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    TORMENTAS MAGNÉTICAS Y SU INFLUENCIA EN LA TIERRA

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    Por Yuri Zaitsev, RIA Novosti.

    Por Yuri Zaitsev, RIA Novosti. Hoy día ya todos saben que las tormentas magnéticas no sólo perjudican el funcionamiento de los equipos técnicos -deterioran la calidad de la radiocomunicación, hacen imposible el funcionamiento eficaz de los radares y provocan fallos en los sistemas de navegación-, sino que también representan peligro para el ser humano.

    Durante las tormentas magnéticas, en el organismo del hombre cambia el carácter de la circulación de la sangre, sobre todo en los capilares, se altera la presión arterial y aumenta el nivel de la adrenalina.

    Si uno es joven no pasa nada; pero las personas de edad pueden enfrentar problemas de salud. Esos días, las personas sensibles al cambio de tiempo escuchan atentos los partes meteorológicos para estar al tanto de la actividad geomagnética.

    ¿Qué son las tormentas magnéticas?

    Después que fueran lanzados los primeros satélites se descubrió el llamado viento solar: flujos de plasma caliente emitidos continuamente de la corona del Sol. A una distancia de 10 a 12 radios de la Tierra, donde la energía del viento solar es comparable con la energía del campo magnético de nuestro planeta, las partículas del viento solar cambian la dirección de su movimiento y contornean el globo terráqueo formando una cavidad de plasma en forma de cometa: así se forma la magnetosfera. Tiene una estructura complicada pero bastante estable, y sus dimensiones dependen de la presión del viento solar y de la actividad del Sol.

    La cola de la magnetosfera se extiende por centenares de miles de kilómetros en dirección opuesta al Sol y en ella va concentrándose la energía magnética. De vez en cuando esa energía se libera mediante explosiones que hacen calentar la plasma y generan potentes corrientes eléctricas (millones de amperios). Si las "llamaradas" siguen una tras otra, la magnetosfera queda saturada de plasma caliente y las corrientes eléctricas atraviesan todo el espacio circunterrestre. Ese fenómeno ha recibido el nombre de tormenta magnética.

    El principal "blanco" biológico de la actividad geomagnética se consideran el corazón del hombre y su sistema cardiovascular. Los estudios llevados a cabo por los especialistas del Instituto de Investigaciones Espaciales, el Instituto de Física de la Tierra (ambos de la Academia de Ciencias de Rusia) y la Academia de Medicina "Sechenov" han mostrado que para el hombre, un peligro mucho mayor representan las micropulsaciones del campo geomagnético si su frecuencia coincide con la de los latidos del corazón. Esas pulsaciones se registran en un 50% de las tormentas magnéticas y principalmente en su fase preliminar, cuando el campo geomagnético no está muy alterado.

    Las estadísticas médicas en Moscú arrojan que las micropulsaciones durante las perturbaciones geomagnéticas van acompañadas en un 70 por ciento de los casos de un incremento anormal de infartos del miocardio -en un 13 por ciento- y de hemorragia cerebral, en un 7,7 por ciento. El hecho es que la estancia de la persona en campos electromagnéticos de baja frecuencia provoca la desestabilización del ritmo cardíaco, que a su vez puede provocar un infarto y hasta una muerte súbita por arritmia. Puesto que las micropulsaciones empiezan un día antes de la tormenta magnética, los médicos por fin han logrado explicar la cantidad anómala de muertes por infarto precisamente antes de que se produzcan las tormentas.

    "Hemos analizado las características del ritmo cardíaco de los cosmonautas de todas las tripulaciones de las naves espaciales "Soyuz" y de la mayoría de las expediciones de las estaciones orbitales "Mir" y la Estación Espacial Internacional (ISS) -comenta la Doctora en Ciencias Físico-Matemáticas, Tamara Breus (Instituto de Investigaciones Espaciales), jefa del grupo de especialistas que estudian ese problema-. Pudimos descubrir una reacción pronunciada a la tormenta: la alteración de las pulsaciones, de la presión arterial y del balance vegetativo, la reducción de la variabilidad general del ritmo cardiaco y de la potencia del espectro de las ondas respiratorias, así como el aumento del número de las contracciones arrítmicas del corazón". Las reacciones dependían de la duración del vuelo y de la adaptación de los cosmonautas a las condiciones de la expedición. En opinión de la Dra. Breus, esos efectos podrían ser caracterizados como una reacción del tono vascular y del ritmo cardiaco frente a la tormenta magnética.

