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    La policía de China

    Dos funcionarios chinos roban cadáveres para cumplir con las cuotas de cremación

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    Dos funcionarios chinos han sido detenidos por comprar cuerpos que necesitaban para cumplir con las cuotas de cremación impuestas, según la prensa local.

    Una trama de robo de cadáveres ha revelado las dificultades de las autoridades para vencer la milenaria costumbre china de enterrar a sus familiares.

    Dos funcionarios locales han sido detenidos por comprar cuerpos que necesitaban para cumplir con las cuotas de cremación impuestas, según la prensa local.

    La operación policial nació después de que un vecino de la provincia de Guangxi denunciase que el cadáver de su abuelo había sido robado de su tumba a pesar de que varios familiares se habían turnado en su vigilancia por los frecuentes casos parecidos ocurridos en la región.

    Los agentes detuvieron poco después a un ladrón de tumbas apellidado Zhong, quien acabó confesando que había robado una veintena de cadáveres en pueblos de la región, los había colocado en bolsas y transportado en moto a la provincia vecina de Guangzhou.

    La sorpresa llegó cuando Zhong reveló que sus compradores eran dos funcionarios de las ciudades de Gaozhou y Huazhou apellidados He y Dong, quienes estaban a cargo del cumplimiento de la reforma funeraria.

    Estos confesaron que sólo intentaban cubrir las cuotas de cremación impuestas que la tozudez de sus vecinos por enterrar de incógnito a sus familiares habían torpedeado.

    Los cadáveres robados eran identificados con los nombres de los vecinos fallecidos y llevados al crematorio para que cuadrasen los números.

    Dong ha admitido que pagó 3.000 yuanes (490 dólares) por cada uno de los diez cadáveres que compró y ha asegurado que el trato había sido "aceptado" por el Gobierno local. Las instrucciones para Zhong consistían en que los dejase en la cueva de una montaña a medianoche.

    Los chinos escenifican cada 4 de abril su recuerdo a los ancestros. La festividad Qingming o Día de barrer las tumbas certifica que el debido respeto confuciano de hijos a padres se prorroga más allá de la muerte. Las aglomeraciones se trasladan a los cementerios y los chinos observan la liturgia de limpiar las tumbas y quemar papeles que representan objetos de lujo con su certeza de que llegarán a los seres queridos transmutados en reales. La tradición ordena que los cuerpos sean enterrados y la cremación supone un giro copernicano a los usos habituales.

    China aconseja la cremación desde 1950 para dedicar más tierra a la agricultura. El rápido proceso de urbanización que ha acompañado la apertura económica ha agravado hasta lo peligroso la relación entre población y terreno cultivable.

    En los últimos años incluso se ha reducido el porcentaje de incineraciones: del 53 % de 2005 al 49,5 % de 2012.

    Aunque las cremaciones alcanzan casi el 100% en las grandes ciudades, los chinos de las zonas rurales se esfuerzan en encontrar subterfugios para eludirla. Meses atrás, seis ancianos de la provincia oriental de Anhui se suicidaron para evitar ser incinerados unos días antes de que entrara en vigor la ley local que prohibía los entierros.

    Varias ciudades han destruido cementerios en los últimos años. En 2012 hubo una ola de indignación nacional después de que las autoridades de la provincia de Henan arrasaran 400.000 tumbas. La implementación corre a cargo de los gobiernos locales, que a menudo se topan con la resistencia popular.

    La escasez de suelo ha extendido la burbuja inmobiliaria al camposanto y generado el término popular de "esclavo de las tumbas" para los que se esfuerzan en pagar sus entierros, los de sus padres y los alquileres de los cementerios. El espacio se revaloriza un 25 % anual y se ha llegado a quintuplicar en cuatro años en algunos casos.

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