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    LO QUE LE PREOCUPA A CHENEY NO ES LA SUERTE DE LA DEMOCRACIA EN RUSIA SINO LA AMENAZA A SUS INTERESES DE CABILDERO

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    Los intereses económicos norteamericanos en Rusia están estrechamente entrelazados con los intereses nacionales de EE.UU., los intereses corporativos del Partido Republicano y las preferencias personales del vicepresidente Richard Cheney.

     

    No es de asombrar, pues, que este político reaccione tan agresivamente a los cambios en la situación política en Rusia. Es posible que la élite gobernante de EE.UU. no sea indiferente hacia la suerte de la democracia en nuestro país, pero el enfado de Cheney es ante todo el enfado de un cabildero enfurecido.

    La estrategia energética de Rusia hasta 2020 fue elaborada la primavera de 2002 por Cheney y el entonces primer ministro ruso Mijaíl Kasianov. Con el correr de los años, las posturas de los ex interlocutores no experimentan notables cambios. También hoy, Kasianov afirma que $20 por barril de petróleo es un precio justo para Rusia.

    Justamente bajo la influencia de Cheney fue diseñado el proyecto de la red de tuberías de Murmansk, a la que obviamente le faltaban tanto crudo como buques de gran desplazamiento. El propio mandatario de EE.UU., George Bush, calificó en estos términos el consorcio de construcción de la tubería del Caspio, también auspiciado por Cheney: “Este proyecto contribuye a llevar a vías de hecho la estrategia energética de mi Administración, desarrollando la red de numerosas tuberías del Caspio. Tales proyectos cooperarán a diversificar el suministro de agentes energéticos a Estados Unidos”. Este proceso alcanzó su apoteosis cuando en otoño de 2003, el Gobierno de la Federación Rusa dio su consentimiento para vender la acción de oro de la corporación YUKOS-Sibneft a la norteamericana Exxon Mobi.

    Tal política no podía durar mucho y conduciría inevitablemente a la pérdida de la soberanía económica de Rusia. Hoy, los principales oleoductos se hallan bajo el control del Estado. Hoy, la política energética de Rusia difiere radicalmente la que se practicó entre 2001 y 2003. Pero esta política no se basa, según afirma Cheney, en “intimidación y chantaje”, sino en los reales intereses económicos de Rusia.  Esto se refiere en plena medida al mercado interno de Rusia, al espacio de la CEI y a los demás países, opina Dmitri Orlov, Director General de la Agencia de Estudios Políticos y Económicos.

     

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