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    A mediados de febrero, en pleno auge del SARS-CoV-2, la artista de San Francisco Danielle Baskin creó mascarillas personalizadas para engañar al reconocimiento facial del móvil. Con más de 2.000 solicitudes de compra, este popular proyecto plantea la cuestión del exceso de vigilancia al que estamos sometidos por la inteligencia artificial.

    Con el auge del coronavirus, Danielle Baskin sabía que la gente estaba teniendo problemas para desbloquear sus móviles con su rostro. Entonces se le ocurrió la idea de diseñar mascarillas que representaban rostros imaginarios por medio de inteligencia artificial, y dio eco a su proyecto en Twitter, donde no tardó en convertirse en todo un éxito.

    Los grupos entre los que más ha triunfado la creativa idea son pacientes con cáncer y médicos de hospitales infantiles que no querían asustar a los niños con la máscara. Donde más furor ha causado el proyecto es en China, país más afectado por el coronavirus, donde los medios corrieron la voz del ingenioso invento que la estadounidense presenta en su web.

    Así, ya son más de 2.000 las personas que se acumulan en la lista de espera para obtener las codiciadas mascarillas personalizadas de Baskin, muchas de ellas del país asiático.

    "Creo que son geniales como objeto social y artístico. Representan la fusión de algo amenazante y protector al mismo tiempo, y eso me parece muy atractivo", opina el investigador especializado en biometría para asistencia sanitaria Robert Furberg.

    Otro aspecto interesante de la iniciativa de Baskin es el hecho de que lanza una incógnita sobre el reconocimiento facial, al ser capaces las mascarillas de engañar a la tecnología y ayudar así a proteger nuestra información biométrica. En palabras de la artista, esto supone un elemento "antivigilancia".

    Esta última cuestión pone sobre la mesa un preocupante debate, y es que al poner la tecnología al servicio de la seguridad, y también del marketing, como se hace cada vez más a menudo, más y más personas en todo el mundo se sienten perseguidas y vigiladas.

    No obstante, el investigador de la vigilancia de la Universidad de Carolina del Norte (EEUU) Torin Monahan alerta de que proyectos como el de Baskin pueden llevar a una concepción errónea de la seguridad y sobre quién debe garantizarla, ya que pueden hacer que la gente crea que la vigilancia es inevitable y que las personas deben intentar resolver el problema por su cuenta.

    Etiquetas:
    protección, coronavirus, máscara
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