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    El verdadero G3: ¿a dónde nos conducirá el nuevo triunvirato global?

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    Hoy en día, los principales problemas mundiales son resueltos por "los tres grandes": Vladímir Putin, Xi Jinping y Donald Trump, opina Gilles Lapouge, autor del artículo publicado en el diario brasileño Estadao.

    Europa, la cual tiene una estrecha relación histórica con Oriente Próximo, no participa en la liberación de las ciudades clave en Siria e Irak. El periodista lo ve como una muestra de que el continente ha perdido su otrora importancia.

    Según Lapouge, "los tres grandes": Vladímir Putin, Xi Jinping, y Donald Trump, decidirán el futuro del mundo.

    Las diferencias entre los tres líderes son tan radicales, como sus regímenes políticos, señala el autor. Sin embargo, Lapouge destaca dos puntos en común.

    "El primero y el más obvio es el tamaño de sus reinos: en la geopolítica de hoy están dominando los mamuts. El segundo punto es que cada uno de ellos piensa y actúa en el marco del concepto de 'nación'".

    El autor admite que, como líderes de países industriales y comerciantes con experiencia, los tres se dan cuenta de que el mundo económico está globalizado. Pero en la política, lo pasan todo por el prisma del pueblo, asegura Lapouge.

    "En primer lugar está la nación afirman en unísono los chinos, los rusos y los estadounidenses".

    No obstante, los europeos son antípodas de esa exaltación nacionalista, observa el autor. Perseguida por los fantasmas de dos guerras tan sangrientas que las batallas que se libran hoy en Oriente Próximo parecen insignificantes, Europa a partir de 1948, se entregó en cuerpo y alma a lo "supranacional". Por lo tanto, la unión de 28 países europeos en un bloque debería ser, en teoría, el primer jugador mundial.

    Pero las organizaciones supranacionales tienen un inconveniente, señala el periodista.

    "Durante ciertos años sus logros fueron fascinantes, hasta que la rutina se derrumbó sobre ellos con el peso de todos los papeles y archivos llevó a la Unión Europea al borde de la asfixia. La reacción fue rápida: el Reino Unido se acordó de que era la más grande nación del universo. Hungría, Italia e incluso Francia empiezan a afirmar que lo supranacional es algo bueno siempre que esté en el pasado".

    ​Al comparar a Europa con "los tres grandes", Lapouge señala que los países europeos tienen otra particularidad que "tanto los fortalece, como los debilita".

    "El Viejo Continente sigue creyendo en cosas pasadas de moda como el Estado de derecho, la democracia, el liberalismo, la solidaridad, la medicina social. Pero ni siquiera Trump, que asumirá el cargo del principal arquitecto del Estado de derecho, parece dar mucho crédito a estas ideas europeas".

    El autor advierte que al mundo le espera grandes cambios.

    "Durante los próximos meses y años las cartas pueden ser barajadas de cualquier manera. Pero algunos dilemas permanecerán: ¿internacionalismo o nacionalismo? ¿Estado de derecho o religión? ¿Cinismo o moralidad? ¿Guerra o diplomacia? Lo que es seguro es que vamos a entrar en una época de grandes cambios", concluye Lapouge.

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