorno a Rusia de los vinos georgianos de buena calidad sería poco probable.

    Cuatro, en Rusia se acogerían positivamente unas acciones concretas de las autoridades georgianas por desarrollar cooperación económica mutua, por ejemplo, en la privatización del gasoducto troncal que pasa por territorio de Georgia. Muchos expertos reconocen que ello sería rentable para las dos partes, señalando que la respectiva decisión no se toma por razones políticas solamente.

    Pero Saakashvili acaba de manifestar que su país no tiene planes de vender el gasoducto. Con tal posición se muestra solidaria la Administración de  EEUU.

    Se trata de un ejemplo característico que hace ver que las perspectivas de desarrollo de relaciones bilaterales son bastante nebulosas, y aunque la luz ha empezado a entreverse al final de túnel, puede apagarse rápido. Mucho se aclarará después de que Saakashvili visite Washington el mes que viene. De las recomendaciones que él reciba allí dependerán en mucho grado los pasos que Georgia va a dar en el derrotero ruso.
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