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    ESQUELETOS EN EL ARMARIO DE LA DEMOCRACIA ESTADOUNIDENSE

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    Piotr Romanov, RIA Novosti. Nunca he tenido ilusiones con respecto al trabajo que hacen los servicios secretos de cualquier país del mundo.

    Para el Confidencial Digital

    Piotr Romanov, RIA Novosti. Nunca he tenido ilusiones con respecto al trabajo que hacen los servicios secretos de cualquier país del mundo.

    Es un trabajo específico, además se realiza al margen del control por parte de la sociedad ciudadana, lo que de por sí lleva inevitablemente a abusos. Además, ese trabajo lo encargan los políticos, los que nunca han sido dechado de la probidad. Algunos suponen que los servicios en cuestión escapan con regularidad al control del poder político. Pero lo de pensar así resulta un espejismo. Los servicios de inteligencia a menudo se ven obligados a actuar como pararrayos cuando sobre los políticos se ciernen nubarrones. Suele utilizarse el siguiente esquema: los políticos encargan secretamente una tarea, los agentes la cumplen. Pero si estalla un escándalo, éstos últimos procuran borrar las huellas y asumen toda la responsabilidad. Sólo rara vez se hacen del dominio público los nombres de quienes encargaron la acción.

    De esa desgracia no salvan, lamentablemente, ni la democracia desarrollada, ni las numerosas instrucciones o comisiones especiales, ni los comités del senado. EEUU y la CIA son un ejemplo típico de ello. Los últimos tiempos, por ejemplo, con la CIA vinculan  toda una serie de escándalos. Voy a hacer recordar solamente algunos. Uno de los más ruidosos era el de información falsificada sobre la existencia de armas de exterminio en masa en Iraq. Más tarde se dijo en más de una ocasión que la Casa Blanca la había recibido de la CIA. Difícilmente se puede creerlo. La Casa Blanca recibía aquello que quería recibir, pero fueron los servicios secretos que tuvieron que responder por la mentira de los políticos. No hay duda de que la escandalosa idea de organizar cárceles secretas en territorio de varios países de la Unión Europea también surgió con el visto bueno de la Casa Blanca. La base militar de Guantánamo, transformada en prisión para los sospechosos de estar involucrados en el terrorismo, tampoco es criatura de la CIA, sino, en primer lugar, la de los políticos, que saben perfectamente dónde se mantienen los detenidos. La base en cuestión es una zona de arbitrariedad. Las protestas de las organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos no dieron ningún resultado, por lo que el más reciente escándalo – el suicidio de tres recluidos en Guantánamo –  parece ser muy lógico. Dado que para un musulmán fiel el asesinato es un pecado muy grave, las tres muertes no pueden calificarse sino de enigmáticas. Para el fundamentalista una cosa es dinamitarse junto con un enemigo (real o supuesto), y otra completamente distinta, ahogarse en la celda de uno, utilizando soga hecha de la ropa de prisionero. Los estadounidenses tendrán que reconocer tarde o temprano que fueron ellos quienes llevaron a los recluidos al último grado de desesperación.

    Pero dejemos en paz al señor Bush. Son vicios hereditarios, los escándalos en torno a la CIA surgen con regularidad, independientemente de quién ocupe el Despacho Ovalado. Ojead los periódicos viejos y descubriréis una serie de hechos interesantes. Por ejemplo, que Osama ben Laden es criatura de la CIA. Sólo que esa arma explotó al fin de cuentas en manos de los propios estadounidenses.

    Como regla, el escándalo de turno se enciende teniendo por fondo pruebas indirectas: los agentes de la CIA siempre logran liquidar las directas. Por ello casi siempre a los escépticos les quedan dudas, a pesar de aquello que afirman los medios noticiosos. Los datos fidedignos pueden obtenerse sólo de archivos. Pero éstos se abren rara vez y después de pasar mucho tiempo, lamentablemente. Verdad que hasta los archivos viejos de la CIA son un auténtico tesoro. Por ejemplo, hace poco fue quitada la estampilla de “secreto” de 174 carpetas de un archivo de la CIA del período de la segunda guerra mundial. Esos documentos, igual que los que dejaron de ser secretos en 1998, prueban que EEUU y sus servicios de inteligencia mantenían contactos directos con el Tercer Reich.

    Presentan mucho interés los documentos sobre la utilización de criminales nazis después de la guerra por servicios secretos de EEUU. Para la CIA trabajaron, por ejemplo, cinco asesores de Adolf Eichmann, obersturmbannführer de la SS y jefe del “departamento judío” de la Imperial Dirección de Seguridad. Después de derrotada la Alemania de Hitler, 23 criminales nazis recibieron la propuesta de colaborar con la CIA.

    Mientras que Israel hacía todo por localizar a Eichmann, culpable de la muerte de millones de judíos, en EEUU conocían su lugar de residencia desde 1952, pero lo ocultaban. Sólo en mayo de 1960, los agentes israelíes pudieron identificar a Eichmann en la Argentina y llevarlo en secreto a Israel, donde lo enjuiciaron y ejecutaron.

    Tanto los regímenes totalitarios y autoritarios como la “ejemplar” democracia estadounidense han acumulado toda una colección de esqueletos en sus armarios de familia. Pero sólo nuestros hijos sabrán a quiénes esconde hoy del castigo y utiliza con sus propios objetivos EEUU, lo que es de lamentar.

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