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    Okunoshima es una pequeña isla del mar interior de Seto, en la prefectura de Hiroshima, al sur de Japón. Allí habitan cientos de conejos que hacen las delicias de los turistas atraídos por una postal tan idílica como curiosa. Sin embargo, este pequeño territorio nipón tiene una oscura historia enmarcada en el horror de la Segunda Guerra Mundial.

    Conocida también como la Isla de los conejos, ya que en ella habitan varios centenares de estos mamíferos, Okunoshima es un destino turístico menor que creció en popularidad, aunque su pasado está marcado por los crímenes de guerra.

    Entre 1929 y 1945, la isla albergó instalaciones donde se fabricaron hasta cinco clases de gases venenosos. Estos fueron utilizados durante la segunda guerra sino-japonesa (1937-1945), que enfrentó al Imperio de Japón con la República China, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial.

    Si bien el Protocolo de Ginebra, firmado en 1925 y en vigor desde 1928, prohíbe el uso de armas químicas y biológicas, no señala nada acerca de su producción y almacenamiento. Japón no vio entonces impedimentos legales para el desarrollo de su arsenal.

    Una isla oculta en los mapas

    Okunoshima, la isla de los conejos en Japón
    Okunoshima, la isla de los conejos en Japón

    En 1923, el gran terremoto de Kanto (de magnitud 7,8 en la escala Richter) afectó varias prefecturas de Japón, entre ellas Tokio. Las instalaciones militares donde se trabajaban con armamento químico en la capital nipona quedaron destruidas. Por ello, cuando las autoridades decidieron llevar adelante el desarrollo de armas bacteriológicas, resolvieron construir una base en Okunoshima. Era más barato que reconstruir los edificios militares en Tokio. Y más seguro.

    Esta pequeña isla presentaba ventajas logísticas. Estaba suficientemente alejada de centros poblados, lo cual tendría menos consecuencias sanitarias en caso de que ocurriese algún accidente. Asimismo, se encontraba a una distancia corta de las bases militares más cercanas, en especial de Hiroshima.

    Contenedores cerámicos para fabricación de gas mostaza en Okunoshima, Japón
    Contenedores cerámicos para fabricación de gas mostaza en Okunoshima, Japón

    La construcción de la fábrica comenzó en 1927, y la producción de gases tóxicos en 1929.

    Para mantener las instalaciones en secreto, eliminaron la isla de los mapas de la época.

    Trabajadores —y conejos— en peligro

    Se estima que entre 1929 y 1945 se produjeron más de 6.000 toneladas de gases venenosos en Okunoshima, entre ellos el infame gas mostaza que causó enormes pérdidas humanas durante la Primera Guerra Mundial.

    En esos 16 años, unas 6.500 personas de las cercanías de Okunoshima trabajaron en la fabricación de armas biológicas. Aunque los salarios eran buenos, no había protocolos de seguridad eficientes, y muchos trabajadores sufrieron severos daños de salud al manipular sustancias peligrosas y exponerse a los gases.

    Asimismo, varias decenas de conejos fueron llevados a las instalaciones para probar los efectos de los gases. Luego, fueron liberados.

    A medida que la situación militar de Japón durante la guerra fue empeorando, también lo hicieron las condiciones laborales en Okunoshima. Hacia 1944, con el reclutamiento de hombres para combatir, muchos puestos de trabajo fueron ocupados por niños y adolescentes.

    Soldados japoneses en Nankou, Beijing, durante la segunda guerra sino-japonesa
    Soldados japoneses en Nankou, Beijing, durante la segunda guerra sino-japonesa

    Yasuma Fujimoto fue uno de los tantos civiles que sufrió daños permanentes derivados de la fabricación de los gases. Debió ser operado de cáncer de estómago. Señala que la seguridad de los trabajadores no era tan importante como alcanzar las metas de producción. Utilizaban solo máscaras de algodón hasta que se teñían de rosa a causa del trióxido de arsénico que respiraban.

    Fujimoto nunca recibió una compensación del Gobierno japonés. Es que esto implicaba una aceptación oficial de los crímenes cometidos en ese período, como el uso de estas armas en China. Allí se estiman no menos de 2.000 ataques japoneses que dejaron 90.000 víctimas, entre muertos y heridos. Pero este ha sido un tema tabú para Japón.

    Quien sí reconoció su culpa fue Fujimoto. Viajó a China en tres oportunidades para disculparse por su cuota de responsabilidad en la fabricación de gases tóxicos utilizados contra la población y tropas chinas en la segunda guerra sino-japonesa, especialmente en la Batalla de Changde.

    Los peligros ocultos en la isla (y en fondo del océano)

    Barcos utilizados para cargar los gases tóxicos fabricados en Okunoshima y hundirlos en el Pacífico
    Barcos utilizados para cargar los gases tóxicos fabricados en Okunoshima y hundirlos en el Pacífico

    Luego de la rendición de Japón, las fuerzas estadounidenses demolieron las instalaciones en Okunoshima. En 1946, parte del gas almacenado fue enterrado en 11 puntos distintos de la isla.

    En 1996, se descubrió que el agua de abastecimiento local presentaba un elevado nivel de arsénico.

    Otra parte de los barriles y cápsulas con gas fueron llevadas en barcos a distintos puntos del Océano Pacífico distantes entre 60 y 120 kilómetros de la costa nipona, donde fueron hundidos.

    Allí esperan.

    ¿Qué pasó con los conejos?
    Más de 700 conejos viven en la isla de Okunoshima
    Más de 700 conejos viven en la isla de Okunoshima

    En 1950, Okunoshima empezó a funcionar como un parque turístico.

    Según la versión oficial, los conejos que habitan Okunoshima en la actualidad no descienden de los ejemplares originales utilizados en las pruebas con químicos. Estos fueron eliminados por las fuerzas de ocupación aliadas, al mismo tiempo que derribaron la planta.

    Conejo de Okunoshima alimentado por turista
    Conejo de Okunoshima alimentado por turista

    En 1971 una excursión de niños escolares que visitaron la isla liberaron unos ocho conejos. Hoy son más de 700. Las autoridades del museo que funciona en la isla advierten a los visitantes que no traigan conejos para dejarlos en el lugar; es muy probable que no se adapten a la vida silvestre, a las condiciones climáticas y al propio comportamiento de los conejos autóctonos, quienes no les darán la bienvenida.

    El incremento de la población de conejos así como el creciente turismo han traído consecuencias negativas. Según informa National Geographic, los animales se han vuelto muy sociables y dependientes de la comida que los visitantes les dan. Pero estos alimentos no cumplen con los requerimientos nutricionales de la especie. Asimismo, la alimentación no es regular, ya que depende del flujo de visitantes. Si a eso se le suma el arsénico presente en el agua de la isla, la salud de los animales no es óptima.

    Las autoridades de Okunoshima han intentado que los turistas dejen de alimentar a los conejos para romper el círculo vicioso de malnutrición. En la isla, su esperanza de vida es de dos años, cuando en condiciones más favorables los conejos podrían alcanzar los 10 años.

    Etiquetas:
    islas, conejos, armas bacteriológicas, crímenes de guerra, armas químicas, gases tóxicos, Segunda Guerra Mundial, China, Japón
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