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    ¿PARA QUÉ NECESITA EL PENTÁGONO OJIVAS NO NUCLEARES?

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    Víctor Litovkin, RIA Novosti.

    Víctor Litovkin, RIA Novosti. No hace mucho, The Washington Post insertó el artículo de dos ex secretarios de Defensa de EE.UU., Harold Brown (1977-1981) y James R. Schlesinger (1973-1975) quienes proponen instalar ojivas no nucleares contra objetivos independientes en misiles estratégicos norteamericanos, en primer lugar, en los SLBM lanzados desde submarinos Trident II D5.

    Se afirma que tales ojivas son mucho más cómodas y eficaces para eliminar a los terroristas que, digamos, misiles de crucero o bombas de aviación. Bastaría con obtener datos de información sobre la ubicación de las bases logísticas de terroristas, sus coordenadas, y dentro de segundos contados contra éstas se asestaría un golpe demoledor, sin que sea necesario enviar bombarderos, portaviones con escolta o submarinos. La operación se llevará a cabo con mucha rapidez y extrema precisión.

    La idea de los titulares en retiro se apoderó tanto de las mentes de la cúpula dirigente de Washington que en el Congreso USA ya comenzó a debatirse la asignación de recursos para las ojivas no nucleares de misiles estratégicos. Pero ¿realmente estas ojivas serán una panacea en la lucha contra el terrorismo internacional?

    Desde luego que no. Cualquier hombre sensato y algo versado en la problemática militar sabe que la lucha contra el terrorismo internacional en general y con los terroristas en particular no requiere misiles sino unos armamentos más sutiles y diversos. En tal caso, ¿para qué el Pentágono necesita montar ojivas no nucleares contra objetivos independientes en misiles balísticos intercontinentales y por qué están tan preocupados con ello sus cabilderos de alto rango?

    La respuesta no es tan sencilla como podría parecer a primera vista. Especialistas rusos en temas militares a quienes hemos consultado afirman que tales ojivas se necesitan, en primer lugar, para disimular la carga nuclear. Ningún radar de aviso sobre el ataque nuclear es capaz de discriminar si las ojivas en vuelo son nucleares o convencionales. Aunque en tal caso la palabra “convencional” suena algo raro. Las ojivas contra objetivos independientes son costosas y por esta razón simplemente no pueden llevar carga convencional. Al mismo tiempo, la indefinición en la clasificación de los objetivos genera nerviosismo, provocando demoras en la toma de la decisión de asestar el golpe de represalia. La ventaja del tiempo puede resultar decisiva para el éxito del agresor.

    Otra “incomodidad” de las ojivas no nucleares estriba en que son susceptibles del control sobre los armamentos estratégicos ofensivos. EE.UU. podría anunciar que en una determinada cantidad de sus submarinos atómicos están instalados misiles con ojivas convencionales, sin que sea posible comprobar si es así en realidad. Rusia no tendría ninguna seguridad de que hacia el 31 de diciembre de 2012, fecha en que las partes contratantes deben tener cada 1.700-2.200 cabezas nucleares operacionales, EE.UU. realmente disponga de la cantidad estipulada de tales ojivas y no esconda en misiles decenas o centenares de otras camufladas como “no nucleares”.

    Pero lo fundamental, según opinan especialistas, consiste en que las armas estratégicas dotadas de cargas no nucleares están destinadas para cumplir tareas de combates sumamente importantes, incluyendo golpes contra empresas productoras de armas nucleares, depósitos de desechos radiactivos (tanto líquidos como sólidos), contra otras empresas de la industria atómica. La explosión de una ojiva clásica, pero de gran potencia, en tales objetivos sería equiparable a la de bomba atómica con todas las consecuencias derivadas: el impulso electromagnético que pone fuera de servicio todos los equipos e instrumentos eléctricos, sistemas de comunicación y control, contaminación radiactiva del terreno, la radiación penetrante y la imposibilidad de utilizar estas áreas durante más de cien años.

    Riesgos análogos correrán empresas extractoras de petróleo y gas, refinerías, depósitos de derivados de petróleo, centrales hidroeléctricas, diques y represas, empresas de la industria de Defensa, astilleros, fábricas. Si entre estas así llamadas ojivas no nucleares figuran municiones que utilizan la penetración supersónica en el cuerpo de una represa de alta montaña mediante su detonación en una hora “cómoda” para el agresor, se presentará la posibilidad de chantajear a la parte agredida. La amenaza de destruir la represa por explosión, generar una ola gigantesca y provocar un golpe dinámico de descomunal poder de destrucción se hará una realidad. En comparación con tal ola, el huracán Katrina que desterró toda  la ciudad de Nueva Orleáns parecerá una chiquillada. Consiguientemente, la amenaza sembraría pánico entre la población que no podrá detener ni la policía ni el Ejército.

    Precisamente tal arma desestabilizadora pregonan los ex secretarios norteamericanos de Defensa, Harold Brown y James R. Schlesinger. Quizás justamente por eso la idea de ellos cuenta con un apoyo tan fuerte en el Congreso USA. Washington ya dispone de un Ejército que se adelanta unos decenios respecto a otros Ejércitos del mundo. Pero esto le parece poco. La Casa Blanca pretende obtener ventajas militares adicionales y, de paso, iniciar una nueva fase de la puja armamentista, socavar las economías, todavía no consolidadas, de los países competidores en la palestra internacional. Así las cosas, sólo se puede cifrar esperanzas en el raciocinio de los altos dirigentes políticos y militares de Rusia. Se entiende que de un arma de disuasión política del agresor (que de hecho no tiene visos de ser empleada) los misiles estratégicos con ojivas no nucleares se convierten en arma real del campo de batalla. Correspondientemente, aumenta la probabilidad de que sean utilizadas incluso en un conflicto local. Pero ahora es muy importante no dejarnos llevar por la tentación y no vernos arrastrados a una rivalidad extenuante. Hemos de seguir manteniendo alerta nuestros misiles nucleares sumamente eficaces. Su número no es grande, pero suficiente para garantizar contra cualquiera chantaje y presiones políticas. Si algunos se desviven por gastar el dinero sobrante en nuevos tipos de armas, allá ellos. En el Mensaje Anual a la Asamblea Federal el presidente de Rusia ya hizo esta advertencia: “El lanzamiento de tal misil podría provocar una reacción inadecuada por parte de las potencias nucleares, incluyendo un golpe de represalia a gran escala con empleo de las fuerzas estratégicas nucleares”. No tengo nada que añadir.

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