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    La crisis sanitaria a escala global no es el único problema que la expansión de la pandemia ha causado. La migración de las ratas de los basureros a las partes motrices de los vehículos se ha convertido en un auténtico dolor de cabeza para los estadounidenses.

    Kelsey Snell y su esposo intentaron usar su coche por primera vez en una semana. En mitad del camino se dieron cuenta de que algo iba mal gracias al sistema de alerta interno. La segunda pista fue el ver a una rata correr por la puerta del garaje.

    "Nunca habíamos visto ratas en nuestro camino antes, y después de que avanzásemos aún más, el mensaje de error [una alerta sobre el sistema de escape del automóvil] pasó a ser un poco más insistente", explicó Snell, citada por el periódico The New York Times.

    Posteriormente la pareja abrió el capó del auto y vieron que el motor de su coche estaba lleno de excrementos de ratas y rodeado de un charco de orina, hojas, palos y huesos pequeños.

    "Tenemos ratas viviendo en el motor. En el concesionario me dijeron que somos los quintos en haber llamado esta semana con este problema", escribió la mujer en un tuit.

    En una gasolinera le explicaron que estos incidentes han pasado a ser inesperadamente muy comunes en las últimas dos o tres semanas. Como resultado, la mujer tuvo que pagar 400 dólares para que le reemplazasen los cables dañados por las ratas. 

    Resulta que en plena pandemia los motores de los automóviles a las ratas les recuerda sus hogares ancestrales: madrigueras oscuras y calientes con acceso fácil a raíces vegetales, que en este caso fueron reemplazadas por el cableado de los autos. De hecho, el término roedor se originó de la palabra erode en latín, que significa roer. Las ratas necesitan masticar constantemente, aunque no sea para alimentarse, porque sus incisivos afilados y fuertes crecen durante toda su vida. Además, indican los especialistas en roedores, esta actividad los apacigua. 

    Hoy en día los científicos intentan determinar si las ratas pasaron a aumentar sus poblaciones en los hábitats poco comunes debido a la escasez de alimentación que se formó en los suyos como consecuencia del distanciamiento social. Por ejemplo, un restaurante que ya ha dejado de servir comida a los humanos tampoco produce grandes cantidades de basura, un importante sustento para las ratas.

    "Con menos recursos, las ratas se moverán más lejos de lo normal o podrían migrar de los lugares que habían tenido comida antes a las áreas donde la comida es más abundante", dice Kaylee Byers, doctoranda de la Universidad de Columbia Británica (Canadá).

    A su vez, su colega estadounidense Michael H. Parsons, de la Universidad de Fordham, recordó que previamente la migración de las ratas se había limitado principalmente a los machos omega — el escalón más bajo del orden animal de las ratas, clasificado por debajo de los machos alfa y beta—. Ahora, "parece que todas las ratas afectadas por el cierre global están migrando". Esta circunstancia aumenta en gran medida la competencia y el estrés entre los roedores, y contribuye a que varios ejemplares se hagan más agresivos y aparecen durante el día.

    "Los roedores pueden ser portadores de leptospirosis, toxoplasma, hantaviridae, salmonella y aparentemente COVID-19", destacó. Si bien actualmente no hay evidencias de que puedan infectarse con el coronavirus, "son capaces de portarlo en sus patas o pelo". Por lo cual, representan un peligro que va más allá de los daños que pueden ocasionar a los autos. 

    De tal modo, el doctor Parsons expresó al medio New York Times su mayor temor: que la gente se olvide del control de roedores mientras está preocupada por la propagación del coronavirus. 

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