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    Lugar de un asesinato (ilustración)

    Lo peor de lo peor: estos son los cinco asesinos más sanguinarios de América Latina

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    Sádicos, dementes y sin escrúpulos. Esta es la escalofriante lista de algunos de los monstruos más terribles que ha dado la región.

    1. El ángel de la muerte.

    Así era conocido Carlos Eduardo Robledo Puch, un asesino argentino de la década del 50. Fue capturado con apenas 20 años acusado de múltiples crímenes. Lleva 44 años en un establecimiento penitenciario de máxima seguridad por crímenes como homicidio, robo y secuestro.

    2. El destripador mexicano.

    Uno de los asesinatos cometidos por Guerrero (ilustración)
    Uno de los asesinatos cometidos por Guerrero (ilustración)

    Francisco Guerrero Pérez fue un asesino en serie de México. Asesinó a unas 20 trabajadoras sexuales durante 1880 y 1888. Fue contemporáneo con Jack el Destripador, y utilizaba métodos similares. Para acercarse a sus víctimas se hacía pasar por cliente y luego las estrangulaba o degollaba.

    3. El Drácula criollo.

    Florencio Roque Fernández fue un asesino serial de los años 50 de Tucumán, Argentina. Tenía problemas mentales y sentía una atracción sexual hacia la sangre. Lo llamaban "El vampiro argentino". Mordía a sus víctimas, bebía su sangre y las dejaba desangrándose hasta morir. Fue detenido a los 25 años y enviado a una institución psiquiátrica, donde posteriormente murió. Asesinó a unas 15 mujeres.

    4. Asesino de niños.

    Luis Alfredo Garavito Cubillos es considerado como uno de los mayores asesinos en serie de niños de la humanidad y según varias instituciones colombianas el 'segundo homicida en serie del mundo'. Conocido como La Bestia, El Monje, El Cura o El Loco, este sangriento colombiano confesó haber asesinado y abusado de más de 200 menores en su vida. Todas sus condenas suman 1.853 años. Actualmente se encuentra recluido en Colombia.

    5. El monstruo de los Andes.

    Pedro Alonso López creció en Tolima, un departamento en la región andina de Colombia. Declaró haber violado y asesinado a más de 300 niñas. Sus víctimas tenían entre 8 y 13 años y casi siempre eran indígenas de Colombia, Ecuador y Perú. "Perdí mi inocencia a la edad de ocho años, así que decidí hacer lo mismo a tantas muchachas jóvenes como pudiera", dijo al ser capturado en 1980. No se conoce el paradero actual del criminal.

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    Etiquetas:
    asesinos, crimen, América Latina
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