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    ¿AISLAMIENTO ABSOLUTO DE LUKASHENKO?

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    Tatiana Stanovaya, dirigente del Departamento Analítico del Centro de Tecnologías Políticas, para RIA Novosti. Rusia endurece su postura con respecto a Bielorrusia.

    Tatiana Stanovaya, dirigente del Departamento Analítico del Centro de Tecnologías Políticas, para RIA Novosti. Rusia endurece su postura con respecto a Bielorrusia.

    Según datos del periódico “Kommersant”, la direccion del “Gasprom” planea ofrecer a Alexander Lukashenko comprar gas a precio de 200$ por mil metros cúbicos. En respuesta, Bielorrusia se siente agraviada subrayando que Moscú viola los principios del tratado federal. Otro rotativo moscovita, “Védomosti”, lo califica de guerra “comercial”, mejor dicho, aduanera desplegada, según éste, por Bielorrusia en respuesta a la oferta de gas de Moscú: presuntamente, en base al decreto de Lukashenko que no se cumplía durante mucho tiempo, los aduaneros arrestaron la carga de bebidas alcohólicas y cigarrillos que se dirigía de Rusia a Rusia, es decir, al exclave de Kaliningrado, de paso por Bielorrusia.

       Pero, según todas las evidencias, Rusia no se propone ceder ante las medidas decretadas por Lukashenko, ya que si Moscú y Minsk no lleguen a un acuerdo, Lukashenko se verá aislado no sólo por parte de Occidente sino también por la de Oriente.

       Para nadie es un secreto por qué Rusia decidió subir el precio del gas para Bielorrusia. En la contraposición Occidente-Bielorrusia durante las presidenciales, Rusia se puso de parte del régimen Lukashenko, defendiendo al mismo tiempo sus propios intereses geopolíticos. Toda desestabilización política en este país daña las posiciones geopolíticas de Rusia. Y, además, Moscú tenía que esperar el momento, cuando, hablando en plata, se quedara “a solas” con Lukashenko: después de las elecciones se vio aislado de Occidente y obligado en mayor grado a prestar oído a la opinión del Kremlin.

       Respecto a Bielorrusia, la Federación Rusa tiene el programa máximo y el programa mínimo. El primero estipula integración máxima de Bielorrusia en la composición de Rusia, introducción del rublo como moneda única y aprobación del Acta Constitucional, según el cual el puesto de jefe de la Unión se determinará mediante elecciones. Dicho en otros términos, se trata del proyecto integracionista completo. Es una variante difícil de realizarse y, en vista de ello, incluso en Rusia se comenta con escepticismo.

       El programa mínimo estipula el control del “Gasprom” sobre la empresa “Beltransgas”. A estas alturas, lo es el objetivo estratégico para Rusia: en la práctica totalidad de los países de tránsito y los países consumidores del gas ruso, el “Gasprom” busca obtener acceso a las redes de distribución de gas. Si en el caso de Ucrania, Moldavia y Armenia este problema fue objeto de regateo económico, en considerable medida, pues con respecto a Bielorrusia prevalecen las componentes políticas, ya que, de hecho, Moscú considera lógico y justiticado su derecho a controlar la “Beltransgas”. Procede señalar que la victoria de Lukashenko en las elecciones se basa, en muchos aspectos, sobre el “milagro económico” costeado por Rusia.

       Rusia quiere conservar su influencia sobre Bielorrusia ora por medios económicos (adquisición de las redes de gas), ora políticos (conseguir que, en perspectiva, el puesto de presidente de Bielorrusia sea desempeñado por un político prorruso). De ser logrado lo primero, lo segundo será menos importante: pues entonces se mantendrá la independencia de Moscú respecto a las capacidades de tránsito de Bielorrusia incluso bajo mando de un político prooccidental.

       Por esto, la compra de la “Beltransgas” por el “Gasprom” (creación por éste de una empresa conjunta) es una de las principales tareas estratégicas del Kremlin lo que, en opinión de Moscú, podrá considerarse como parte del “pago” por el gas ruso. Entonces la subida de su precio no afectará tanto a Bielorrusia como en el caso de negativa de este país a satisfacer las exigencias del “Gasprom” de crear una empresa conjunta. Sin embargo, teniendo en cuenta que desde hace varios años Lukashenko viene ignorando las ofertas del “Gasprom”, se decidió elevar el precio del gas. Y, según todas las evidencias, Bielorrusia no cede aún ante la presión, exponente de lo cual es el endurecimiento paulatino de la política del Kremlin. Al principio, el aumento del precio habría de alcanzar 147$. Luego, el “Kommersant” publicó la información de que el presidente de Rusia, Vladímir Putin, dio al Gobierno el encargo de dejar de subsidiar la economía de Bielorrusia, incluido el embargo sobre la re-exportación de agentes energéticos. Y, por último, esta semana fue anunciado que el precio de gas podría situarse a nivel de 200$ por mil metros cúbicos.

       A priori procede señalar que el efecto del “arma” gasífera con respecto a Bielorrusia es mucho más débil que con respecto a Ucrania. Rusia no podrá dejar de suministrar gas a Bielorrusia, como lo sucedió en el caso de Ucrania, pese a que Ucrania y Bielorrusia tienen un rasgo común, siendo países de tránsito de gas a los países europeos, entre ellos existe una diferencia de principio. Ucrania, ansiosa de incorporarse a la Unión Europea, teme estropear relaciones con Europa Occidental y, en vista de ello, tenía que asumir una actitud muy prudente respecto al gas transportado a Occidente. El mandatario de Ucrania, Víktor Yúschenko, se veía obligado a “sustraer” comedidamente parte del gas exportado a Europa, justificándose y defendiéndose contra las invectivas de Rusia. Lukashenko que ya no tiene miedo a estropear relaciones con Europa, en caso de ser cortado el gas, podrá simplemente igonarar los compromisos de Rusia asumidos ante los consumidores europeos y “sustraer” todos los volumenes de gas necesarios para ésta, poniendo bajo amenaza las relaciones Rusia-Occidente. Es más, precisamente ahora que Rusia preside el G8, una nueva “guerra” de gas sería obviamente desfavorable para Rusia.

       Por esto, por un lado, la dependencia de Bielorrusia es mucho mayor, lo que la hace más vulnerable a la presión de Rusia. Pero, por el otro, si Rusia se valiera de esta posibilidad podría salir perjudicada ella misma. No se descarta la posibilidad de que, en resumidas cuentas, Moscú se verá obligado a diversificar sus métodos eludiendo el empleo del gas  como instrumento estratégico.

       Sea como fuere, con respecto a Lukashenko existe uno de los más eficientes argumentos: si llegara a desarrollarse una crisis, éste correría el riesgo de caer en aislamiento global, y entonces se vería amenazada no sólo la estabilidad económica del país, sino también la política, lo que constituiría para Lukashenko las más graves consecuencias.

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