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    ¿ACEPTARÁ TEHERÁN LA “ZANAHORIA” QUE SE LE OFRECE?

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    Piotr Goncharov, RIA Novosti. Los ministros de Asuntos Exteriores de seis países que se ocupan del problema nuclear iraní, consensuaron, por fin, sus posturas.

    Piotr Goncharov, RIA Novosti. Los ministros de Asuntos Exteriores de seis países que se ocupan del problema nuclear iraní, consensuaron, por fin, sus posturas.

    Todo viene a indicar que las ofertas promovidas el jueves pasado en Viena por los cancilleres de Gran Bretaña, Alemania, Francia, EE.UU., China y Rusia con vistas a resolverlo de hecho no les dejan a las autoridades de Teherán posibilidades algunas para la maniobra.

    Estas ofertas, denominadas por los medios de comunicación como “paquete de látigos y zanahorias”, abarcan tres dominios: el programa nuclear iraní, la cooperación económica y comercial con Irán, así como temas de seguridad. Los cancilleres se negaron a comentar los detalles de las ofertas (¿qué es lo que concretamente se le propone a Irán a cambio de su renuncia a enriquecer uranio? ¿Se aplicarían sanciones en caso de que Irán rechace las ofertas? ¿Qué sanciones serían?) para no perjudicarlas, afirmando que son “muy importantes”.

    Pero la intriga principal está justamente en los detalles. Por ejemplo, los asistentes a la reunión de Viena le propusieron a Irán entablar las negociaciones suspendiendo los trabajos de enriquecimiento de uranio, a tenor con las resoluciones de la AIEA. En tal caso, en el Consejo de Seguridad de la ONU serían suspendidas asimismo las discusiones respecto al dossier nuclear iraní, mientras a la mesa de las negociaciones las partes discutirían también las garantías al derecho legítimo de Irán a desarrollar su energía nuclear civil, observando estrictamente el régimen de no proliferación.

    Como es sabido, Teherán defiende su derecho a desarrollar tecnologías nucleares propias como signatario del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Partiendo de que las exigencias de la Unión Europea de cesar plenamente el enriquecimiento de uranio contradecían el clausulado del documento arriba mencionado, el año pasado, Irán se retiró del proceso negociador con el trío europeo: Alemania, Francia y Gran Bretaña. También hoy, Teherán esgrime los mismos postulados para argumentar su postura, negándose a volver a la mesa de las negociaciones hasta que sea reconocido su derecho a realizar el ciclo completo de enriquecimiento de uranio.

    La oferta adelantada por el “sexteto” es a todas luces una fórmula de compromiso. En opinión de varios participantes suyos (en particular, de Rusia, China y Alemania), la reanudación de las negociaciones le ofrecerá a Irán una posibilidad real de estipular para sí una esfera limitada (para una primera etapa, de hasta 5 años) de enriquecimiento de uranio.

    Tal oferta es evidentemente ventajosa para Irán, pero de otro lado le priva de las posibilidades para maniobrar, si insiste en el enriquecimiento industrial de uranio.

    La razón es como sigue. Por regla general, Irán argumenta la decisión de idear su propia tecnología de enriquecimiento de uranio alegando a que en una ocasión Occidente ya se había negado a suministrarle uranio enriquecido, y no hay garantías de que esto no vuelva a repetirse. Mientras tanto, entre los posibles estímulos y medidas de seguridad The Washington Post menciona el apoyo al programa nuclear civil de Irán, supuestamente ofertado por el “sexteto”, así como la creación, bajo el control de la AIEA, de las reservas de combustible nuclear para Irán en cantidades suficientes para satisfacer las necesidades nacionales durante un lustro. De ahí, ahora a las autoridades de Teherán les será difícil apelar al famoso refrán iraní que reza: “El mordido por serpiente le tiene miedo a la soga”.

    Al comentar el contenido del paquete de propuestas, The Washington Post se refiere también a las medidas de castigo, previstas para el caso de que Teherán se niegue a cooperar con la comunidad mundial. En calidad de “látigos” potenciales se mencionan el embargo sobre el suministro a Irán de armas y cualesquiera productos y tecnologías relacionados con el programa nuclear, la congelación de los activos de las organizaciones iraníes, el cese de la cooperación con Irán por parte de la AIEA y otros pasos.

    Estas medidas coercitivas en todo caso descartan la aplicación del artículo 42 de la Carta de la ONU que estipula el empleo de la fuerza armada. Justamente en contra de este artículo se habían pronunciado en su tiempo Rusia y China, oponiéndose de este modo a EE.UU. y al trío europeo que lo secundaba.

    El paquete de las ofertas no es tan mal para Irán. Teherán tiene posibilidades que aprovechar. Por ejemplo, la de sentarse a negociar que le regatearon Moscú y Pekín. En particular, expertos rusos ya estudian la variante de concesiones recíprocas por parte de Irán y de EE.UU. Según esta variante, EE.UU. reconoce el derecho de Irán a enriquecer uranio en 164 centrífugas (como un hecho ya consumado). Teherán, por su parte, declara moratoria provisional sobre el enriquecimiento industrial. La futura suerte del programa nuclear iraní la decidirá la AIEA.

    La palabra la tiene Teherán.

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