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    La pospandemia no es solo la esperanza de la vuelta a la normalidad de la vida cotidiana, sino también el desafío de cómo se reconstruirá el tejido social y productivo global.

    La economía registró la destrucción más importante y rápida desde el crac del 30 del siglo pasado.

    Con la vacuna en el horizonte inmediato, ese desafío mundial de la recuperación reflejará en forma brutal la impactante desigualdad entre países. El coronavirus dejó al descubierto las diferencias en el acceso a la prevención y cuidados sanitarios como a la protección económica y laboral de la población.

    La rapidez en la salida de la crisis también será otra muestra de esa desigualdad.

    Malestar social

    Un reciente estudio de economistas del FMI afirma que en los meses y años posteriores a pandemias pasadas, los países más afectados experimentaron un aumento del malestar social

    En base a esa tendencia, el COVID-19 podría representar una amenaza para la estabilidad del entramado social en muchos países.

    En esa investigación se analiza el efecto de las grandes pandemias pasadas en 133 países durante 2001-2018:

    • SARS en 2003.
    • H1N1 en 2009.
    • MERS en 2012.
    • Ébola en 2014.
    • Zika en 2016.

    Los economistas Tahsin Saadi Sedik y Rui Xu señalaron que el malestar social aumentó constantemente después de cada uno de estos brotes. 

    De acuerdo a datos de la International Country Risk Guide, que es una medida de alta frecuencia y entre países del malestar social, los desórdenes civiles aumentaron significativamente, en promedio, un año después de cada una de esas pandemias.

    Crisis financiera

    El malestar social se ha generalizado y se ha vuelto más frecuente durante la última década.

    Las secuelas de la crisis financiera mundial en 2008-2009, con la lenta recuperación y la creciente desigualdad, dejaron a decenas de millones de personas con la desesperanza de poder mejorar en la escala social.

    Muchos llevaron esa frustración a las calles, contribuyendo a un elevado nivel de movilización popular 10 años después de la crisis.

    En 2019, estallaron protestas populares en Francia y Grecia en Europa, Hong Kong e India en Asia, Chile, Colombia y Bolivia en América Latina, e Irán e Irak en el Medio Oriente.

    Aunque desencadenadas por diferentes eventos, que van desde el aumento de los costos del transporte hasta el incremento de los precios del combustible, y las demandas específicas según cada país, una cuestión común subyacente fue el descontento social, el estancamiento de los niveles de vida y la desigualdad.

    Esos retrocesos socioeconómicos se agudizaron con la crisis financiera y ahora más con la pandemia del coronavirus.

    Círculo vicioso

    Las pandemias pueden desencadenar un círculo vicioso de desesperación económica, desigualdad y malestar social. 

    En el estudio de Tahsin Saadi Sedik y Rui Xu mencionado se muestra que las grandes pandemias del pasado provocaron un aumento significativo del malestar social a mediano plazo, debido a que se reduce el crecimiento y aumenta la desigualdad. 

    ¿Qué países entonces son más vulnerables en la pospandemia? 

    Un análisis adicional en esa investigación sugiere que el efecto será más fuerte cuando la desigualdad de ingresos ya es elevada antes del estallido de la crisis sanitaria. 

    Un aumento en el coeficiente de Gini neto (después de impuestos y transferencias), una medida de desigualdad comúnmente utilizada, se asocia con más malestar social cuando el nivel inicial del Gini neto es superior a 0,4. 

    Más del 45% de los países del mundo tienen un coeficiente de Gini neto superior a este umbral. En América Latina y el Caribe muchos están incluidos en ese grupo de riesgo.

    Red de protección

    El impacto de la desigualdad en el malestar social depende del alcance de las transferencias redistributivas. O sea, de la red de cobertura socioeconómica que los países diseñan para amortiguar los costos ineludibles de las crisis.

    Más aún cuando la crisis es tan devastadora como la del coronavirus.

    Un aumento de la desigualdad se asocia con más malestar cuando las transferencias redistributivas son bajas, lo que sugiere que las medidas de seguridad social ayudan a reducir las tensiones sociales.

    Por tanto, la conclusión es sencilla de comprender para evitar estallidos sociales: los responsables de la formulación de políticas deben prestar especial atención a la prevención de las cicatrices en el bienestar socioeconómico de los grupos más vulnerables de la sociedad.

    Desigualdades

    En este marco de incertidumbre, el economista Daniel Susskind, autor de Un mundo sin trabajo, reflexionó que, a medida que ha pasado el tiempo en esta pandemia, también ha quedado claro que mucho de lo más angustioso de esta crisis no es nuevo en absoluto.

