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    EMIGRACIÓN FEMENINA Y MARGINALIDAD: EL FIN DE LA TRAVESÍA

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     Julio César González Pagés

    Para Vigo me voy...

     

    Para la mozambicana Rosario Mouta su llegada a Vigo, en el 2001, significó el inicio de una vida que ella no soñó tener al emigrar. Fue llevada como empleada doméstica, y terminó como prostituta en las calles viguesas.

    Pero, de estas calles que ella recorre hoy en busca de clientes, partieron, varias décadas atrás, cientos de mujeres gallegas que sufrieron iguales engaños.

    Gallegas en Cuba: prostitución y marginalidad

    La constante emigración española hacia Cuba, después de instaurado el período republicano (1902), tiene cifras muy significativas en el período que enmarca la Primera Guerra Mundial. A diferencia de períodos anteriores, donde la emigración fue preponderante masculina, en esta etapa de beligerancia las mujeres salen a buscar su "sueño americano".

    Los gallegos representaron uno de los grupos nacionales que tuvieron el mayor número de emigradas. Tomando solo como ejemplo los meses de marzo, abril y mayo de 1915, se embarcaron por los puertos de Coruña y Vigo un total de 601.

    Esta cifra se hace aun más considerable si tenemos en cuenta que el Consejo Superior de Emigración estableció regulaciones especiales para las mujeres emigradas. Las medidas del 9 de abril de 1915, dirigidas al inspector de emigración de Vigo, le manifestaban "que hasta nueva orden, resuelva y permita el embarque, según crea procedente y bajo su responsabilidad".

    Esta particularidad para las mujeres tenía su base en una protección especial contra las estafas por parte de "ganchos e intermediarios de emigrantes que, innoblemente, comercian a costa de la sencillez y credulidad de éstos".

    Como explica en su investigación sobre la emigración gallega a Cuba la especialista española Consuelo Naranjo, los ganchos fueron un elemento importante en el fomento y promoción de la misma, enriqueciéndose con la venta de pasajes, las gestiones de hospedaje y la búsqueda de empleos.

    Una explicación aparecida en el Boletín de la Emigración con el título de "Una explotación inicua" alertaba que:

    Para conseguir la autorización de embarque de las mujeres y niños, que cuando van acompañados del cabeza de familia o de persona probidad, han menester determinados documentos, los referidos ganchos facilitan, cotizándolas a altos precios, partidas falsas de defunción de los maridos o padres ausentes.

    La utilización de las mujeres gallegas en los negocios más turbios hizo, de esta emigración una de las más estigmatizada por la población cubana. Desde la llegada al puerto, los ganchos y las meretrices buscaban como carne fresca a estas mujeres campesinas, en muchos casos analfabetas, para el negocio de la prostitución.

    Una de ellas Ana Maragoto, que llego en 1909, denunciaba años después cómo al llegar al puerto de La Habana fue revisada su dentadura y resto del cuerpo e inmediatamente una mujer, con todas las gestiones previamente realizadas por los ganchos, se la llevó para un burdel donde al día siguiente empezó su tragedia de ocho clientes diarios para pagar la supuesta deuda adquirida.

    La feminista cubana Hortensia Lamar denunciaba al respecto en una de sus conferencias de 1925 :

    "otra fuente abastecedora de la prostitución es la inmigración. La española que viene honrada a trabajar, a reunir mucho dinero para mandar a su aldea. Muchas en la travesía sucumben, las demás aquí, donde las sociedades regionales no les dan protección alguna. La mayoría es explotada por los propios paisanos, los eternos primos protectores, o el novio que nunca falta, y que generalmente las seduce y abandona luego, y así, de peldaño en peldaño va rodando a la abyecta esclavitud de dónde no vuelve a salir".

    Estos peldaños por los que rodaron, iban a dar a acciones delictivas y según los expedientes históricos penales creados en Cuba, para las mujeres a partir de 1909, de más de 2034 sentenciadas, nacionales y extranjeras las gallegas era el grupo mayoritario ¿quiénes fueron estas mujeres? En la muestra realizada con 15 expedientes de gallegas sentenciadas por la ley, los datos develan que tenían una edad oscilante entre 25 y 40 años. La mayoría no poseía un empleo fijo y eran analfabetas. Otro dato de interés es que casi todas eran solteras y procedían mayoritariamente de Lugo y Orense.

    Una de estas mujeres, Blanca García Díaz , conocida con el alias de "la rapaciña", y de 31 años de edad, describe como fue introducida en la marginalidad por su tío quien la violó desde los 15 años y la obligó a tener relaciones sexuales con él y con su primo. Cuando esta trató de establecer una denuncia la echaron en la calle donde empezó una vida llena de conflictos y enfermedades, contrayendo metritis blenorrágica y sífilis.

    De igual forma María García Martínez de 18 años de edad y natural de Coruña, detallaba cómo fue utilizada para fotografías y actos pornográficos desde los 14 años de edad. María empezó así una vida de trabajadora sexual hasta que fue cortada en la cara por un proxeneta al no tener dinero para pagarle, con lo cual se vio obligada a robar y estafar, por todo lo cual fue apresada y sentenciada.

    Quizás uno de los pocos casos de mujer gallega dedicada a la prostitución que gozó de notoriedad y fama en los inicios de las década del diez fue el de Maria Constancia, más conocida bajo el alias de "Macorina", y a quien la música cubana le dedico el son que advertía en uno de sus estribillos "ponme la mano aquí Macorina" cantada durante mucho tiempo por las orquestas del país.

    Maria Constancia fue dueña de tres casas de cita para hombres "notables y públicos" y fue amiga del Presidente José Miguel Gómez (1904-1908). Antes de arruinarse en la década del 30 fue dueña de 8 casas y 6 autos de lujo entre los que se encontraba una cuña roja que al decir de la intelectual cubana Reneé Méndez Capote "despertaba lujuria con su estribillo picaresco".

    ¿El fin de la travesía?

    El debate sobre la emigración de mujeres de zonas pobres del mundo y su utilización en el mercado del trabajo sexual, esta marcado por la similitud en sus características pese a referirse a épocas y condiciones diferentes. En opinión de la socióloga española Judith Astelarra ya ha llegado el momento de afirmar que "el elemento central de la prostitución son los clientes, no las prostitutas".

    Este nuevo enfoque que hace énfasis en los hombres pudiera ayudar a deslindar las preferencias masculinas a un sexo pagado, y a la utilización por parte de grupos mafiosos de mujeres emigradas pobres condenadas en la inmensa mayoría a la marginalidad.

     

     

     

     

     

     

    Publicado en CubaLiteraria

     

     

     

     

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