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    Once detenidos por desenterrar y vender un cadáver para una "boda fantasma"

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    La policía ha detenido a once personas por desenterrar y vender el cadáver de una mujer para que participase en una "boda fantasma", una tradición milenaria que sobrevive en zonas rurales de China y que busca dar compañía a un hombre recién fallecido en la otra vida.

    La policía ha detenido a once personas por desenterrar y vender el cadáver de una mujer para que participase en una "boda fantasma", una tradición milenaria que sobrevive en zonas rurales de China y que busca dar compañía a un hombre recién fallecido en la otra vida.

    Los detenidos habían extraído el cuerpo de un cementerio de la provincia costera de Shandong en marzo pasado y vendido a un intermediario por 18.000 yuanes (unos 3.000 dólares), según la prensa local. La policía siguió el caso y encontró en la norteña provincia de Hebei al comprador, apellidado Liu, quien mantuvo el cuerpo durante una semana en el depósito de cadáveres de un hospital antes de venderlo al destinatario final por 38.000 yuanes (6.200 euros).

    La policía ha informado que el caso sigue bajo investigación. El robo de cadáveres está penado en China con penas de hasta tres años de cárcel.

    Otros cuatro hombres fueron condenados el pasado año por traficar con una decena de cadáveres. Los habían desenterrado en el invierno de 2011 y vendido por el equivalente de 35.000 dólares a los familiares de jóvenes varones que habían muerto solteros y necesitaban un cónyuge para la eternidad.

    Las bodas fantasmas o minghun se remontan a dos mil años atrás y también resisten en India o Sudán. En China sobrevivieron a Mao, quien intentó erradicar las supersticiones feudales que lastraban el progreso, y se han hecho fuertes en los últimos años en las provincias de Shanxi, Shaanxi, Henan, Hebei o Guangdong. Abundan en las zonas carboníferas: muchas jóvenes las abandonan en busca de trabajo y quedan los hombres, muchos empleados en las peligrosas minas. Si mueren, dejan a sus padres el problema de encontrarles compañía.

    En las bodas fantasmas puede haber uno o dos cónyuges muertos. A veces interviene el amor. Ocurre, por ejemplo, cuando uno de los dos prometidos muere antes de pasar por vicaría. Si la superviviente es la mujer, acarreará con las obligaciones habituales: celibato y acompañar a la familia del marido.

    Pero también ocurre cuando el joven muere soltero, una lacra social en China. Muchos creen que su espíritu molestará a sus familiares mientras yazca en soledad. Y ahí nace el boyante negocio del contrabando de cuerpos, que envuelve a personal sanitario, profanadores de tumbas y celestinos.

    La primera opción para encontrar un cadáver reciente es el hospital, donde a veces la propia familia de la víctima lo vende a los interesados. Pero el exceso de demanda obliga a mirar también a los cementerios.

    En el precio que fijan los desenterradores interviene la inflación y el grado de corrupción. Unos años atrás, un cuerpo razonablemente fresco rondaba los 14.000 yuanes (2.290 dólares) pero hoy alcanza el doble. Wang, el principal sospechoso de la banda recientemente detenida, ha certificado que la cotización del cuerpo varía según el tiempo que acumula enterrado. "Los que llevan mucho tiempo bajo tierra no valen mucho, pero otros como este si que son valiosos", ha explicado.

    Los desenterradores suelen llevar los cuerpos al intermediario o celestino, quien buscará al cónyuge más afín.

    Las bodas fantasmas se han estimulado en los últimos años en el norte del país con la aparición de magnates, muchos de ellos del sector minero. En esos nuevos ricos confluye la opulencia material con la indigencia cultural. La demanda ha provocado que ni siquiera se respeten los plazos biológicos. Sung Tiantiang, un antiguo profanador de tumbas, fue detenido en 2007 por haber estrangulado a seis mujeres. "Matar a gente y vender sus cuerpos supone menos trabajo que cavar", se justificó Sung.

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