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    Сampo de detención de Guantánamo

    El fracaso de Guantánamo se extiende a la reinserción de sus liberados

    © AFP 2019 / ChantalL Valery
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    MONTEVIDEO (Sputnik) — El drama del sirio Jihad Ahmad Deyab, cuya salud peligra a causa de una huelga de hambre en Uruguay adonde fue trasladado desde Guantánamo, sigue un patrón similar en países muy distantes que han acogido a liberados del centro de reclusión estadounidense.

    En Kazajistán, Georgia o Eslovaquia, estos hombres liberados por su baja peligrosidad, la mayoría sin haber sido acusados formalmente de nada, sufren el abandono de las autoridades y las consecuencias de los acuerdos secretos que Estados Unidos firma con cada país.

    Sobrevivir a Guantánamo para morir en soledad

    El 7 de mayo de 2015, un excompañero de encierro de Deyab, el yemení Asim Thabit Abdullah al Khalaqi, falleció en Kazajistán cinco meses después de dejar Guantánamo.

    Al Khalaqi se encontraba muy enfermo de los riñones cuando fue dejado en libertad y en los meses en Kazajistán nunca obtuvo un tratamiento adecuado.

    El hombre y otros cuatro exprisioneros fueron enviados al país centroasiático en diciembre de 2014 y puestos bajo un programa de dos años conducido por la oficina local de la Cruz Roja, que incluye vivienda, un pequeño estipendio mensual, clases de kazajo y atención de salud.

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    El hombre falleció en su casa, solo, y la Cruz Roja solo se enteró días después, alertada por otro exdetenido que no lograba comunicarse con su amigo por Skype.

    "Estos hombres están bajo un programa de condiciones muy similares, diseñado por el Estado estadounidense para que sea igual en cualquier lugar del mundo; nos dejan libres, pero en el fondo seguimos presos, sin verdaderos cambios en nuestras vidas", había dicho entonces en Montevideo el sirio Deyab en una entrevista.

    Según Deyab, Al Khalaqi había pedido muchas veces atención médica adecuada "pero siempre recibía la respuesta de que no tenía nada".

    En una ocasión, la Cruz Roja lo visitó en su casa y él debió arrojarles la llave por la ventana ya que no podía moverse.

    Los otros cuatro liberados en Kazajstán tienen graves problemas de salud, en especial el tunecino Abdullah Bin Ali al Lufti, quien sufre dolencias cardíacas crónicas.

    Al Lufti se quejó al sitio de noticias Vice de que la policía kazaja entraba casi a diario a su apartamento sin pedir permiso, revisaba todo y luego se iba.

    Alegando razones de seguridad, Kazajistán los alojó en dos ciudades distantes y no les permitió asistir al funeral de Al Khalaqi.

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    Ninguno ha podido salir del país ni volver a ver a sus familias.

    Otros casos en Georgia y Eslovaquia

    La situación es similar para otros liberados en Georgia y Eslovaquia, según Deyab, que mantuvo contacto con muchos antiguos detenidos de Guantánamo.

    Los cinco exreclusos que viven en Eslovaquia, único país de la Unión Europea que no tiene una verdadera mezquita, permanecen en una suerte de limbo, según un informe de este mes de la revista estadounidense Newsweek.

    Como en otros países, los liberados están bajo un programa de dos años, conducido esta vez por la Organización Internacional para las Migraciones, que incluye un alquiler, un estipendio mensual, clases de eslovaco y asistencia de un psicólogo y un asistente social.

    Pero encontrar trabajo ha sido casi imposible y el programa de asistencia concluirá en pocos meses.

    En Eslovaquia son residentes extranjeros, ni refugiados ni solicitantes de asilo, de modo que el Gobierno no tiene obligación de reunificarlos con sus familias.

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    El sirio Deyab ha alegado que solo los reinos del Golfo o países ricos como Gran Bretaña o Alemania dieron a los liberados de Guantánamo el apoyo que necesitan para rehabilitarse.

    La desaparición de los chinos uigures

    A las lejanas islas de Palaos, en el mar de las Filipinas, fueron enviados en 2009 seis liberados de la etnia china uigur.

    Aunque en el plazo de un año algunas familias llegaron a ese remoto lugar, el Gobierno les cortó la asistencia luego de dos años y el mejor empleo que pudieron obtener, como guardias privados de seguridad, les aseguraba un salario para vivir bajo la línea de pobreza.

    Nunca lograron adaptarse a vivir en medio de una población de 20.000 habitantes ajena al islam.

    "Cuando nos liberaron estábamos muy felices (…) pero ahora es como estar de nuevo en Guantánamo", dijo uno de ellos a un medio internacional en 2013.

    Para inicios de 2015, ninguno seguía viviendo en el archipiélago; Estados Unidos se los llevó junto a sus familias a un destino desconocido incluso para altos funcionarios de Palaos, según el diario canadiense The Globe and Mail.

    La situación en Uruguay

    Uruguay también puso a sus seis liberados bajo un programa de dos años que incluye un estipendio mensual de unos 400 dólares, vivienda, clases de español y atención de salud en un hospital público.

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    Ninguno ha podido todavía obtener medios de vida para que, cuando acabe la asistencia en unos meses, puedan sostenerse por sí mismos; pero debieron firmar un acuerdo que entrañaba guardar silencio sobre lo que vivieron y no intentar salir de Uruguay por dos años.

    El programa demostró ser inadecuado para resolver los problemas de los liberados y se enmarca en un acuerdo entre Washington y Montevideo que incluye algún tipo de vigilancia sobre los seis hombres y restricción de sus movimientos.

    Deyab, quien está haciendo huelga de hambre en reclamo de otro país de residencia y el reencuentro con su familia, pudo comprobar que no podía vivir donde quisiera.

    Dejó el país a inicios de junio y tras un viaje todavía no explicado apareció en Venezuela a fines de julio, fue detenido e incomunicado y luego deportado a Uruguay.

    El Gobierno uruguayo continúa negando que haya firmado un acuerdo para limitar o controlar a los liberados de Guantánamo.

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    Etiquetas:
    Guantánamo, Jihad Ahmad Deyab, Uruguay, EEUU
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