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    Cada año, el 12 de abril, la humanidad celebra el Día de la Cosmonáutica.

    Por Andrei Kisliakov, RIA Novosti. Cada año, el 12 de abril, la humanidad celebra el Día de la Cosmonáutica.

    En 2006 se han cumplido 45 años del primer vuelo del hombre al espacio. También, ha resurgido el deseo de viajar a otros planetas. Por ahora se dedica especial atención a la Luna, adonde los norteamericanos proyectan volver en 2018. Igualmente los rusos estudian la posibilidad de organizar una expedición tripulada al satélite de la Tierra.

    Las dos potencias espaciales ya habían cumplido sendos programas de exploración lunar y aquellos fueron unos de los hechos más dramáticos en la historia de la cosmonáutica tanto norteamericana como rusa.

    Después del vuelo de Yuri Gagarin había quedado claro que el objetivo final de la competición entre los dos programas de vuelos tripulados era desembarcar un hombre en otro cuerpo celeste, por ejemplo, en la Luna. Esa tarea la planteó a la nación John Kennedy, en abril de 1961. Los éxitos de EE UU, que había lanzado en 1964 el vehículo impulsor de clase pesada Saturn 1, dejaron impresionados a los dirigentes de la Unión Soviética y en agosto de ese mismo año fue aprobado el decreto especial "Exploración de la Luna y del espacio". La tarea clave consistía en llevar a un cosmonauta soviético a la Luna entre 1967 y 1968, cuando se celebraría el 50º aniversario de la Revolución Socialista de Octubre.

    Los trabajos fueron encargados a la oficina de diseño dirigida por Serguei Koroliov, quien propuso las nuevas naves tripuladas de la serie Soyuz, hoy ya célebres internacionalmente. Pero aquella etapa inicial, en 1966, era toda una maraña de problemas.

    Los primeros ensayos en modo no tripulado fueron fijados para finales de noviembre. Se pensaba lanzar dos naves y acoplarlas en régimen automático. Sin embargo, la primera nave -por razones desconocidas- consumió inesperadamente todo el combustible de los propulsores de orientación, y por ello se decidió hacerla aterrizar. Pero nunca volvió a la Tierra: posiblemente quedó desintegrada tras activarse el sistema de autodestrucción de emergencia.

    El 14 de diciembre, comunicada la orden de poner en marcha los propulsores del lanzador, éstos se apagaron espontáneamente. Acto seguido se activó el sistema de salvamento de la nave Soyuz acoplada al lanzador: los propulsores de pólvora elevaron a 700 metros el módulo recuperable y éste realizó un aterrizaje suave.

    El tercer lanzamiento de un Soyuz no tripulado debía efectuarse el 15 de enero de 1967. Pero la nave despegó sólo el 7 de febrero y permaneció en la órbita unos dos días. Hubo fallos en el sistema de control y orientación. Además, en la etapa de frenado en la atmósfera, el calor destruyó parte del revestimiento térmico del aparato, que finalmente cayó en el mar de Aral (Kazajstán) y se hundió.

    Hasta ahora se desconoce a quién se le había ocurrido en la URSS -después de los tres lanzamientos fallidos- aprobar el plan de lanzamiento de dos naves tripuladas Soyuz con acoplamiento en la órbita.

    No obstante, el 23 de abril de 1967 había despegado la nave Soyuz-1 comandada por el coronel Vladimir Komarov. Al día siguiente debían partir Valeri Bikovski, Alexei Yeliseev y Eugeni Jrunov en Soyuz-2.

    Los problemas no tardaron en llegar. En Soyuz-1 dejó de funcionar el sistema de orientación, se estropeó un sensor de estrellas y no se desplegó un panel solar fotovoltaico. Una nave espacial en ese estado no podría acoplarse, y el despegue del segundo Soyuz fue anulado. Komarov, a su vez, recibió la orden de aterrizar.

    La primera fase del descenso transcurrió correctamente. Pero luego, cuando se abrió el contenedor del paracaídas principal, éste no funcionó. Como consecuencia, tampoco se desplegó el paracaídas de freno. El módulo de aterrizaje en que descendía Komarov empezó a girar. Automáticamente se activó el paracaídas de reserva, que abandonó su contenedor pero se enrolló a las cuerdas del paracaídas de freno. Pocos segundos después el módulo se estrelló contra la tierra a una velocidad de 644 km/h. Vladimir Komarov pereció.

    Si hablamos de las causas de esa tragedia, vale recordar las palabras del proyectista de ingenios espaciales Boris Chertok, uno de los patriarcas de la cosmonáutica nacional. Pues había comentado en su libro de memorias que los servicios técnicos se veían muy apurados cuando preparaban las naves Soyuz, y que no se había podido fabricar para el plazo previsto las tapas de los contenedores de los paracaídas. ¿Cómo, entonces, iban cerrados esos contenedores?

    "Es más -dice Chertok-, si se hubiera desplegado el segundo panel solar de Soyuz-1 y no se estropeara el sensor de estrellas, entonces seguramente sería lanzado Soyuz-2. Después del acoplamiento, Jrunov y Yeliseev debían pasar a la nave de Komarov, y en este caso perecerían los tres. Es muy probable que la misma suerte correría Valeri Bikovski..."

    Tres meses antes, el 27 de enero de 1967, habían perdido la vida los miembros de la tripulación norteamericana que debía efectuar el primer vuelo tripulado del programa de exploración lunar "Apollo". Virgil Grissom, Edward White y Roger Chaffe fueron los primeros astronautas estadounidenses que murieron en la nave espacial.

    Todo había ocurrido en el Centro Espacial Kennedy durante un entrenamiento normal y corriente. Los tres se encontraban en el compartimiento delantero del enorme lanzador Saturn 1B. Ni el cohete ni la nave llevaban combustible, y todos los dispositivos pirotécnicos estaban desconectados o desmontados.

    Pero el incendió estalló y la nave, que tenía atmósfera de oxígeno, se convirtió en 15 segundos en un crematorio infernal.

    Las catástrofes de Soyuz y de Apollo hicieron aplazar los vuelos tripulados, pero ni la URSS ni Estados Unidos desistieron de sus planes. El programa "Apollo" -ya renovado- permitió al hombre posarse seis veces sobre la superficie de la Luna.

    A su vez, la modernización y los ensayos de Soyuz han permitido obtener una fiable nave espacial que se empleó como carguero para servir las estaciones orbitales soviéticas Saliut y la Estación Espacial Internacional (ISS).

    No cabe duda que en este siglo XXI se realizarán vuelos tripulados a otros cuerpos planetarios cercanos al Sol, pero al igual que 40 años atrás, el espacio cósmico seguirá siendo hostil para el ser humano. Además, es totalmente inadmisible irrumpir en ese espacio en aras de ambiciones políticas o con motivo de fiestas nacionales, como había sido antes. La penetración del hombre en otros mundos puede ser justificada sólo con objetivos científico-técnicos concretos, y para alcanzarlos, los herederos de las ideas de Soyuz y de Apollo deberán estar unidos y actuar hombro con hombro.

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