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    EL CULTO AL MERCADO: LOS GRAMMY Y EL MONOPOLIO CULTURAL

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    Los deberes de la inteligencia

    Lisandro Otero


    Hace un par de días tuvo lugar en un escenario de Miami la entrega de los premios Grammy, reconocimiento anual a los artistas de música popular. Un grupo de notables artistas cubanos, residentes en la isla, estaban nominados para recibir el premio. Usualmente los postulados suelen ser invitados a la ceremonia de entrega pero en esta ocasión el gobierno de Bush no le otorgó el visado a los cubanos y los mantuvo segregados y distantes. Muy activos en el logro de esta medida estuvieron los músicos del exilio cubano, quienes hicieron declaraciones rezumantes de odio, impregnadas de rencor, contra sus colegas del otro lado del estrecho de la Florida. El exilio cubano está pasando por una crisis de identidad en los últimos tiempos. Tras el retorno del niño Elián González a su padre algunos dirigentes de los expatriados llegaron a la conclusión que la opinión pública estadounidense no había recibido con agrado las posiciones dictadas por el resentimiento, la amargura y el aborrecimiento y decidieron cambiar su política de hostilidad por una fachada de concordia. Algunos sectores de ese exilio han hablado de conciliación en la familia cubana, de avenencia y concordia, de olvido de los viejos agravios y búsqueda de una aproximación explorando los denominadores comunes. Sin embargo, ocurren estas explosiones de histeria iracunda y lo echan todo al traste. Hay que indagar en las causas más profundas de esta aversión de los músicos miamenses hacia sus colegas isleños y la razón más evidente es la concurrencia que la superior calidad de la música que se produce en la isla pudiera afectar la presencia en el mercado de los mediocres productos miamenses, que son elevados a la atención clientelar gracias a la mercadotecnia de que disponen. La industria disquera internacional está concentrada en una estructura oligopólica que comprende cinco grandes grupos: BMG, EMI Music, PolyGram, Warner y Sony, que controlan el 75% del mercado mundial de la música. Cada uno de estos grupos está insertado en una estructura mayor de empresas multimediáticas que comprende productoras cinematográficas, intercomunicaciones satelitales, periódicos, editoriales y redes de internet. Esas agrupaciones son cotizadas en los mercados financieros, cuentan con poderosos accionistas insertados en las estructuras del poder político y poseen numerosas filiales en los cinco continentes. Todo ello está ligado a una organización que comprende el cobro de derechos autorales, las redes de distribución en comercio detallista y la publicidad del producto a vender. En conjunto esta industria está evaluada en 45 mil millones de dólares. Son los directivos de este monopolio quienes determinan los gustos, las tendencias, los artistas que deben ser promovidos y las corrientes del gusto público que deben ser atendidas. Cada cierto tiempo surgen empresas disqueras independientes que si tienen un éxito sostenido son absorbidas en poco tiempo por los gigantes. Tal es el caso de la británica Virgin que fue comprada por mil millones de dólares por la EMI. En Francia surgió por un tiempo la disquera independiente de Charles Aznavour, Trema, que fue devorada por Sony Music. Pero incluso los grandes son ingeridos por otros más grandes, así la PolyGram fue fusionada en 1998 a la Seagram, propietaria de los estudios de cine Universal, que a su vez fue tragada por Vivendi. El gobierno de Bush está promoviendo una legislación que facilita la acentuación de esta tendencia monopólica del gran capital. El último número de la revista británica The Economist nos da noticias de una nueva megafusión. Se trata de la asociación de Vivendi, dueña de Universal Music, con la General Electric y la NBC Televisión. Vivendi es la mayor empresa francesa de multimedia y la Seagram le había ofrecido comprarla por trece mil millones de dólares pero aceptó unirse a la NBC por un 20% de las acciones de la General Electric. El nuevo grupo está evaluado en su conjunto en 40 mil millones de dólares y controlará, además, el canal de TV Telemundo, de Miami, muy involucrado en la reciente ceremonia del Granmy. Asi, contra estos gigantes de poderío ilimitado y fauces insaciables, contra estos cíclopes del capitalismo, voraces y despiadados, ¿qué pueden hacer los humildes trovadores cubanos, los guaracheros invencibles que solamente cuentan con sus sencillas guitarras, su talento y su simpatía? Continuar expandiendo su mensaje amistoso y sensible, su sabor espontáneo y libre, su magia inextinguible.

     

     

     

     

     

    Publicado en CubaLiteraria

     

     

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