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    NO ALINEADOS. CUMBRE EN LA HABANA

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    Jorge Gómez Barata

     

    Cuando parecía que por el rosario de metas aplazadas, soluciones diferidas y promesas no cumplidas, las Cumbres de Jefes de Estado, apenas si tenían algo que ofrecer, Fidel Castro, cambia las reglas del juego y al dotar la agenda de la próxima cita del Movimiento de Países no Alineados de un contenido real, levanta un paradigma.

    Al proponer que la Cumbre de los No Alineados, que tendrá lugar en La Habana en septiembre, considere el proyecto de alfabetización para el Tercer Mundo, un plan para la formación emergente de médicos y un programa energético que privilegia el ahorro, provee seguridad energética y preserva valiosos recursos naturales, Fidel devuelve la política a la realidad y le confiere terrenalidad a la reunión.

    Sesenta años atrás la lucha contra el fascismo sirvió de plataforma para que Roosevelt, Stalin y Churchill, protagonizaran las primeras reuniones en la Cumbre con perfil de órganos colegiados para la toma de decisiones vinculantes y con influencia real sobre la política mundial. Con el inicio de la Guerra Fría, nunca más tuvieron lugar encuentros de aquel carácter.

    Mientras los países europeos se integraban a los pactos militares liderados por las superpotencias y en política exterior, América Latina era un apéndice norteamericano, los Estados afroasiáticos surgidos del proceso de descolonización, debutaban internacionalmente en el enrarecido ambiente de la Guerra Fría.

    En un intento de concertar sus políticas y evadir la presión del conflicto Este-Oeste, los nuevos estados se agruparon en entidades regionales. En 1945 surgió la Liga Árabe y en 1963 la organización para la Unidad Africana. Algunos países afroasiáticos se mantuvieron atados a las ex metrópolis, mientras la Guerra Fría y el conflicto Chino-Soviético ejercieron efectos negativos sobre aquellas jóvenes alianzas.

    No obstante su reiteración, las reuniones al máximo nivel han perdido eficacia debido a que la política se distancia de los problemas concretos. Algunas "Cumbres" flotan en un limbo y otras son ejercicios protocolares, tal es el caso de las Conferencias de la OEA, las Cumbres de las Américas y la reuniones del Grupo de los Ocho. Las hay que, lugar de aproximar los líderes a la gente y a sus problemas, los aíslan mediante aparatosos despliegues policiales, muros y alambradas.

    El Movimiento de Países No Alineados surgió en la década del cincuenta, al calor de los debates, acerca de la identidad de los estados recién surgidos y aunque se identificó por la ausencia de compromisos militares de sus integrantes con los bloques liderados por las superpotencias, en aquel esfuerzo percibieron intentos por diseñar una alternativa socioeconómica y política y un esfuerzo por respaldar institucionalmente los empeños de colaboración Sur- Sur.

    El Movimiento cobró forma cuando en 1955 se celebró la Conferencia de Bandung y en 1961 la de Belgrado, evento en el que estuvo representada un nuevo y poderoso factor que se había incorporado a la política internacional: la Revolución Cubana, que aportó al no alineamiento un perfil latinoamericano, un contenido antiimperialista y sumó su prestigio y la solidaridad internacional con el Tercer Mundo. A líderes de la talla de Nehru, Sukarno, Nasser, Nkrumah, Sékou Touré, y Tito, se sumaron Fidel Castro y Che Guevara.

    Tratando de escapar de las estructuras burocráticas que caracterizan a muchas organizaciones internacionales, el Movimiento de Países No Alineados, introdujo la práctica de celebrar periódicamente reuniones de sus jefes de Estado y gobiernos, en las que se examinaba la situación internacional y se adoptaban planes de acción específicos. El país que acoge el encuentro, ocupa la presidencia hasta la próxima cita. Cuba, que fue sede de la VI Cumbre en 1979 presidió el Movimiento hasta 1981.

    En la medida en que la Cumbre del Movimiento de Países no Alineados, en La Habana, se aplique al examen de problemas como los anunciados por Fidel Castro, a los que seguramente se sumarán otros planes de colaboración en materia de salud, como es la operación Milagro, para devolver la vista a varios millones de pobres latinoamericanos, así como las capacidades creadas para reaccionar en caso de catástrofes, los pueblos tendrán razones para creer en estos eventos.

    Seguramente, la Cumbre en La Habana estará influida por la presencia de la revolución bolivariana y será un escenario para la exposición de la Iniciativa Bolivariana para las Américas, que impulsa el presidente Chávez.

    La cita no alineada en La Habana pudiera servir no sólo para revitalizar el Movimiento, sino para edificar un esquema de cooperación internacional que ponga a todo el Tercer Mundo en sintonía con una renovadora versión de la globalización

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