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    Los animales disecados en un museo

    Trabajos insólitos I: Estilista de cadáveres animales

    © Flickr/ John Fladd
    Increíble pero cierto
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    Desde chico Gerardo Cantou sintió amor por la naturaleza. Lo heredó de su padre. Cada verano este hombre llevaba a su hijo en bote a acampar durante 20 días. En esos viajes al corazón agreste de Uruguay se gestó su pasión.

    "Siempre me gustaron los museos de historia natural porque podes mirar al animal de cerca, apreciar cada detalle", dijo a Sputnik, Gerardo Cantou, preparador naturalista y taxidermista del Museo de Ciencias Naturales del Colegio Pío, en Montevideo.

    Cuando cumplió 17 fue al Museo de Ciencias Naturales de La Plata, Argentina. Allí se enteró que existían cursos de taxidermia y conservación de animales. Lo invadió la curiosidad y se mudó para estudiar algo que en su país no existía.

    Gerardo Cantou en su gabinete
    © Foto: Gerardo Cantou
    Gerardo Cantou en su gabinete

    "Al principio encaré el estudio como una actividad comercial. Trabajaba con trofeos de caza y pesca. Eso me costaba un poco porque yo solo estoy de acuerdo con la caza cuando se trata de plagas de fauna no autóctona, sino no me gusta. Lo mío era el ámbito del museo. Me volqué a la investigación. Eso me atrae más porque implica ir al monte, buscar huellas, hacer trabajo de campo. Para mí era como volver de campamento con mi padre", dijo Cantou, quien al regresar a su país descubrió que el último taxidermista se había jubilado y que él era la única persona en esta labor con un título universitario.

    Animales disecados
    © Foto: Gerardo Cantou
    Animales disecados

    Parte de su trabajo actual en el Museo de Ciencias Naturales es concientizar a los niños de la importancia de preservar la fauna. Jamás sale a matar un animal. Hace su trabajo con los que mueren por causas naturales.

    Esto para Cantou, más que un oficio, es un arte.

    "Cuando se recibe al animal hay que vaciarlo por completo. Hay que darle vida al cuero que queda. Para eso hay que tener muy claro cuáles son los gestos del animal, para que cuando el público lo vea piense que el animal sigue vivo. Eso se aprende solo con la práctica, los detalles marcan la diferencia. Solo así se logra el realismo", explicó.

    Un buho disecado
    © Flickr/ Gerardo Cantou
    Un buho disecado

    Su mayor problema son los ojos. "Los tengo que importar. En Uruguay no hay ojos de vidrio, solo hay de plástico, los que usan los peluches. Conseguir de vidrio es esencial porque el brillo del ojo es la imagen típica de la vida", destacó el especialista.

    Por lo general trabaja con fauna autóctona: nutrias, lagartos, tortugas de río y de tierra. Pero de vez en cuando aparece uno raro. "El animal más atípico que me tocó trabajar fue un pez murciélago. Solo viven en áreas protegidas de las Islas Galápagos (Ecuador). Lo complicado de los peces son las escamas, suelen desprenderse. Los animales marinos, una vez que mueren empiezan a perder color y brillo. Hay que ser muy detallista al pintarlo. Un truco para la fauna acuática es usar barniz y laquearlo para que parezcan mojados", aseguró.

    A los últimos especímenes de una especie en peligro de extinción los acosa una preocupación: encontrar un semejante que continúe su legado. A Gerardo le pasa algo parecido, ¿quién tomará la posta cuando se jubile? "Es importante encontrar a alguien que tenga conciencia de lo importante que es preservar la naturaleza, que no salga a matar animales para exhibir su talento en el trabajo", concluyó.

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    Etiquetas:
    taxidermia, animales, profesiones, Uruguay
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