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    EE.UU. ANTE EL VIRAJE A LA IZQUIERDA DE AMÉRICA LATINA

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    Al comienzo del nuevo milenio, el continente suramericano que a lo largo de toda la historia contemporánea estaba sometido al rígido control de EE.UU., intenta descubrir camino propio de su desarrollo económico y político.

    Por Dmitri Bobkov, RIA Novosti. Al comienzo del nuevo milenio, el continente suramericano que a lo largo de toda la historia contemporánea estaba sometido al rígido control de EE.UU., intenta descubrir camino propio de su desarrollo económico y político.

    La posición de los latinoamericanos es  comprensible: la hegemonía del gran vecino del Norte trajo a los latinoamericanos poca alegría e inmensa pobreza y una democracia que solamente un optimista obstinado podría tachar de auténtica. Ese nuevo viraje a la izquierda tan comentado en la actualidad, es respuesta a la decepción que ha venido acumulándose durante largos años y a las esperanzas defraudadas.

       En opinión de varios analistas rusos de la problemática latinoamericana, el actual viraje a la izquierda se pronosticaba también por otra razón. Nikolai Leónov, teniente general (r) del Servicio de Inteligencia de Rusia, hoy diputado a la Duma de Estado, quien durante muchos años trabajó en América Latina, sostiene que los procesos actuales se remontan  a la revolución cubana, a la política e ideología ofrecidas por Fidel Castro al continente en calidad de alternativa. En los años 60-70 Estados Unidos, a costa de inmensos esfuerzos, logró amortizar la influencia de la revolución cubana y poner en poder de los Estados latinoamericanos a las fuerzas políticas que seguían trabajando de acuerdo con la  conocida doctrina Monroe formulada en 1823. Sin embargo, según Leónov, no podían dejar de aparecer partidarios de los ideólogos de la revolución cubana, y éstos no se han hecho esperar. Baste recordar la insurrección de los militares radicales en el Perú que puso fin al duradero período de  estancia en el poder de los gobiernos pronorteamericanos, o la llegada al poder de Panamá del general Omar Torrijos que inició la lucha por recuperar el Canal de Panamá.

       Durante varios años los intereses de EE.UU. en el área latinoamericana se vieron especialmente perjudicados. Hoy los líderes de Venezuela y Bolivia, Hugo Chávez y Evo Morales, respectivamente, se distinguen por los criterios más radicales con respecto a EE.UU., lo que, naturalmente, preocupa a Washington, sobre todo, teniendo en cuenta las recientes declaraciones del mandatario venezolano sobre el cese de compras  de armas a EE.UU. y el propósito de utilizar el material de guerra ruso. Según  el esquema semejante,  EE.UU. perdió por mucho tiempo el control sobre el Perú. Por su parte, Evo Morales nacionalizó el sector petrogasífero del país, habiendo descargado un golpe sensible al capital transnacional. Procede señalar que tanto Chávez como Morales, confirmando a su manera las conclusiones de Leónov, se titulan sin ambages herederos de las ideas de Castro. Por consiguiente, no es casual que en abril pasado, los líderes de los tres Estados: Cuba, Venezuela y Bolivia, firmaran el acuerdo tripartita de cooperación y comercio.  Además, si en este trío Venezuela pretende el papel de principal donante financiero, Cuba opta por suministrar fuerzas intelectuales.

       Tampoco se debe olvidar los países estratégicamente importantes para EE.UU. como Argentina, Brasil y Uruguay, cuyos líderes, pese a sus criterios más moderados, focalizan con más frecuencia sus miradas no en EE.UU., sino en Europa, China y Rusia. Por último, incluso la derrota sufrida por las fuerzas izquierdistas  en las elecciones peruanas podrá ser calificada de relativa, teniendo en cuenta que el nacionalista de izquierda Ollanta Umala reunió casi el 45% de votos.  Se aproximan los comicios en México,  donde sin duda influirá en el electorado el recrudecimiento de la política de  EE.UU. respecto a los inmigrantes ilegales.

       Al mismo tiempo, no se podrá hablar unívocamente del viraje a la izquierda de América Latina. En ninguna parte se registran aún indicios de revolución. Los actuales gobiernos aprueban todos los proyectos de ley por vía exclusivamente constitucional. El mero hecho de la llegada al poder de nuevos líderes mediante libres elecciones democráticas atestigua la estabilización paulatina de la situación política en América Latina. No se pronostican conflictos, y eso a condición de que la oposición pronorteamericana no reciba importantes inyecciones financieras de EE.UU.. Además, incluso el socialismo radical a que se refiere Chávez,  acusa más bien el carácter “bolivariano” tradicional para el área, basado en los principios capitalistas de la construcción del Estado. Los socialistas moderados encabezados por el líder brasileño Luis Ignacio Lula da Silva dan prioridad a los valores democráticos.

       Pues, naturalmente, habrá cambios en el continente, pero no  revolución.

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