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    SAO PAULO ACOGE UNA MUESTRA QUE RINDE HOMENAJE AL CÓMIC ESPAÑOL

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    TeleSUR / 07/06/2006

    El Instituto Cervantes de Sao Paulo acoge la muestra de "El cómic de la democracia española", una exposición que refleja la evolución del género en España tras la caída del régimen franquista.

    En la muestra, que reúne un centenar de originales de 84 autores, se podrá apreciar que hasta 1975 la estética y los contenidos del cómic respondían a una línea de pensamiento y obra "políticamente correcta", rayana en lo costumbrista y a menudo pueril.

    Los creadores mostraban en sus páginas los buenos modales que debían seguir las féminas, las aventuras de bravucones héroes patrios y las jocosas peripecias de personajes simpáticos e inofensivos. Detrás de esos pasajes aparentemente pacatos se escondían en contadas ocasiones veladas críticas a la dictadura.

    Todo cambió con la llegada de la transición democrática, un período histórico, de 1975 a 1982, en el que se produjo la irrupción de una heterodoxa generación de dibujantes que introdujo una temática hasta entonces inédita que buceaba en la marginalidad, desde las relaciones homosexuales hasta el mundo de las drogas.

    "Nacía así una sátira sobre la realidad inmediata, que pasó a ocupar las páginas de publicaciones como "El Popus" o "El Jueves", que fue una de las crónicas más incisivas que se hacían en España", dijo a la agencia de noticias Efe José María Conget, escritor y comisario de la muestra.

    Nazario, Pons o Carlos Giménez fueron algunos de los autores que dejaron su impronta en clásicos del género como "El Víbora", "Tótem" o "Címoc", en un tiempo en el que la irrupción de firmas extranjeras como Milo Manara o Hugo Pratt estimuló a los creadores españoles a reflejar en el papel su ideario crítico.

    "Fue un momento muy brillante, en el que los dibujantes tuvieron la ventaja de la sorpresa", apuntó Conget, quien consideró que la explosión que se produjo durante el gobierno socialista, con la multiplicación de publicaciones, provocaría una "saturación del mercado que obligó a sus autores a buscar otras maneras de seguir produciendo cómics".

    Esa época dorada del cómic español dio paso a una fuga de cerebros hacia otros campos como la publicidad, el diseño o la pintura, lo que significó la quiebra de las fronteras por parte de ilustradores como Font, Giménez, Nazario, Maroto o Daniel Torres, que vieron publicada su obra en revistas extranjeras.

    El testigo, hoy, ha sido tomado por autores tan dispares como el ácido Alvarez Rabo o el iconoclasta Miguel Angel Martín, dos provocadores natos también presentes en la muestra cuya obra (en el caso de Martín) ha llegado a ser censurada en el extranjero.

    "No pretendo que estén todos los que son y, de hecho, hay gente muy buena de los años setenta que no está presente porque no hay originales suyos", aseguró Conget en relación a las ausencias.

    "Dentro de unos años no se podrán hacer este tipo de iniciativas porque ahora se hace todo (los dibujos) por ordenador", afirmó.

    Todas las obras expuestas son originales, excepto una de Mauro Entrialgo, que se trata de una reproducción, ya que ha dejado el papel por el ordenador, explicó el comisario.

    "De los jóvenes, es el único que tiene dos planchas en la exposición", explica Conget en relación al autor vasco, cuya obra, "una crónica costumbrista con gente de su generación", está fuertemente influida por la cultura del rock.

    "Esta exposición es un homenaje a la gente que ha hecho cómic en condiciones heroicas y una forma de dar a conocer en el extranjero un medio no siempre reconocido culturalmente", aseguró Conget, que calificó la producción española como "muy buena".

    "Industrialmente, nuestro cómic es deficiente, pero estéticamente es muy valioso, ya que tenemos autores de primera, comparables a figuras europeas o norteamericanas", concluyó Conget.

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