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    BUSH INSISTE EN QUE EUROPA SE MUESTRE UNIDA EN EL PROBLEMA DE IRÁN. ¿POR CUÁNTO TIEMPO LO VA A NECESITAR?

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    Vladimir Simonov, RIA Novosti. Parece que Washington tiene en una mano la zanahoria, y en la otra, el látigo, para mostrarle a Irán ora la primera ora el segundo.

    Vladimir Simonov, RIA Novosti. Parece que Washington tiene en una mano la zanahoria, y en la otra, el látigo, para mostrarle a Irán ora la primera ora el segundo.

    Hace poco todavía, el 31 de mayo, EEUU inesperadamente aceptó unirse a las negociaciones directas con  Irán, las que vienen sosteniendo desde hace mucho Rusia, China más el trío europeo: Francia, Gran Bretaña y Alemania, si Teherán renuncia a su programa de enriquecimiento de uranio. La bandada de palomas, encabezada por la secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, logró convencerle al Congreso: hagamos un intento más de encontrar solución diplomática a la crisis de Irán.

    Era un paso importante hacia la suavización de la política estadounidense. Pues antes Washington rehusaba contactar directamente con Irán a lo largo de casi tres decenios, a partir de 1979, año en que unos estudiantes radicales iraníes tomaron como rehenes al personal de la embajada de EEUU.

    Pero el lunes pasado George Bush volvió a mostrarle látigo a Irán, profiriendo amenaza de que la renuncia de Teherán a aceptar el último paquete de propuestas puede tener malas consecuencias para él. Pues provocaría la apelación al Consejo de Seguridad de la ONU, la aislación de Irán en la palestra internacional y "sanciones políticas y económicas progresivamente más duras".

    Se tiene en cuenta el paquete de propuestas elaboradas por el "sexteto" internacional, con participación de EEUU,  el que llevó a Teherán  Javier Solana el 6 de junio. Según unas fuentes que están al tanto del contenido del paquete, se trata de unas sugerencias minuciosamente sopesadas y generosas. En particular, de que a Irán le pueden otorgar reactores a agua ligera, garantizar el suministro del uranio enriquecido y autorizar adquirir piezas de repuesto para aviones de pasajeros en EEUU. También se promete apoyarlo en sus planes de ingresar en la OMC y darle acceso a las tecnologías agrícolas estadounidenses. Según dichas fuentes, el paquete contiene hasta una propuesta revolucionaria: Irán podría proseguir el enriquecimiento de uranio con sus propias fuerzas con fines pacíficos bajo el control  de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).

    En un comienzo, la reacción de Teherán fue interpretada como esperanzadora por Bush. En efecto, ya el 19 de junio el presidente iraní Mahmud Ahmadi Nejad, en presencia de varios ministros, volvió a valorar el paquete en cuestión como un "paso positivo", aseverando que Irán está preparando la respuesta.

    ¿Pero por qué  el presidente de EEUU aquel mismo día quiso ensombrecer con nuevas amenazas proferidas en público ese delicadísimo momento de las negociaciones?

    Lo más probable es que las rigurosas retóricas de Bush estén dirigidas  no tanto a Teherán cuanto a Europa. El presidente de EEUU se muestra muy interesado en fortalecer la unidad estadounidense-europea en el frente de Irán. Washington sospecha desde hace mucho que Teherán esté buscando grietas en la solidaridad atlántica. Al intervenir en vísperas de la reunión en la cumbre de Viena, Bush insistía: entre EEUU, la UE, Rusia y China existe plena unidad en lo de enfocar el último paquete de propuestas como una "oportunidad de importancia histórica" para Irán.

    Bush tiene razón, la unidad se ha conseguido, pero sólo para el momento actual.

    El presidente estadounidense comprende perfectamente: apenas Irán rechace el paquete, EEUU, por una parte, y Europa, Rusia y China, por la otra, se verán en distintas riberas, obligados a debatir qué sanciones complementarias aplicar contra Irán, o hasta la fuerza, como un último recurso. La nueva invectiva de Bush respecto a  las "sanciones políticas y económicas progresivamente más duras" y la amenaza de aislar a Irán  están llamadas a hacer recordar al "sexteto", y en primer lugar a sus miembros europeos: necesitamos unidad en la etapa de la diplomacia, pero la vamos a necesitar aún más en la de agravación de la crisis.

    Los vaivenes en los ánimos de la Administración de EEUU, desde una tolerancia sensata  hasta los arrebatos de cólera hacia Irán, dependen en mucho grado de quién está ejerciendo mayor influencia en la Casa Blanca en un momento dado: los neoconservadores allegados a Dick Cheney y Donald Rumsfeld  o los políticos amantes de la paz agrupados en torno a Condoleezza Rice. Es menos conocido el hecho de que los dos grupos están buscando apoyo y lo encuentran entre diversas comunidades étnicas de EEUU, las que empiezan a desempeñar un papel cada vez más notable en la formación de la política nacional en el derrotero iranio.

