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    La situación geopolítica en el Norte de África y el Sahel puede dar un vuelco si la nueva Constitución argelina permite al Ejército participar en operaciones fuera de sus fronteras. París y Washington ya se frotan las manos.

    El artículo 95 de la nueva Carta Magna en estudio abriría la posibilidad al "Ejercito Nacional Popular" de participar en "los esfuerzos por el mantenimiento de la paz a nivel regional e internacional".

    Ninguna de las cinco precedentes constituciones argelinas desde su independencia de Francia (1962) ofrecían esa posibilidad. Menos aún, si, como figura en el proyecto constitucional, la decisión de esa eventual participación militar en el exterior debe ser aprobada por los dos tercios del Parlamento y no dependería de la decisión unilateral del presidente que, también desde la fecha de la independencia, es también el comandante jefe de las Fuerzas Armadas.

    Protestas en Argelia
    © REUTERS / Ramzi Boudina
    Según el texto, Argelia actuaría siempre respondiendo al mandato de la ONU, la Liga Árabe o la Unión Africana. Las interpretaciones de la medida sobrepasan, sin embargo, el marco teórico plasmado sobre el papel. Hay que recordar, en todo caso, que Argelia participó en dos de las guerras árabe-israelíes, o en Libia contra las incursiones de Estados Unidos. Ya en misiones de paz, también envió fuerzas a Camboya, Etiopía-Eritrea, Haití o Líbano.

    Algunas voces opositoras interpretan la nueva iniciativa más como "un acto de servidumbre a potencias imperialistas", que como una "evolución del concepto de seguridad nacional".

    Especialistas en asuntos militares como Akram Jarief, que informa desde el blog "Menadefensa", opina que es una decisión totalmente inoportuna y se pregunta por la urgencia de la medida, "en pleno periodo de transición". Otros, añaden a esta circunstancia el hecho de que el COVID-19 haya dejado las calles libres de las protestas que piden un cambio de régimen desde el 22 de febrero de 2019, la llamada Hírak (Movimiento, en árabe).

    Abdelkader Abderraman, que enseña en la escuela de Sciences-Politiques ("Sciences-Po") de la capital francesa, manifiesta que, con el cambio constitucional, Argel se asegura el apoyo de Francia y Estados Unidos". El profesor argelino asegura que París necesita el apoyo de Argel para combatir a los yihadistas en Mali.

    Colaboración en Francia contra el yihadismo

    Por supuesto, si Argelia enviara sus tropas a Mali no sería nunca como respuesta a una petición francesa, sino que ella debería venir del Gobierno de Bamako, para así salvar las apariencias. En el caso de Libia, si se siguiera la nueva normativa, Argel debería aceptar una solicitud del llamado Gobierno de Unidad Nacional (GUN), dirigido por Fayez Sarraj, pues es el que reconoce la ONU y la comunidad internacional, frente a la parte contraria, dirigida por el mariscal Jalifa Haftar.

    Refinería de petróleo en Libia (archivo)
    © Sputnik / Andrey Stenin
    Las fronteras de Argelia con Mali y Libia son un motivo de preocupación máxima para Argel. Baste recordar la incursión yihadista que en enero de 2013 provocó la muerte a 67 personas en el complejo gasístico de In Amenas. Al terrorismo se añade la preocupación por el tráfico de personas, armas y drogas.

    La satisfacción de Francia con una "ayuda" militar argelina en Mali llevaría a París a mantenerse todavía más distante con las protestas que han llenado las calles argelinas desde hace más de un año. Dentro del proyecto de nueva Constitución, impulsado por el presidente Abdelmayid Tebún, aparece también un artículo importante que parece dedicado a Francia. Se trata de la posibilidad, por primera vez desde la Independencia, de permitir ocupar cargos en la alta administración argelina a ciudadanos con doble nacionalidad.

    Hasta hoy, el articulo 63 de la Carta Magna, aprobada bajo la presidencia de Abdelaziz Buteflika, impide a los argelinos de la diáspora (4 millones de argelinos en Francia y dos con doble pasaporte) acceder a "altas funciones del Estado", como los puestos de presidente, Primer ministro, Gobernador de la Banca Central y así otros 13 cargos relevantes. Otra novedad que puede favorecer los intereses de París es la desaparición de la obligatoriedad de asociarse con un ciudadano argelino para invertir en el país.

    El Gobierno de Emmanuel Macron ha dado también recientemente un pequeño pero delicado paso hacia Argel, dotando con 400.000 euros una ayuda para los escolares saharauis que viven en los campos de refugiados de Tinduf, en el suroeste de Argelia. Francia, que mantiene también relaciones privilegiadas con Marruecos, toca así un elemento ultrasensible del conflicto que enfrenta a los dos países del Magreb por el estatus de la antigua colonia española.

    Negocio armamentístico de EEUU

    Estados Unidos, por su parte, no ha perdido la oportunidad de mostrarse solidario con Argelia y envió dos millones de dólares en ayuda para combatir el coronavirus. En esa disputa por la diplomacia sanitaria, Washington no quiere dejar espacio libre a Rusia y China, a quienes también se ha unido en el grupo de principales proveedores de armas a Argelia, principal comprador de armamento de África, con un 6% de su Producto Nacional Bruto invertido en ese apartado en 2019, según el Instituto Internacional de Investigación sobre la Paz (Sipri), con base en Estocolmo, Suecia.

    Estados Unidos y Argelia multiplicaron sus intercambios comerciales en el último periodo de Gobierno Buteflika. Después del ataque yihadista en In Amenas , el "Ejército Nacional Popular" acudió a la empresa norteamericanan Lokheed Martin para procurarse un sofisticado sistema de vigilancia de fronteras mediante radares y cámaras de alta definición.

    También especialista en radares militares, Northrop Gunnman, Harris se lanzó al mercado argelino en competencia con la rusa Rosoboronexport. Rytheon, por su parte, acordó la venta de tres aviones de vigilancia Gulfstream por cerca de mil millones de dólares. Son solo algunos ejemplos citados por la publicación "Mondafrique".

    Si Argelia pone fin a su doctrina no intervencionista, el impacto diplomático en el norte de África y el Sahel puede ser considerable. La nueva dirigencia argelina parece así dispuesta a recuperar el peso internacional que perdió en la era Buteflika.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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