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    Algunos analistas locales creen que la llegada del coronavirus a Israel ha sido un golpe de suerte para el destino del primer ministro, Benjamín Netanyahu.

    El pasado 2 de marzo Israel celebró elecciones. Eran las terceras en los últimos doce meses. Aunque Netanyahu se proclamó vencedor, el líder de la formación conservadora Likud no disponía de los suficientes votos en el Parlamento unicameral o Knéset para formar gobierno. Ese fue el mismo problema que desató los anteriores comicios frustrados. El presidente israelí, Reuven Ravlin, presionó a Netanyahu y a su máximo rival de centro-izquierda Benny Gantz, del partido Azul-Blanco, para que formaran equipo ministerial.

    Todo eso ocurrió 10 días antes de que Netanyahu tuviera que sentarse en el banquillo para ser acusado de corrupción. La fortuna le sonrió el 15 de marzo, justo antes de que empezara el juicio, pues el Ministerio de Justicia anunció que se cerraban los juzgados por culpa de la crisis desatada por el COVID-19. La Administración alegó que no se trataba de una decisión política; el juicio fue aplazado hasta el 24 de mayo. 

    La audiencia celebrada ese día en la parte ocupada de Jerusalén ha sido un hecho inédito. Es la primera vez en la historia de Israel que se enjuicia a un primer ministro en el ejercicio de sus funciones. Los cargos son bien serios y podrían costarle hasta 10 años de prisión: soborno, fraude y abuso de confianza. En concreto le acusan de ayudar a un amigo en sus negocios, aceptar regalos muy caros de otros y manipular medios de comunicación en su favor durante la campaña electoral.

    La Justicia viene persiguiendo a Bibi (como es conocido popularmente) desde hace tres años, cuando empezaron las investigaciones fiscales y policiales. Netanyahu, de 70 años, acusa a los magistrados, a la Policía y a la prensa de izquierdas de orquestar una conspiración contra la derecha y su persona. Mientras no haya sentencia firme, no tendrá que renunciar, puesto que su cargo de primer ministro goza de un blindaje legislativo inusual entre las democracias liberales.

    Netanyahu no ha dudado en movilizar a sus partidarios, quienes, pancarta en mano, se muestran cada vez más agresivos. Tanto que los fiscales que le acusan se mueven ahora con guardaespaldas para proteger su integridad física. El victimismo y la huida hacia delante forman parte de la línea argumental de este veterano y astuto dirigente nacionalista. Hasta ahora esa táctica le sirvió de válvula de escape, unida a una enorme experiencia y una formidable oratoria, pero su figura está llevando a Israel a un clima de tensión interna muy grande que recuerda a los años 90 del siglo pasado cuando un extremista judío asesinó en noviembre de 1995 en Tel Aviv al primer ministro laborista Isaac Rabin por firmar la paz dos años antes con los palestinos. Bibi levanta pasiones pero también odios. "No creo que lleguemos a ver eso de nuevo", declara Sal Emergui, un periodista español que lleva más de 20 años trabajando en Israel. "El país está dividido en partidarios y enemigos de Bibi", añade.

    La coalición gubernamental se mantiene con vida gracias a que Gantz ha invocado la presunción de inocencia para no romper un frágil acuerdo de unidad que aspira a conseguir la cuadratura del círculo, uniendo 'palomas' con 'halcones' mediante un pacto de rotación que pocos creen que sea viable y que aguante mucho espacio de tiempo. Gantz había prometido que no pactaría con Netanyahu, pero cambió de opinión. Finalmente, aceptó ser el presidente de la Knéset hasta septiembre de 2021 y sustituir entonces a Netanyahu, quien pasaría a ser ministro. Pero dadas las actuales circunstancias judiciales eso sería imposible ahora, así que Bibi quiere que su aliado le ayude a blindar su futuro inmediato como ministro, algo realmente incómodo para Gantz pues hizo su carrera política precisamente como cruzado anti-corrupción y ahora es considerado un traidor dentro de su propio partido escindido. "No son estos días normales y piden decisiones especiales", dijo Gantz para defenderse a sí mismo. 

    Como apunta el diario Haaretz, con la apertura del juicio, que se prolongará no sólo meses, sino incluso años, "Israel ha entrado en una zona de penumbra democrática. El país está atrapado en una situación sin precedentes. No sólo es que el primer ministro es un acusado que gestiona el país y su juicio simultáneamente sino que además Netanyahu, en su papel de acusado, encabeza un salvaje y desbocado asalto público contra el sistema del orden público y de la justicia de la que él es responsable. ¿Cómo puede funcionar el país en esta situación?" Esa campaña contra el sistema judicial es peligrosa y temeraria, pero le da réditos electorales.
    Para mantener a sus bases y especialmente para contentar a sus simpatizantes más conservadores, incluidos muchos de los 400.000 colonos judíos asentados en Cisjordania, Netanyahu sigue manifestando abiertamente su intención de declarar —este verano, quizás en julio— la soberanía sobre los "asentamientos de Judea y Samaria", es decir, Cisjordania, lo que violaría flagrantemente los Acuerdos de Paz de Oslo y las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.

    Para Naciones Unidas, esos asentamientos, urbanizaciones fuertemente protegidas, carecen de legitimidad alguna. El Consejo de Seguridad lo reiteró por última vez en 2016 en una resolución unánime, a excepción de la abstención de Estados Unidos todavía bajo la Presidencia del demócrata Barack Obama. Esa declaración unilateral de soberanía, esa anexión parcial "podría desatar muchas consecuencias: sanciones de la Unión Europea, duras medidas de Jordania, atentados terroristas…", sostiene Emergui, quien cree que, al final, no llegará la sangre al río. Ya veremos.    

    Bibi lleva 11 años en el poder. Es un superviviente nato. Un dinosaurio con mucha vitalidad. Tiene un pico de oro, una verborrea que le ha mantenido activo y en forma durante tres décadas. Al comparecer ante el tribunal, inmortalizado por los fogonazos de las cámaras, no tuvo vergüenza alguna en compararse nada menos que con Sansón, aquel célebre personaje bíblico acosado por los filisteos que perdió su legendaria fuerza después de que Dalila le cortara sus cabellos. Al final, Sansón invocó a Dios y destruyó el templo de sus enemigos, muriendo con ellos en el empeño. ¿Terminará así Netanyahu? 

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    corrupción, juicio, Palestina, Cisjordania, anexión, gobierno, elecciones, Benny Gantz, Benjamín Netanyahu, Israel
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