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    Vísperas del Año Nuevo en Moscú (Rusia), el 31 de diciembre de 2018

    ¿Por qué celebramos Año Nuevo en enero?

    © Sputnik / Alexei Malgavko
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    Cada noche del 31 de diciembre al 1 de enero el mundo se llena de estruendo por los fuegos artificiales, música, brindis y felicitaciones. Pero pocos se preguntan por qué es precisamente esa noche la que marca el inicio del nuevo año.

    Los primeros calendarios aparecieron tan pronto como el ser humano se hizo con la noción del tiempo. El poder de calcular con exactitud los días del año era imprescindible para los primeros agricultores, ya que de eso dependía la época de siembra y recogida de las cosechas.

    De ahí que casi todas las civilizaciones antiguas —desde China, la India, Mesopotámia, Egipto e incluso los mayas y aztecas— marcaron como inicio del nuevo año algún día de primavera, tiempo en el que la naturaleza revive y florece después del invierno. Otros pueblos —como los incas, celtas, persas o yakutos— contaban su año nuevo según los puntos clave del calendario solar: los solsticios o equinoccios.

    La fiesta de Inti Raymi, o año nuevo incaico, se celebra el 24 de junio, durante el solsticio de invierno en el hemisferio sur
    La fiesta de Inti Raymi, o año nuevo incaico, se celebra el 24 de junio, durante el solsticio de invierno en el hemisferio sur

    Las civilizaciones nacidas bajo una fuerte influencia de la fe, como los hebreos o árabes, marcan el comienzo del año con la conmemoración a algún importante suceso religioso. Así, los judíos inician el año en el mes nisán (abril, según el calendario gregoriano), cuando según la tradición Moisés inició el éxodo de Egipto. El calendario islámico, por su parte, comienza el mes de muharram (junio-julio), conmemorando la peregrinación que el profeta Mahoma emprendió de La Meca a Medina.

    Siguiendo esa tendencia, se podría pensar que para los cristianos la celebración del Año Nuevo de diciembre a enero estaría vinculada con la Navidad, pero esto es más una casualidad que una decisión calculada.

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    Lo cierto es que el 1 de enero comenzó a marcar el comienzo del año en la República romana, 46 años antes del nacimiento de Jesús. El cambio llevaba un simbolismo religioso: en la mitología romana, Jano, que le dio nombre a enero, es el dios de dos caras, de los finales y los nuevos comienzos, de las transiciones.

    Es por eso que cuando el cristianismo se impuso en Europa, la celebración del 1 de enero era considerada una fecha demasiado pagana. Así que en la Edad Media, parte de los cristianos decidió celebrar el Año Nuevo el 25 de marzo, que conmemora el Día de la Anunciación, cuando el arcángel Gabriel se le aparece a la virgen María y le revela que va a dar a luz a una nueva encarnación de Dios.

    Cada 25 de marzo, las ciudades toscanas de Florencia, Pisa y Siena celebran marchas festivas con trajes tradicionales, música y abanderados, conmemorando el Año Nuevo según la tradición medieval
    © AFP 2019 / FABIO MUZZI
    Cada 25 de marzo, las ciudades toscanas de Florencia, Pisa y Siena celebran marchas festivas con trajes tradicionales, música y abanderados, conmemorando el Año Nuevo según la tradición medieval

    El calendario romano tradicional también comenzaba el mes de marzo. De ahí los nombres de los meses septiembre (séptimo), octubre (octavo), noviembre (noveno) y diciembre (décimo). Siguiendo esa lógica, los meses invernales de enero y febrero deberían ser los número 11 y 12 del calendario, respectivamente.

    Así permaneció hasta que el político y militar romano Julio César impuso su nuevo calendario juliano en el año 46 a. C., designando enero como el primer mes del año.

    Además de su simbolismo religioso, se trataba antes que nada de una cuestión pragmática. Los magistrados civiles y militares de la antigua Roma eran elegidos por períodos de un año y entraban en función a principios de año, o sea, en el mes de marzo. Los ejércitos también eran formados en el mes de marzo, que lleva el nombre de Marte, el dios de la guerra. Esto causaba dificultades a la hora de transferir el mando de un magistrado a otro, por lo que se decidió correr el principio de año a dos meses antes de la formación de tropas y así darles a las legiones tiempo para regresar de sus lejanas campañas antes de volver a formarlos en marzo.

    Fue así como, entre el pragmatismo militar y el simbolismo religioso, enero se hizo el primer mes del calendario juliano.

    Como ya se dijo, en la época medieval algunas ramas del cristianismo, incluida la católica, habían abandonado el 1 de enero a favor del 25 de marzo. Así fue hasta el siglo XVI, cuando el papa Gregorio XIII introdujo el calendario gregoriano, y el 1 de enero fue restablecido como primer mes del almanaque.

    Creado en la Universidad de Salamanca, el nuevo calendario gregoriano recibió el nombre de su impulsor, el papa Gregorio XIII
    Creado en la Universidad de Salamanca, el nuevo calendario gregoriano recibió el nombre de su impulsor, el papa Gregorio XIII

    Pero eso no sucedió de inmediato para el resto del mundo. El Reino Unido y sus colonias americanas, por ejemplo, no lo hicieron hasta 1752. Rusia se sumó al nuevo calendario solo después de la llegada de los soviéticos al poder.

    Hoy en día, aunque muchos países y pueblos siguen celebrando su propio Año Nuevo, el 1 de enero ha logrado convertirse en el más universal de los comienzos que une a toda la humanidad.

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