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    Repasamos el 2020, el año que lo cambió todo (87)
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    Francia ha vivido un 2020 marcado por el terrorismo islamista, el aumento de la delincuencia común, y acusaciones contra una policía sin medios, pero el COVID-19 ha congelado las reformas que hubieran disparado la protesta social y ha preservado así la figura del presidente Emmanuel Macron.

    El jefe del Estado francés acaba el año confinado en su residencia de La Lanterne, víctima del coronavirus. Un contagio que le permitía considerarse al mismo nivel de los compatriotas que han sufrido la enfermedad durante el año de la pandemia. Una breve desaparición de la escena pública para ejercer una telepresidencia que ayudó a ablandar la inquina de sus enemigos políticos y de sus ciudadanos más críticos.

    El virus global cerraba así un año marcado por una enfermedad que ha hecho desaparecer de las calles las protestas de los chalecos amarillos y, con excepciones, las referidas a cuestiones económicas y sociales. En todo caso, el presidente Macron decidió congelar, de momento, "la madre de todas las reformas", la referida a las pensiones. Con la del seguro de paro, eran los pilares del Macron liberal pre-COVID, y las que iban a agitar la oposición de los principales sindicatos del país.

    13 discursos contra "una guerra"

    De los 13 discursos e intervenciones especiales del presidente en 2020 sobre el COVID-19 (antes de la de fin de año), los franceses han memorizado dos frases: "Es una guerra" y, refiriéndose a las ayudas económicas gubernamentales, "cueste lo que cueste". Con la primera, afirma, quiso crear un choque emocional para que sus conciudadanos se tomaran en serio la enfermedad; la segunda empieza a levantar los temores de los vigilantes de los disparatados déficits de Francia.

    En todo caso, Macron se arroga buena parte del éxito del plan de relanzamiento o, mejor de salvamento, de la economía de la Unión Europea. De los 750.000 millones de euros que saldrán de las arcas de Bruselas, 40.000 irán a parar a Francia.

    Aparcadas las cuestiones sociales, Macron ha conseguido borrar de la memoria ciudadana los desastres de la gestión inicial del COVID-19: ausencia de máscaras, declaraciones contradictorias de los responsables de Sanidad, dimisión de la ministra del ramo, centralización paralizante…

    Terror islamista y ley contra el islamismo político

    El año se vio, una vez más, marcado por atentados terroristas islamistas. El asesinato por decapitación del profesor Samuel Paty a manos de un islamista checheno con estatus de "refugiado político" creó un impacto en la opinión pública y en los estamentos políticos, que, al menos, han hecho reconsiderar la postura de comunistas y socialistas sobre el respeto al laicismo y la actitud ante la penetración del islam político en todas las esferas sociales del país. Paty pagó con su vida lo que los fanáticos islamistas siguen considerando un delito que se paga con la ejecución, es decir, la utilización de las caricaturas de Mahoma para explicar lo que en Francia es uno de los pilares de la República, la libertad de expresión.

    Policías cerca de la basílica de Notre Dame de Niza
    © REUTERS / Eric Gaillard/Pool
    Otro fundamentalista, esta vez pakistaní, abrió la cabeza a hachazos a dos personas que creyó que trabajaban en Charlie Hebdo, en la antigua sede de la revista satírica. La serie fatal, por el momento, se cerraba en Niza, donde un tunecino, que pasó a Francia clandestinamente desde Italia, degolló a tres personas en la catedral de la ciudad.

    Emmanuel Macron ya había preparado una Ley contra el separatismo islamista que, a la hora de pasar a su estudio entre los legisladores, perdió el adjetivo islamista, en una reculada provocada por el temor a "estigmatizar" a todos los musulmanes del país y evitar las acusaciones de islamofobia, el término inventado por los islamistas para evitar toda crítica a su religión.

    Polémica ley de protección a policías

    Pero fue otra iniciativa gubernamental, la Ley de Seguridad Global, la que volvió a convertir las calles de París y otras ciudades en escenarios de protesta y también de enfrentamientos y destrozos provocados, no por manifestantes, sino por los ultraizquierdistas "blackblocs", algunos provenientes de otros países europeos, en una especie de programa Erasmus de violencia cuyos participantes provienen en su mayoría de familias acomodadas. Burguesitos guerrilleros, empeñados en "acabar con el sistema capitalista" intentando asesinar policías y destruyendo distribuidores automáticos de dinero.

    La Ley de Seguridad Global incluye un artículo, el 24, que concita la ira de algunas asociaciones y partidos porque prohíbe la difusión de imágenes de miembros de la Policía a través de las redes sociales. La ley no impide filmar a las fuerzas del orden reprimiendo manifestaciones, sino que la identidad y los domicilios de policías y gendarmes sean hechos públicos. En todo caso, la norma fue muy bien utilizada por opositores y organizaciones de periodistas para manifestarse contra el Gobierno, tras una serie de acciones violentas protagonizadas por una minoría de agentes, filmadas con los celulares de ciudadanos anónimos. Manifestaciones contra esa ley han sido ya convocadas para el mes de enero, algo que no parece quitar el sueño al ejecutivo.

    Guerra diplomática y de insultos Erdogan-Macron

    En el apartado internacional, Emmanuel Macron recordará el 2020 como el año de su guerra diplomática con su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan. Las acciones militares de Ankara en Siria, en la frontera greco-turca, en el Mediterráneo Oriental, en Libia y en Nagorno Karabaj han provocado la censura de algunos gobiernos europeos, pero ninguno como el de París ha llevado su crítica incluso hasta la OTAN, la organización militar de la que ambos países forman parte.

    La legislación francesa contra el separatismo islamista fue también instrumentalizada por Erdogan para calificar a Macron de enfermo mental. París ha respondido con la ilegalización de los "Lobos grises" (una organización ultranacionalista turca) en su territorio, acusada de protagonizar ataques violentos contra miembros de la comunidad armenia en Francia. Como en otros países europeos, la diáspora turca es utilizada por Erdogan como amenaza, como una quinta columna en potencia teledirigida desde Ankara.

    La paralización del Acuerdo de Mercosur es la medida que marcará 2020 en la política de Francia hacia América Latina. Macron encontró en la ecología una justificación para defender los intereses de sus agricultores, ante el enfado de algunos de sus socios europeos.

    "Política del limpiaparabrisas"

    Emmanuel Macron comenzará el 2021 con el mismo nivel de apoyo ciudadano con el que empezó el 2020. Un 60% de descontentos, según un sondeo; un 38% de apoyo, según otro. En todo caso, muy por encima de sus predecesores, Francois Hollande y Nicolas Sarkozy.

    Nicolas Sarkozy, expresidente de Francia
    © REUTERS / Ian Langsdon
    A menos de 16 meses de las presidenciales, la pandemia ha frenado las ambiciones reformistas de la agenda liberal de Macron. Tendrá poco tiempo para acabar su mandato y pretender renovarlo sin cumplir con alguna de sus promesas iniciales y, al mismo tiempo, frenar el descontento que la crisis económica pos-COVID va a dejar entre la población. Su mejor baza sigue siendo la debilidad de su oposición, tanto de izquierda como de derecha, lo que le permitirá mantener la llamada "política del limpiaparabrisas": tomar una decisión que contente a un lado de la escena política y, después, adoptar otra medida que compense al opuesto.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Tema:
    Repasamos el 2020, el año que lo cambió todo (87)
    Etiquetas:
    atentado, seguridad, leyes, Europol, economía, coronavirus, chalecos amarillos, islamistas, Recep Tayyip Erdogan, Turquía, política, Emmanuel Macron, Francia
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