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    NADA CAMBIARÁ: LA MUERTE DE AL ZARKAOUI

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    Lisandro Otero

    2006-06-14

     

    La muerte de Al Zarkaoui ha sido anunciada a bombo y platillo por los ocupantes norteamericanos de Irak. En una reunión con representantes diplomáticos y fantoches del gobierno títere hubo hasta impúdicos aplausos al darse a conocer la muerte del líder de la resistencia. 
    Bush ha convocado a una reunión de emergencia en Camp David con sus principales capitostes: Cheney, Rumsfeld, Condoleezza, Negroponte, y otros, con el fin de revisar su estrategia iraquí. Hay quienes vaticinan que comenzará la retirada parcial de las tropas estadounidenses ya que su régimen no tolera el repudio de opinión pública a su aventura en el Oriente Medio. Eso unido a la crisis económica, los precios del petróleo, el déficit presupuestario, la creciente deuda interna generan un cuadro crítico que es preciso superar. Bush está en los niveles más bajos de apoyo popular que nunca antes haya tenido un presidente de los Etsados Unidos, tiene que dar un golpe de timón drástico. Si en las elecciones de finales de este año, pierde el Congreso, como algunos vaticinan, pudiera pasar por las el trago amargo de un juicio de residencia por sus numerosas prevaricaciones, incluido el fraude electoral en la Florida. 
    De una u otra manera en Washington están exagerando el alcance de esta desaparición. Los antecedentes demuestran que la desaparición física de los dirigentes no suele alterar de manera decisiva el curso de la historia. ¿Cómo habría sido la Francia del siglo XIX de no haber existido Napoleón? Probablemente algún otro general habría asumido el mismo papel, conduciendo a un pueblo que había llegado a un cenit de madurez de sus fuerzas productivas con la autonomía de la sujeción del clero y de la aristocracia terrateniente. ¿Habría sido Roma diferente de no haber existido Julio César? Otro centurión distinguido habría operado la conquista de Britania y de las Galias y la república habría proseguido un tiempo más antes de convertirse en imperio por los apremios de  cohesión de un territorio nacional tan vasto. El papel del individuo en la historia es importante pero no es decisivo.
    La manera en que murió Zarkaoui ha atizado aún más el odio al ocupante extranjero y probablemente va a aguijonear acciones armadas de mayor envergadura. Es obvio que Zarkaoui fue objeto de un asesinato bien calculado. Las dos bombas que cayeron sobre la casa donde sostenía una reunión eran de las llamadas “inteligentes”, o sea, de alta precisión, que pueden ser dirigidas sobre objetivos muy concretos desde grandes distancias. Una delación de algún confidente reveló el sitio del cónclave. Hay, además, declaraciones de campesinos de la zona circundante, que denuncian que Zarkaoui estaba con vida cuando llegaron las tropas norteamericanas y el dirigente fue rematado a culatazos de fusil. Todo ello actuará como un fuerte estímulo al odio al invasor. 
    Por lo pronto ya la resistencia designó al sucesor que asumirá la coordinación de operaciones de liberación nacional. Uno de los errores de los norteamericanos es su manera de enfocar esta guerra. Para ellos los resistentes son “terroristas” y la campaña de ocupación es un esfuerzo por llevar la “libertad” al Oriente Medio. Todos sabemos que se trata de una guerra de rapiña, mal disimulada, con la excusa primero de las “armas de destrucción masiva”, y ahora con el pretexto de la “democratización”. Nadie, ni los muy ingenuos, creen en eso. Hasta los niños de la escuela primaria saben que esta es una guerra de las petroleras por apoderarse de los recursos energéticos que ya van siendo deficitarios en el mundo.
    La muerte de Al Zarkaoui no cambiará nada  en el panorama inmediato de Irak. Los ocupantes estadounidenses se ven enfrentados a una grave opción. Para aplastar esta rebelión están usando un terrible poder represivo, usando aviones y artillería pesada, empleando tanques y asaltos de infantería contra ciudades pobladas por civiles y el saldo de la masacre es muy alto. Esos millares de cadáveres serán un caldo de cultivo eficaz para aumentar la voluntad de resistencia, el ardor patriótico de los iraquíes, el aborrecimiento al usurpador. A mayor coerción, mayor será la resistencia. Han entrado en una espiral sin salida.

    http://www.cubadebate.cu

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