    Es evidente que para estructuras biológicas complejas como es el organismo humano, la respuesta a los factores externos depende en gran medida del estado interno del sistema. La tormenta magnética no representa peligro para una persona sin problemas de salud. Pero hay "grupos de riesgo" en estado biológico inestable, como por ejemplo, las personas que padecen de enfermedad isquémica del corazón o de hipertonía, o los niños, cuyo sistema de adaptación se encuentra en etapa de formación (sobre todo los recién nacidos).

    "Consideramos que el pronosticar meramente las tormentas sólo puede asustar a la gente -continúa la Dra. Breus-. Pero si se registran micropulsaciones pronunciadas, ya es otra cosa y se debe trabajar en esa vertiente para pronosticar las perturbaciones geomagnéticas".

    ¿Cuál es la situación de esos pronósticos? Las investigaciones realizadas en el marco del programa "Interbol" han permitido a los científicos comprender mejor la naturaleza de las relaciones causa-efecto en los procesos que se observan en el espacio. Ello ayuda a elaborar los fundamentos del pronóstico del "estado de tiempo espacial", o sea, las variaciones espacio-tiempo de los parámetros del ambiente espacial según la actividad solar.

    Desde 1994 se va ejecutando el programa KORONAS (siglas en ruso de "Observaciones circunterrestres orbitales íntegras de la actividad del Sol") llamado a investigar la física del Sol y las relaciones solar-terrestres mediante ingenios espaciales. En 2007 sería lanzado ya el tercer satélite de ese proyecto, el KORONAS-Fotón.

    Un elemento importante para pronosticar el "estado de tiempo espacial" es la posibilidad de un monitoreo continuo del viento solar en su camino del Sol a la Tierra. En las órbitas bajas de la ionosfera esa tarea la cumplirán los microsatélites "Chibis" que se están desarrollando en el Instituto de Investigaciones Espaciales. En la magnetosfera interna y en las zonas de radiación de la Tierra lo harán los satélites "Rezonans", también diseñados por el Instituto. Ya en "los altos" funcionará otro satélite (por lo visto, también "Chibis") insertado en el llamado punto de libración a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. El equilibrio entre las fuerzas de atracción de la Tierra y del Sol en ese punto permitirá al satélite permanecer "fijo" cerca de la línea Sol-Tierra, a lo largo de la cual se desplazan las nubes magnéticas que nacen en el Sol y representan peligro para la Tierra. Como resultado, el aparato podrá ofrecer pronósticos operativos sobre el surgimiento de esas nubes.

    Para recibir una alerta aún más temprana, se necesitará "apartar" el satélite de la Tierra a distancias mayores. Con ese propósito, los científicos del Instituto de Investigaciones Espaciales han elaborado el proyecto "Klipper" (no confundir con el proyecto de transbordador espacial ruso "Cliper") que tiene previsto emplazar la agrupación de microsatélites a una distancia de 3 a 4 millones de kilómetros de la Tierra en dirección al Sol. O sea, dos veces más lejos que queda el punto de libración. La "excesiva" atracción del Sol -en comparación con el punto de libración- sería compensada con la presión de la luz solar sobre una vela de película metalizada instalada en los satélites. Ese invento posibilitará "estabilizar" los satélites en un punto determinado del espacio y, caso que sea necesario, acercarlos todavía más al Sol mediante el control de la vela.

    Ese control no lo efectuarán dispositivos mecánicos: sería aprovechada la reflectancia del material de la vela. Por ejemplo, si entre una fuente de luz (en este caso, el Sol) y la vela se coloca una película de cristales líquidos, se podría variar el grado de transparencia de esa película regulando la tensión eléctrica. De esta manera es posible corregir la fuerza de presión sobre la vela y, por consiguiente, la dirección y la velocidad con que se desplaza el satélite en el espacio.

    Para una perspectiva más lejana, ha sido diseñado el proyecto de investigación del Sol desde distancias pequeñas, denominado "Interheliosond". Permitirá "echar un vistazo" a las zonas polares del Sol invisibles desde la Tierra.

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