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    BOLIVIA: OTRA OBSESION QUE DESESPERA A EE.UU. - ELECCIONES PARA UNA CONSTITUYENTE ESTE 2 DE JULIO

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    La Paz,  28 de junio. Cuando este domingo 2 de julio, los bolivianos acudan a las urnas para elegir a sus representantes en la Asamblea Constituyente, responsables de dotar al país de una nueva Carta Magna, cuya letra y espíritu amparen sus derechos por igual y defiendan su patrimonio nacional de la rapiña foránea, podrían quedar sepultados los intentos de la oposición y de Washington de hacer fracasar al primer Gobierno indígena de Latinoamérica y cerrar el paso para que experiencias de ese tipo no se repitan en la región, comenta la periodista Nidia Diaz ,del diario " Granma Internacional".  

    Desde que en diciembre pasado Evo Morales, satanizado por las campañas en su contra y la manipulación de las encuestas, se alzó con la victoria en las urnas con un 54% de las preferencias del electorado, en la Casa Blanca una nueva piedra cayó dentro de los finos zapatos del presidente George W. Bush y de sus principales asesores.

    Sacarse esa molestia se ha convertido en una de las principales tareas de esta Administración que ya en su segundo y último mandato acumula más fracasos de los que nunca imaginó cuando el 11 de septiembre del 2001 capitalizó en su beneficio la tragedia del derribo de las Torres Gemelas.

    Entonces Afganistán, Iraq, Irán, Venezuela y Cuba, se vislumbraban como "oscuros rincones" del Planeta que con sólo hacer girar hacia abajo el pulgar serían barridos.

     Un triunfo del indígena Evo Morales era impensado y dedicarle un minuto de tiempo en su estrategia de dominación planetaria, no era necesario.

    Cuando en diciembre último el Movimiento al Socialismo ganó la contienda electoral, la situación de Washington comenzaba a revertirse: ni había logrado pacificar Afganistán, cada vez mueren más soldados estadounidenses por el accionar de la insurgencia iraquí, Irán no se deja doblegar y Cuba y Venezuela continúan avanzando en el camino del socialismo.

    Atacar a Bolivia, crearle problemas, subvertirle el orden interno apoyando a la oposición burguesa, echarle más agua al molino del fabricado tema del separatismo, inventarle campañas de descrédito al Presidente en el sentido de una presunta subordinación al Gobierno de Caracas y al máximo líder bolivariano, han estado entre las opciones de su menú desestabilizador.

    La nacionalización el 1ro de mayo de los hidrocarburos, profundizar una efectiva reforma agraria, la revisión de los contratos mineros para que sus beneficios vayan al pueblo y no a las transnacionales que sacan las ganancias del país, recuperar empresas vitales -como la de la electricidad y las telecomunicaciones- donde el Estado controle el 51% de las decisiones y las utilidades, así como llevar la enseñanza y la salud a los más apartados y necesitados lugares de la geografía boliviana, son, para el gusto del imperio, demasiadas conquistas para un pueblo que ha vivido con la cabeza gacha por tantos siglos de dominación y coloniaje.

    Para impedirlo, entre otras maniobras, sacaron del cajón de las utilerías a un personaje de segunda: Antonio Franco, nada menos que el jefe del Departamento de América Latina en la Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), eufemismo tras el cual se esconde una verdadera fábrica de calumnias, descrédito y subversión que sirve a todas las administraciones norteamericanas contra el continente.

    Franco expresó los temores de Estados Unidos sobre supuestos "peligros antidemocráticos" en Bolivia, opiniones que fueron reproducidas con bombo y platillo  por el ultraconservador y derechista diario The Miami Herald

    "El nuevo Gobierno boliviano, muchas veces, ha demostrado inclinaciones de consolidar el poder Ejecutivo y promueve reformas potencialmente antidemocráticas a través de la Asamblea Constituyente y otros medios", agregó Franco, quien, además, acusó a Evo Morales de "presionar" para que "la Constituyente sea parecida a la que impulsó en su momento el presidente Hugo Chávez en Venezuela".

    Entre los argumentos citados por Franco y que presenta como una prueba de las intenciones antidemocráticas de Morales, está la decisión de nacionalizar los recursos naturales, incluidos los del sector energético, así como su presunta decisión de injerencias en los asuntos judiciales y electorales.

    Y como si estas declaraciones no fueran suficientes, Franco adelantó, con la certeza de ser un ventrílocuo de la Casa Blanca, que la USAID apoyaría "el contrapeso para el control de un solo partido, tanto en lo judicial como en la independencia de medios de comunicación, además de la formación de líderes de una Sociedad Civil fuerte y educada".

    Amenazas injerencistas a las que suma la presencia camuflada como académicos de soldados norteamericanos en La Paz, que fueron el centro de la denuncia y la atención de los medios de prensa bolivianos en esta  última semana.

    Fue la estatal Agencia Boliviana de Información (ABI) la que denunció que la referida infiltración lleva meses, acusación por la que el propio Presidente boliviano exigió públicamente una explicación por parte de la Embajada de EE.UU. en el país, ya que tal situación fue confirmada por informaciones de Inteligencia las cuales aseguraron que una buena parte de los 23 estadounidenses que participan en el curso sobre "conflictos internos" que se desarrolla en La Paz, son militares.

    La denuncia fue avalada por el vicepresidente Alvaro García y los ministros de Gobierno y Defensa, Alicia Muñoz y Walker San Miguel, respectivamente.

    Las revelaciones ponen de ejemplo los casos ya comprobados de los sargentos Mark Patrick Peláez y Michael Humire, este último además de haber recibido entrenamiento como francotirador, es experto en explosivos y operaciones especiales.

    El Mandatario boliviano ha reiterado las denuncias sobre la puesta en marcha por parte de la Administración republicana de George W. Bush de una conspiración contra su Gobierno en la que estarían involucrados no sólo los opositores internos, representantes de los derrotados partidos tradicionales sino transnacionales petroleras que ven perjudicados sus intereses.

    Eso corrobora las asombrosas declaraciones de Franco cuando en el colmo de la prepotencia y la arrogancia, advirtió amenazante que al Presidente de los Estados Unidos "se le está acabando la paciencia con Bolivia".

    Veremos el resultado de los comicios de este domingo 2 de julio para saber hasta dónde puede llegar la impotencia estadounidense cuando un pueblo como el de Bolivia se ha decidido a asumir, sin injerencias y sin miedos, su propio destino.

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