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    En 1967, Eduardo Galeano documentó a lo largo de varios meses la lucha guerrillera en Guatemala. En este tiempo entrevistó a líderes y combatientes de grupos rebeldes que luchaban contra una junta militar impuesta. Sus impresiones en el país centroamericano son el germen del resto de su obra.

    Apareció en tiradas independientes y hay quien lo ve como el germen del resto de su obra. En  especial, de Las Venas abiertas de América Latina, su gran análisis sobre el continente. Más de medio siglo después, Siglo XXI lo ha recuperado: el pasado mes de marzo, la editorial española publicó Guatemala. Ensayo general de la violencia política en América Latina, de Eduardo Galeano. Coincide el quinto aniversario de su muerte (el 13 de abril de 2015, a los 75 años) y muestra la capacidad del autor uruguayo para explicar una realidad global desde un caso concreto.

    Galeano documenta una nación en medio de dos coyunturas: por un lado, la Guerra Fría que dividía el mundo en bloques según su sistema económico; por otro, un conflicto civil que duró casi cuatro décadas. Todo empezó con el golpe de estado de 1954. Se produjo bajo el nombre de la operación PBSUCCESS, comandada por la CIA (el servicio de inteligencia estadounidense). El objetivo era derrocar a Jacobo Arbenz Guzmán, presidente elegido de forma democrática tres años antes. Sus reformas agrarias perjudicaban a la empresa bananera United Fruit Company y fueron consideradas como "comunistas" por el espionaje estadounidense.

    Desde la Casa Blanca se catalogaba al país como apéndice playero de la Unión Soviética en Centroamérica. Y orquestaron esta entrada al poder de la mano del coronel Carlos Castillo Armas. La desestabilización llevó a un periodo de mandatos militares y a la citada Guerra Civil, que duró de 1960 a 1996. En esta contienda participaron las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) y el Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre (MR13). De la mano de sus líderes y combatientes se movió un joven Eduardo Galeano, que registró para varios medios el día a día de ambas guerrillas.

    Lo hace —tal y como describe en el prólogo Daniel Weinberg, profesor de la Universidad Pedagógica Nacional de Argentina— con un "nuevo estilo de hacer periodismo" acorde al clima de la época: se masticaban las corrientes del norte, con Tom Wolfe o Truman Capote a la cabeza, o las del boom que tenía en Rodolfo Walsh y su Operación Masacre, de 1957, un modelo claro. Marca esta crónica un "punto de inflexión" en su "expresión narrativa", que va conformando esa peculiar mirada poética que después destaca como seña de identidad de textos posteriores como Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

    Al inicio, por ejemplo, lamenta el caprichoso foco que se le otorga a la trágica condición del país:

    "Guatemala es víctima, como toda Latinoamérica, de una conspiración del silencio y la mentira. Los medios de información, que fabrican la opinión pública, ocultan y deforman los hechos con arbitrariedad y eficacia: las noticias se contraen hasta desaparecer o se hinchan hasta el estallido, según convenga".  

    Se une en los primeros textos a César Montes, comandante de las FAR, y narra los entresijos de la batalla. "Ni en las horas de mayor peligro pierden los guerrilleros su sentido del humor, lo que no quiere decir que pierdan su sentido de la disciplina: simplemente, han descubierto que no son cosas incompatibles", apunta. Más tarde, anota: "El derecho a enfermarse no es el único derecho que pierden los guerrilleros en las montañas: ayer, los hombres de esta patrulla han comido hojas silvestres hervidas, con sal. Mañana, quién sabe. Esta noche, será necesario caminar. La movilidad es la mejor arma del guerrillero: darles tregua a las piernas por demasiado tiempo puede significar la muerte".

    El autor de El libro de los abrazos alterna alegorías sobre el quetzal, ave que simboliza Guatemala, con unas palabras del jefe guerrillero sobre la financiación de sus grupos: "Obtenemos nuestros recursos de los secuestros de grandes capitalistas que durante años han estado explotando la fuerza del trabajo de los obreros guatemaltecos: así restituimos al pueblo parte de la riqueza que le han arrebatado. Siempre elegimos empresas extranjeras o explotadores guatemaltecos odiados por todos".    

    También examina Galeano el mecanismo productivo del país. "La economía de Guatemala reposa sobre las sufridas espaldas de los incontables millares de hombres, mujeres y niños indígenas", advierte, explicando cómo son transportados de latifundio en latifundio.

    "Típica economía de monocultivo y exportación, la economía guatemalteca depende del desplazamiento anual de esta masa inmensa de trabajadores estacionales, a los que se paga salarios de hambre en las zafras del café y el algodón".

    Partiendo de esta observación empírica, el libro intercala pasajes que relatan el presente con una panorámica del pasado de Guatemala. "Desde largo tiempo atrás, el destino de Guatemala se venía jugando a la suerte de monedas extranjeras, en Wall Street, o en Washington o en los cuarteles generales del Pentágono", arranca Eduardo Galeano, que continúa: "Al haber sido desgarrada Centroamérica, como Latinoamérica toda, por las fronteras que el imperialismo consolidó o inventó para dominarla mejor, no será el imperialismo quien reconstruya la fracturada patria grande".

    "Guatemala empezaba a demostrar que un país puede romper el subdesarrollo, salir de la miseria, sin humillarse como mendigo a las puertas del Imperio. Hubo una nueva Constitución que, por primera vez, no fue una retórica trampa redactada por los doctores a espaldas de su pueblo", sostiene, volviendo a los años de Jacobo Arbenz Guzmán y abordando el devenir de una nación que sirvió como cobaya para el resto del continente.

    Comenta Galeano en este sentido la ubicuidad de los tentáculos estadounidenses, que pronto se extenderían a los vecinos latinoamericanos. Y que no llegarían a provocar una guerra como la de Vietnam, contemporánea a sus incursiones en territorio guerrillero, pero serían igual de nocivas.

    "Las cosas son, en Guatemala, más visibles y sensibles que en otras partes: este es un régimen que impone a sangre y fuego la ley del más fuerte; esta es una sociedad que condena a la mayoría de los hombres a vivir como en un campo de concentración. Este es un país ocupado donde el Imperio exhibe las uñas y los dientes".

    Y concluye: "Aquí el enemigo no es de humo: el imperialismo no es, aquí, una mano secreta que manipula los precios en los mercados internacionales, invierte capitales y concede préstamos para llevarse dividendos y soberanía. Es todo eso pero, además, es el napalm incendiando las montañas y los boinas verdes enseñando a matar y a torturar. Es un empresario o un embajador de carne y hueso imponiendo su voluntad a un ministro o a un presidente, una ley burlada y un campesino estafado, un joven estudiante acribillado a balazos en la calle. Aquí el imperialismo es, también, su negación: los guerrilleros reivindicando con las armas en las manos el derecho de los guatemaltecos a gobernarse por sí mismos".

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    bloques, Guerra Fría, imperialismo, latinoamérica, Eduardo Galeano, periodistas, periodismo, literatura, libros, exguerrilleros, guerrilleros, guerrilla, Guerra Civil Guatemalteca, Ejército de Guatemala, Guatemala
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