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    El impacto devastador del COVID-19 que genera una reducción en los ingresos y altos niveles de inseguridad económica en las familias podría generar un aumento significativo en el número de niños, niñas y adolescentes en trabajo infantil en América Latina y el Caribe.

    Esta es la advertencia conjunta de la CEPAL y la OIT. "Los indicadores de trabajo infantil y de trabajo adolescente peligroso podrían incrementarse significativamente si no se implementan medidas y estrategias para reducir el impacto", señala el documento.

    Por su parte, Unicef alerta con que "no hay que permitir que los niños sean las víctimas ocultas de la pandemia COVID-19.

    Los datos comparativos muestran que el trabajo infantil tiene una mayor incidencia en los países donde los niveles de ingresos son más bajos.

    Caída

    El PIB de la región tendrá este año un derrumbe de 5,3% y habrá 11,5 nuevos millones de nuevos desempleados.

    Se estima además que habrá una reducción de salarios e ingresos y un menor acceso a la protección social, así como una menor demanda de servicios de turismo con posibles contracciones entre el 8% y el 25%.

    Todo ello conducirá a aumentar la pobreza en 28,7 millones de personas y de la pobreza extrema en 15,9 millones, con un impacto muy negativo para la región.

    El aumento del desempleo y la pobreza afectarán el bienestar de las familias, particularmente aquellas en condiciones de pobreza extrema quienes suelen habitar viviendas precarias y trabajar en empleos informales o por cuenta propia.

    El impacto será mayor en jóvenes y las mujeres, que representan una proporción importante de los empleos temporales, de tiempo parcial, o desprotegidos y en condiciones de informalidad. Estos grupos serán los más afectados por el deterioro de la economía.

    La desaceleración de la producción, el desempleo, la baja cobertura de la protección social, la falta de acceso a seguridad social y los mayores niveles de pobreza son condiciones que favorecen el aumento del trabajo infantil.

    Escuela

    El cierre temporal de las escuelas es otro de los efectos sociales de la pandemia por la COVID-19 que tiene el potencial de aumentar el trabajo infantil.

    Todos los países de América Latina y el Caribe han cerrado temporalmente sus escuelas, según datos de la UNESCO.

    Ello implica que alrededor de 167 millones de niños, niñas y adolescentes se encuentran en sus casas para prevenir el contagio y la diseminación del virus.

    Esta interrupción de las actividades en centros educativos tendrá efectos significativos en el aprendizaje, especialmente de los más vulnerables. En muchos casos, el alumnado de menores recursos no puede continuar con su educación a través de medios digitales, ya que no todos los hogares ni centros educativos disponen de las herramientas, las capacidades y las tecnologías necesarias para operar en esta modalidad.

    También el impacto se está dando en la seguridad alimentaria, puesto que alrededor de 85 millones de niños y niñas de la región reciben un desayuno, un refrigerio o un almuerzo en la escuela, de acuerdo a la FAO.

    Estos factores crean un ambiente socioeconómico que tiende a favorecer el aumento del trabajo infantil.

    ¿Qué es el trabajo infantil?

    Suele definirse como todo trabajo que priva a los niños, niñas y adolescentes de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico.

    Alude al trabajo que:

    1. Es peligroso y perjudicial para su bienestar físico, mental o moral.
    2. Interfiere con su escolarización puesto que:
    • les priva de la posibilidad de asistir a clases;
    • les obliga a abandonar la escuela de forma prematura;
    • les exige combinar el estudio con un trabajo pesado y que insume mucho tiempo.

    En las formas más extremas de trabajo infantil, los niños, niñas y adolescentes son sometidos a situaciones de esclavitud, separados de su familia, expuestos a graves peligros y enfermedades, y abandonados a su suerte en las calles de grandes ciudades, con frecuencia a una edad muy temprana.

    Vulnerables

    El mundo está atravesando una crisis sanitaria, social y económica sin precedentes debido a la pandemia. Se presenta entonces como el mayor reto económico y social que enfrenta la humanidad desde la Gran Depresión de 1930 y la Segunda Guerra Mundial.

    En periodos de crisis, inicialmente las necesidades los niños y las niñas suelen pasar desapercibidos y su bienestar es opacado por otras prioridades y muchas veces sus derechos se ven amenazados.

    En crisis de esta naturaleza hay efectos inmediatos sobre la salud y en los aspectos económicos, productivos o laborales.

    Si bien en la actual situación, la frecuencia de la infección y la mortalidad en la población infantil son más bajas que en otros grupos de edad, los niños y las niñas están siendo afectados por los impactos socioeconómicos.