    El lobby proisraelí no se cansa de sugerirles al Congreso y la Casa Blanca lo vano de los esfuerzos diplomáticos en el trato con Irán. Su tesis fundamental es más o menos la siguiente: los islamistas radicales que se hicieron con el poder en Irán no son capaces de comprender el lenguaje de argumentación y llamamientos, si éste no está respaldado por la demostración de la fuerza.

    En los últimos meses, dichos círculos han hecho circular unos rumores macabro: Israel, que en 1981 destruyó mediante bombardeo el reactor nuclear de Iraq, supuestamente está planificando lanzar un nuevo ataque aéreo contra blancos iranios. A su vez, los estrategas del Pentágono y la CIA utilizan esa información (o desinformación) para persuadir a los altos dirigentes del país dispuestos a prestarles oído: no se debe permitir que Israel llegue a tal punto de exasperación , nosotros mismos podríamos realizar una operación análoga, además con precisión quirúrgica.

    La diáspora irania de EEUU - que es una capa de población numerosa, adinerada y de alto nivel educacional - mantiene una posición diametralmente opuesta.

    A lo largo de los 20 años transcurridos tras la revolución islámica en Irán, difícilmente era posible encontrar a mayores aborrecedores del régimen de Teherán que los emigrados iraníes residentes en EEUU.

    Pero hoy día esta cohorte de los irreconciliables ya se ha envejecido, su actividad política disminuyó bruscamente. Las palancas de influencia están pasando a manos de los hijos y nietos de la primera oleada de emigrados, es decir a la joven generación de los iraníes educados en EEUU, los que ya en parte sienten ser estadounidenses. Estas personas se inclinan siempre más a la necesidad de sostener negociaciones directas entre Washington y Teherán. No es necesario llegar a amar el régimen islámico, bastaría con dejar de hablar con él en el lenguaje de amenazas, insisten ellos. Lo de hablar no sería tan estúpido, costoso y destructivo como lo de provocar una guerra más en el Oriente.

    Estos ánimos los comparte también la Administración de EEUU, pero lo va a hacer hasta un determinado momento. Con un elevado grado de seguridad se puede predecir dos variantes de desarrollo de la situación en torno al programa nuclear de Irán.

    Primera variante, la optimista: con irritante lentitud, zigzagueando y permitiéndose retóricas agresivas, Teherán en fin de cuentas acepta el  paquete de propuestas que se le ofreció en una variante más o menos admisible para el "sexteto" internacional. La crisis queda zanjada, se da un suspiro de alivio.

    Moscú comparte precisamente este tipo de optimismo. Reunido hace poco con Mahmud Ahmadi Nejad en Shangai, Vladimir Putin hizo la siguiente observación: Todos los países del mundo, incluido Irán, tienen el derecho a realizar su planes de utilizar altas tecnologías en bien de su desarrollo. Pero este derecho debe realizarse de una forma que permita excluir por completo las preocupaciones de la comunidad mundial respecto al problema de no proliferación. Contribuiría a conseguirlo la propuesta de Moscú de instituir una empresa mixta de enriquecimiento de uranio, hizo recordar el presidente de Rusia.

    Sus valoraciones del encuentro celebrado fueron hechas en un tono alentador: el líder iraní está dispuesto a tratar con el "sexteto" los incentivos de éste. Más tarde, al reunirse con el primer ministro italiano Romano Prodi, Putin expresó la esperanza  de que el problema iranio vuelva al terreno de las responsabilidades de la AIEA, o sea que Teherán quede a salvo de las sanciones que le puede imponer el Consejo de Seguridad de la ONU.

    Las palabras de Rusia tienen mucho peso para Teherán. Es demostrativa en este sentido la réplica que hizo Ahmadi Nejad en Shangai: Si no fuera por la cooperación bilateral (entre Rusia e Irán), la situación explotaría en la región.

    Pero todo ello no excluye el desarrollo de acontecimientos según el guión número dos, mucho más tétrico. Teherán se muestra reacio al extremo. Los neoconservadores de EEUU reciben un argumento indisputable: no se puede prescindir del empleo de la fuerza. Si Rusia y China intentan bloquear la toma de una respectiva decisión en el Consejo de Seguridad de la ONU, el ala de halcones de la Administración estadounidense insiste en que EEUU y sus aliados  empiecen a actuar al margen del campo legal de la ONU, y si esta iniciativa no encuentra aceptación, entonces en que se aseste un golpe quirúrgico unilateral contra los blancos concretos en Irán.

    Según la agencia AFP, Javier Solana le notificó a Teherán que la respuesta debe llegar el 29 de junio a más tardar, día en que en Moscú se reunirán los ministros de Exteriores del G8. Queda poco para esperar a que llegue la hora de la verdad.
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