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    ¿OSARÁ EE.UU. ATACAR A IRÁN?

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    Guennadi Yevstáfiev, teniente general (r) del Servicio de Inteligencia, RIA Novosti. La oferta del “sexteto” en relación con el programa nuclear iraní y las noticias bastante esperanzadoras que en respuesta llegan de Teherán, crearon una situación curiosa en el propio Estados Unidos.

    Guennadi Yevstáfiev, teniente general (r) del Servicio de Inteligencia, RIA Novosti. La oferta del “sexteto” en relación con el programa nuclear iraní y las noticias bastante esperanzadoras que en respuesta llegan de Teherán, crearon una situación curiosa en el propio Estados Unidos.

    Inesperadamente para los neoconservadores, en la administración Bush aparecieron politólogos abogando por dialogar con Irán e incluso  reconocer su derecho a cierta variante del ciclo nuclear completo. Además,  los norteamericanos y sus colegas eurooccidentales están adelantando un sinnúmero de ideas, lo que no deja de sorprender.

    Entretanto, la entrevista de Mahmud Ahmadineyad con Vladímir Putin en Shanghai y la declaración hecha pública por el mandatario ruso a raíz de ésta sobre la disposición de la parte iraní a dialogar, volvió a corroborar que es justo el rumbo de principio orientado a practicar, de forma objetiva y paciente,   una política de fidelidad a los postulados del Tratado de No Proliferación del Arma Nuclear y respetar toda la suma de compromisos dimanantes de  ese documento internacional clave.

    Indudablemente, las promesas dadas por Ahmadineyad en Shanghai al líder ruso impulsarán aún más la estratificación  en los círculos políticos norteamericanos. Según todas las evidencias, quienes se manifiestan a favor de  “castigar” sin dilación, se verán obligados a retroceder por algún tiempo. En la actualidad, en la administración resulta escaso el número de partidarios del diálogo con Irán, pero ellos adelantan ideas y esgrimen el argumento de que ahora, al estar profundamente atascado en Iraq, EEUU no podrá permitirse el lujo de emprender una aventura militar más de consecuencias impredecibles. Señalan que en el seno de la actual cúpula iraní, por primera vez en muchos años, aparecieron políticos, con los cuales EEUU podría llegar a un acuerdo, como en el caso de los indios. Esto le permitiría desplazar algo a los rusos y  euroccidentales.

    Máxime que son frecuentes los casos, cuando algunos iraníes, conjuntamente con sus parientes de la diáspora iraní en EEUU, no dejan de insinuar que en general no confían a los rusos y quisieran contactar con Occidente. Los astutos intrigantes son conscientes del efecto que sus melifluas expresiones causen a la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, que pretende afianzar la tesis de “deslealtad de los socios rusos”.  ¡Pues, hay, por fin, quienes le dieron crédito y, además, en el seno de los ayatolás de Irán!

    Procede señalar que estas sutilezas son blanco de odio feroz de los conservadores-republicanos indoblegables que inculpan a Condoleezza Rice de todos los problemas con Irán.

    Bien se sabe que la distancia que media entre los neoconservadores y los moderados, es sumamente convencional y siquiera un minúsculo atasco en el proceso negociador, por ejemplo, la simple subida de tono  del presidente iraní con respecto a Israel, podrá conducir a que la mayoría de moderados se pase inmediatamente al lado de los partidarios de “castigar”.

    En los debates en torno a Irán que libran hoy los politólogos norteamericanos, se observan virajes curiosos. Todos coinciden en que Ahmadineyad entorpece el logro de posibles acuerdos norteamericano-iraníes. Parece ser demasiado ideologizado y, además, goza de popularidad entre la joven generación iraní, pero no de la población urbana que tiende a la cultura masiva occidental, sino entre un apreciable estrato de la juventud rural islámica más menesterosa que aprecia positivamente sus programas de atención a la juventud.

    Naturalmente, los servicios de inteligencia norteamericanos son conscientes de que Ahmadineyad no lleva la voz cantante a la hora de tomarse decisiones clave relacionadas con el programa nuclear iraní. Por esta razón también, los analistas norteamericanos no llegan a comprender cómo ha podido ganar en las presidenciales Ahmadineyad  a Rafsanyani, hombre muy rico e influyente. Bien se sabe que conforme a la mentalidad norteamericana el dinero lo resuelve todo en el proceso de elecciones. ¿De dónde sacó recursos monetarios Ahmadineyad? A algunos se les ocurrió la idea siguiente: ¡fueron los rusos, los que costearon su triunfo! Es de suponer que en breve semejante bulo pueda aparecer en la prensa norteamericana. ¿Resulta extraño? Pues, había patrañas más ridículas, y no pasó nada.

    En la actualidad, el director del Servicio Nacional de Inteligencia, John Negroponte, y la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, están creando sus respectivas estructuras con el fin de examinar a fondo el problema iraní. Por el momento, eso no persigue el “castigo”. Esperamos que por cierto tiempo la agresión se vea relegada a un segundo plano. Naturalmente, lo dicho por Ahmadineyad a Putin en Shanghai infunde esperanzas, aunque se trata solo de una declaración de intenciones. A la parte iraní se podría recomendar no dar largas a la presentación de su postura concreta respecto a las ofertas compromisorias elaboradas por el “sexteto iraní”. La pérdida del ritmo no responde a los intereses iraníes, sino que sirve a los “halcones” norteamericanos.

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