    El porcentaje de niños, niñas y adolescentes entre 5 y 17 años en situación de trabajo infantil en América Latina y el Caribe bajó de 10,8% en 2008 a 7,3% en 2016, lo que equivale a una disminución de 3,7 millones de personas, según la OIT.

    A pesar de estas cifras, todavía hay alrededor de 10,5 millones de niños, niñas y adolescentes en el trabajo infantil, siendo que la actual situación tiene el potencial de revertir esa tendencia positiva.

    Prioridades

    El informe de la CEPAL y la OIT ha abarcado tres países (México, Perú y Costa Rica), basado en los resultados del Modelo de Identificación del Riesgo del Trabajo Infantil (MIRTI), elaborado por esas dos instituciones multilaterales, estima que el trabajo infantil podría aumentar entre 1 y 3 puntos porcentuales en la región.

    Esto implicaría que al menos entre 109.000 y 326.000 niños, niñas y adolescentes podrían ingresar al mercado de trabajo sumándose a los 10,5 millones que ya están en situación del trabajo infantil actualmente.

    "Ahora más que nunca niños, niñas y adolescentes deben estar en el centro de las prioridades de acción que, en su conjunto y a través del diálogo social tripartito, ofrezcan respuestas para consolidar los avances en la reducción del trabajo infantil, especialmente en sus peores formas", destaca el documento CEPAL-OIT.

    Desprotección

    "El trabajo infantil no se da de modo aislado", explica Gustavo Ponce, especialista en trabajo infantil de la OIT. "Es una situación que le ocurre a los niños en un contexto familiar y ese contexto está profundamente afectado por una crisis económica y social. Entonces, la pandemia deja a la vista a los sectores más vulnerables y desprotegidos", apuntó.

    Consideró que la crisis también puede propiciar que miles de niños y niñas en condiciones de vulnerabilidad social se vean obligados a trabajar para contribuir con los ingresos familiares.

    Además las niñas corren un riesgo particular de realizar trabajo doméstico o tareas de cuidados en el hogar, puesto que están más expuestas a sufrir accidentes y abusos físicos o sexuales, precisó.

    "Las peores formas de trabajo infantil, incluida la explotación sexual, que afecta principalmente a las niñas, suele aumentar cuando disminuyen las oportunidades de empleo y los ingresos familiares", dijo Ponce.

    De acuerdo con el especialista, "no se puede contar con el trabajo de los niños como parte de la recuperación económica de los hogares". Y agregó: "Tenemos que actuar ahora, de una manera decisiva y a gran escala".

    Pilares

    El informe COVID-19 y trabajo infantil: Un tiempo de crisis, un tiempo de actuar de la CEPAL-OIT se centra en cuatro pilares para responder a la crisis de la COVID-19.

    1. Estimular la economía y el empleo.
    2. Apoyar emprendimientos, trabajos e ingresos.
    3. Proteger trabajadores en su lugar de trabajo.
    4. Confiar en el diálogo social para las soluciones.

    Entre las medidas prioritarias que deberían tener en cuenta los gobiernos aparecen el incremento y el refuerzo de la protección social, el acceso a la educación, el acceso a la salud de niños y niñas y trabajo decente para los padres. 

    Por caso, en Argentina, uno de cada diez niños y niñas de 5 a 15 años trabajan, con una mayor incidencia en las áreas rurales, que alcanza a casi el 20%, de acuerdo con la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes, desarrollada por el Ministerio de Trabajo en 2017. Esa cifra podría aumentar como consecuencia de la pandemia y su impacto en los sectores más vulnerables.

    Un cambio de percepción

    Más allá de las medidas económicas, hay una primera instancia que resulta clave para erradicar el trabajo infantil en la región y es la percepción que se tiene de esta problemática.

    Si el trabajo infantil se percibe como algo que ayuda a que los niños se alejen de las drogas, del mundo delictivo y que no se conviertan en vagos, eso es un discurso y una forma de percibir el trabajo infantil que realmente hace mucho daño y que está muy instalada hace mucho tiempo.

    Esa naturalización promueve una gran tolerancia social frente al trabajo infantil. Esa es una gran dificultad. Porque si no se ve como problema, difícilmente pueda ingresar y sostenerse en la agenda pública.

    "Hay que trabajar sin culpabilizar a las familias y a los funcionarios para que realmente vean cómo el ingreso temprano al mundo laboral impacta negativamente en la salud y las trayectorias escolares de los niños", destacó Ponce.

    La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró que 2021 será el Año Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, lo cual implica un fuerte apoyo de toda la comunidad internacional a emprender actividades para erradicar el trabajo forzoso y el trabajo infantil en tiempos de pandemia.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    COVID-19, coronavirus, coronavirus en América Latina, pandemia de coronavirus, pandemia, trabajo infantil
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