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    ESTADOS UNIDOS, RUSIA Y EL MERCADO DE ARMAS EN AMÉRICA LATINA

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    Dmitri Bobkov, RIA Novosti. La competencia entre Rusia y Estados Unidos en el mercado de armas latinoamericano va adquiriendo últimamente un claro matiz político. Washington se siente preocupado por la cooperación que desarrollan Rusia y Venezuela: el presidente venezolano Hugo Chávez se destaca por criterios radicales con respecto a EE UU.

     

    La reacción de Washington es comprensible. El mercado mundial de armas sigue reduciéndose y por ello incrementa la competencia en ese terreno. Además, Washington está disgustado por la expansión del armamento ruso en una región donde EE UU siempre había tenido sus intereses. Es pura verdad. Pero no vale olvidar que bajo la presión de EE UU -entre otros factores-, Rusia había perdido en los años 90 a sus tradicionales compradores de armas en Europa del Este y en varios países del mundo árabe. O sea, los propios norteamericanos han desplazado el complejo militar-industrial ruso del nicho que éste ocupaba en el mercado. No debe extrañar que Rusia se pusiera a buscar nuevos mercados para ofrecer su producción militar. La libre empresa rusa nunca aceptará que EE UU tenga derechos de monopolio sobre el mercado de armas en América Latina. ¿Acaso Washington toma en cuenta los intereses de Rusia en el espacio postsoviético? Ni mucho menos. Pues entonces, Rusia también puede actuar en la zona de los intereses tradicionales norteamericanos.

    Al vender armas a Venezuela, Rusia persigue objetivos exclusivamente de carácter económico, afirma el conocido politólogo ruso Alexei Arbatov, miembro del consejo científico del Centro Carnegie de Moscú. A su juicio, las exportaciones armamentísticas son un medio de subsistencia del complejo militar-industrial de Rusia, porque las órdenes de fabricación de armamento -pese a la tendencia al aumento- permiten aprovechar apenas la cuarta parte de las capacidades de producción que tiene Rusia.

    En cuanto al matiz político, lo comunica Hugo Chávez, quien había declarado en reiteradas ocasiones que EE UU representaba la mayor amenaza a su país. Claro, con tales ánimos antiamericanos, el dirigente venezolano ya no podía esperar que Washington continuara suministrando armas a Venezuela. Entonces puso la mirada en otros exportadores y supo que el armamento ruso nada tenía que envidiar al 'made in USA'. Aparte de todo, era más barato.

    A principios de junio, Venezuela recibió la primera partida de fusiles Kalashnikov -33 mil unidades-, y la reacción de Washington no se hizo esperar. El Departamento de Estado declaró que las armas que Chávez compraba a Rusia podrían caer en manos de los grupos radicales en Colombia y sería éste un factor de inestabilidad en la región. El colaborador científico del Instituto de América Latina (Academia de Ciencias de Rusia), Emil Dabaguián, ha comentado que la inquietud de Washington es vana porque la guerrilla colombiana recibe armas de las más distintas fuentes y puede resolver sus problemas sin Venezuela.

    Desde el punto de vista de Rusia, el mercado latinoamericano de armas es muy promisorio. El politólogo Alexei Arbatov señala que los ánimos antiamericanos de Venezuela son extremadamente contagiosos y pueden transmitirse a otros países del continente. Por lo tanto no se excluye que Rusia pueda encontrar a otros socios que deseen comprar armamento y material bélico ruso.

    Los negocios no dejan de ser negocios, y Estados Unidos lo debe saber mejor que nadie.

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