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    LA UNIÓN EUROPEA CONVIDADA POR PUTIN. A JAVIER SOLANA LE GUSTARON MÁS QUE NADA LAS BEBIDAS

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    Para “El Confidencial Digital” Piotr Romanov, RIA NOVOSTI. En Sochi, en la costa del mar Negro, se desarrolló la reunión en la cumbre Rusia – UE.

    El presidente de Rusia, Vladimir Putin, recibió a los huéspedes  - José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea; Javier Solana, comisario para la política exterior y la seguridad, y Wolfgang Schüssel, canciller de Austria, país que actualmente preside la UE -  en el centro balneológico “Rus”.

    Pese a las declaraciones optimistas que hacían tanto la parte rusa como la UE en  vísperas de la reunión, no había plena seguridad de que ésta se desarrolle sin problema. Los últimos años, desde que la Unión  Europea se ha ampliado, las negociaciones entre Rusia y la UE  casi siempre avanzan con dificultad, no importa el tema que se trate. Los nuevos miembros de la UE sienten una abierta aversión hacia Moscú, porque siguen experimentando los dolores fantasma que les han quedado de la época soviética. En Moscú lo miran con comprensión, pero no se puede estar tentando hasta lo infinito su paciencia. A Rusia, que tiene buenas y constructivas relaciones bilaterales con la mayoría de los principales países europeos, le parece una pérdida injustificada de tiempo lo de estar tropezando en cada punto de la agenda por culpa de los novatos de la UE. Al tratarse de las divergencias serias, la lentitud en el avance parece comprensible y natural, pero si se trata de unos complejos arraigados, tipo los descritos por el abuelo Freud, entonces se la percibe de otro modo. Debido a esta última circunstancia, la cooperación entre Rusia y la UE pierde mucho.

    Pese a ello, la actual reunión en la cumbre ha sido un éxito, en opinión de las dos partes. Primero, fue firmado el convenio de readmisión, muy importante para la UE, el cual alivia mucho para Europa la tensión que allí provoca la inmigración ilegal. A diferencia de la Unión Europa, la que sólo gana de la firma de este documento, para Rusia éste es un arma de dos filos: por una parte, crea nuevos problemas para ella, pero por la otra elimina un problema grave en las relaciones con la UE y permite plantear lo propio en las negaciones sobre readmisión que Moscú está sosteniendo con unos 30 Estados, cuyos ciudadanos o trabajan ilegalmente en Rusia o utilizan su territorio como uno de tránsito, para infiltrarse luego en Europa. Rusia comprende que se está echando encima una carga pesada, pero consciente de que este problema grave debe zanjarse de modo legítimo y civilizado, acomete su solución. 

    Segundo, el convenio de aligeramiento del régimen de visados firmado durante la reunión es un hecho positivo para Moscú, para el que el tema de visados sigue siendo muy sensible tanto en general como en el caso concreto de la provincia de Kaliningrado, la que tras la desintegración de la URSS se convirtió en un exclave, por lo que se hizo muy difícil mantener normales contactos con ella por el problema de visados. Mientras que Rusia por su parte destruyó hace mucho ya el telón de acero que la separaba de Europa, en particular introdujo el régimen de circulación sin visados con varios países, la Unión Europa mantiene de facto el telón en cuestión en forma del visado de Schengen. El actual convenio aunque no elimina del todo el problema, permite mitigar su gravedad, y como una variante intermedia satisface a las dos partes.

    En la reunión se debatieron también otros problemas importantes, empezando por la cooperación en materia energética y terminando con el programa nuclear de Irán. A juzgar por las manifestaciones que se hacían durante la rueda de prensa celebrada al término de la reunión, las dos partes han quedado satisfechas con el debate desarrollado.

    Según comentarios de los periodistas que cubrían la cumbre, en ésta reinó un clima caluroso, los participantes a veces se permitían salirse de los marcos protocolarios. Como el principal perturbador de la tranquilidad actuó Javier Solana. He aquí unas líneas del reportaje escrito por el enviado especial del prestigioso periódico ruso “Kommersant”: “Los líderes de Rusia y la UE llegaron a la rueda de prensa una hora y media más tarde de lo que habían prometido. Ellos estuvieron almorzando, después de lo cual a algunos de ellos era difícil reconocer. Por ejemplo, Javier Solana se agarraba de las solapas de Putin y le susurraba algo al oído, soltando risillas. Me extrañé pensando:¿cómo el señor Putin logró en tan poco tiempo atraer a su lado a Javier Solana?, pero luego comprendí que éste simplemente estaba tomado. Era un auténtico placer estar observando al comisario de la UE. Aquello que hacía él en el escenario uno difícilmente podría imitar. Cuando se suscribían convenios, Solana movía la silla debajo de una dama europea que ponía su firma, pero parecía que él simplemente se sujetaba a la silla para no caer.” Etc, etc.

    Bueno, a los rusos también les suceden cosas así.

    Resumiendo, se puede hacer constar que era una cumbre fructífera, se desarrolló en un clima cálido y amistoso al máximo. Todos los participantes la van a recordar durante un largo tiempo, especialmente algunos.

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