    "Las variaciones sorprendentes en las infecciones y los resultados del COVID-19 parecen reflejar las desigualdades económicas existentes", señaló. Para agregar que los desajustes notables entre el valor social de lo que hacen los "trabajadores esenciales" y los bajos salarios que reciben se derivan del conocido fracaso del mercado para valorar adecuadamente lo que realmente importa.

    Apuntó que "era de esperar una aceptación acrítica de la desinformación general y la desinformación sobre el virus, dada una década de disminución de la fe en los expertos". Agregó que la ausencia de una respuesta internacional adecuadamente coordinada no debería haber sido una sorpresa, dada la celebración de la política global de "mi país primero" en los últimos años.

    Donald Trump ha sido uno de esos líderes con el eslogan America first.

    Multilateralismo

    En La pandemia es un portal, la autora india Arundhati Roy escribió: "Históricamente, las pandemias han obligado a los humanos a romper con el pasado e imaginar su mundo de nuevo. Este no es diferente. Es un portal, una puerta de enlace entre un mundo y el siguiente". 

    Al respecto, la abogada Jean Saldanha, directora de la Red Europea de Deuda y Desarrollo —comunidad de 54 organizaciones no gubernamentales de 17 países europeos que trabajan sobre temas relacionados con la deuda—, afirmó que la forma en que está operando el multilateralismo tendría que cambiar para reflejar este mundo diferente.

    La pandemia del COVID-19 ha puesto a prueba los límites de la cooperación global. Indica que el apoyo a las economías en desarrollo en particular sigue siendo inadecuado, puesto que fueron golpeadas temprano por la recesión económica mundial, incluso a través de salidas récord de capital y condiciones financieras más estrictas. 

    Esos países, entre ellos los de América Latina y el Caribe, han enfrentado la peor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial y están experimentando una presión sin precedentes sobre su ya limitada capacidad fiscal para abordar las urgentes necesidades sociales y de salud pública.

    Saldanha advirtió: "Las decisiones que se tomen ahora tendrán consecuencias de gran alcance. Depender de más de lo mismo es insostenible e ignora la magnitud del sufrimiento humano desatado por la pandemia".

    Una agenda de este tipo debe apartar la financiación del desarrollo de las reformas favorables al mercado y los incentivos para la inversión privada. "Se debe abandonar el dogma de la austeridad", recomendó.

    Plan

    Sharan Madriguera, secretaria general de la Confederación Sindical Internacional, mencionó que la conferencia de Bretton Woods ocurrió mientras la Segunda Guerra Mundial todavía estaba en pleno auge y ayudó a formar la base de un contrato social de posguerra. 

    "Del mismo modo, debemos elaborar un plan de reconstrucción ambicioso mientras trabajamos para poner fin a la pandemia. El apoyo internacional es una cuestión de supervivencia colectiva y una inversión en el futuro de la salud, la economía mundial y el multilateralismo".

    Por su parte, Sergio Rebelo, profesor de Finanzas Internacionales en la Kellogg School of Management de la Northwestern University, describió que la crisis de la pandemia ha acelerado el ritmo de la transformación digital, con una mayor expansión del comercio electrónico y un aumento en el ritmo de adopción de la telemedicina, las videoconferencias, la enseñanza en línea y la tecnología financiera.

    Para brindar la siguiente previsión: "Los Gobiernos serán más grandes después de jugar el papel de asegurador e inversionista de último recurso durante la crisis. Y la deuda pública se disparará, creando desafíos financieros en todo el mundo".

    Modo de producción capitalista

    El economista marxista Michael Roberts escribió que "cuando este desastre termine, la economía dominante y las autoridades afirmarán que fue una crisis exógena nada que ver con cualquier defecto inherente al modo de producción capitalista y la estructura social de la sociedad. Dirán que 'fue el virus el que lo hizo'". 

    Sin embargo, Roberts sostuvo que "incluso antes de que golpeara la pandemia, en la mayoría de las principales economías capitalistas, la actividad económica se estaba desacelerando, con algunas economías ya contrayéndose en producción e inversión, y muchas otras al borde del abismo. El COVID-19 fue solo el punto de inflexión". 

    En ese sentido, concluye que la recesión pandémica "no fue realmente un 'shock' en absoluto, sino el resultado inevitable del ya débil estado de la producción capitalista en 2020". 

    La pospandemia, si no hay transformaciones radicales en la forma de producción, escenario que no se vislumbra en los inmediato, entonces replicará y hasta con mayor intensidad la desigualdad entre los países y al interior de cada uno de ellos.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    pandemia de coronavirus, Caribe, América Latina, crisis económica, economía, pobreza, desigualdad
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